miércoles, 12 de noviembre de 2008

[VII]

Ya todo estaba en orden. Cada sueño
en su exacto lugar. Cada quimera
en su blanco tibor de porcelana.
Puestos en fila india los minutos,
con sus número al hombro los instantes,
limpias de niebla las escalinatas.
Y tu ojera en la tarde. Y las canciones
durmiendo su espiral en los gramófonos.
E inventariadas las melancolías.
Y en un remoto embalse las nostalgias.
Y cuando reposaba en equilibrio
a la sombra mental de mis basaltos,
un recuerdo moviéndose en voz baja
objetivó mis líquidas ausencias
en un precipitado de cristales.

24 de junio de 1942.

Pedro García Cabrera. Hombros de ausencia 1942-1944 (1987).

2 comentarios:

Mario dijo...

Nunca conseguiría ordenar un sueño, ni ponerlo en el sitio exacto.
Piensa el poeta en sosiego.

Castedo Merinero dijo...

La tranquilidad derrotada por la realidad en movimiento.
Saludos.