martes, 4 de noviembre de 2008

Rosario

Yo la quería mucho, pero entonces
amar y destruir sonaban parecido,
como en los más confusos poemas de Aleixandre.
Nos casamos con otros. Tal vez así perdimos
lo mejor de la vida. Quién sabe. Hubo una noche
en que ambos acordamos que pudo ser distinto
el rumbo de esta historia de culpa y cobardía.
Se quitó el pasador de su cabello oscuro
y me lo dio al marchar, y nunca volví a verla.
Murió. No lo he sabido hasta esta tarde misma,
varios años después, en su pequeño pueblo
y frente a la serena desolación del mar.
Ahora intento evocarla, pero se desvanece:
No he encontrado siquiera su pasador de rafia.

Jon Juaristi. Tiempo desapacible (1996).

2 comentarios:

Mario dijo...

Qué triste historia.
No podré olvidar el pasador del pelo.
Qué breve y bueno.

Castedo Merinero dijo...

Tristísimo poema con un final demoledor.
Estoy contigo: muy bello.