lunes, 3 de noviembre de 2008

El pez de mi hija

Una pecera de 50 cms. de perímetro
y 15 cms. de diámetro
(aproximadaemnte medio litro de agua turbia),
a eso se reduce el universo
de Alfonso (el pez de mi hija).
Le echamos comida una vez al día.
Él abre la boca como lo hacen los peces,
como un mimo aprendiendo a hacer burbujas.
Lo miro con lástima,
con falsa misericordia
y le comento a Gaby: "qué pecesito tan lindo".
De noche, cuando todos duermen,
me levanto y voy a la cocina.
Alfonso permanece insomne,
me mira con firmeza
(no sólo porque le falten los párpados).
Me interroga con sus ojos inmensos
tan cóncavos como la pecera que los contiene.
Me consuela, se aflige de mí
y sigue dando vueltas distraído
sobre sí mismo.
Tal como yo.

Arturo Gutiérrez Plaza. Principio de contabilidad.

2 comentarios:

Mario dijo...

Que extraño poema éste de Arturo Gutiérrez. Podría definirse como un conjunto de poema-historia-cuento. Por otra parte, no deja de ser bello...

Abrazos, desde mi pecera.

Castedo Merinero dijo...

Es realmente bonito en su sencillez de microcuento, mejor dicho de microfábula.
Un abrazo.