miércoles, 7 de marzo de 2012

Instante

"Es precisamente como fragmento
                  como puedo llegar a ti"
                     KJELL ESPMARK

La casa detenida sobre el punto
en que la tarde se hace testigo de sí misma,
delata sus fragmentos,

como pared que pierde su color
o ladrillo que admite su desgaste.

Despojos necesarios, quizá desde la duda
que cimienta los rostros
para, acaso, el encuentro.

José Ángel García Caballero. Llaves olvidadas (2010).

jueves, 6 de octubre de 2011

[le sorprende al viajero]

le soprende al viajero
en medio del camino
la no-esperanza
trampa izquierda de los zapatos

solo y nada
nadie
rodea la hoguera

busca entre las piedritas
del bolsillo la luz
que mantiene la rabia del mundo
no haya el viajero
ríncón
para el descanso de la memoria

Jesús Ge. Pero no el camino (2011).

lunes, 22 de agosto de 2011

Paisaje visto desde el saxo de John Coltrane

Los monjes del alcohol pasan el día en las calles y al anochecer regresan a sus monasterios de cartones rasgados.
Ya no buscan el retiro para ser anacoretas; toda la urbe es lugar solitario, porque los paseantes y conductores de automóviles circulan a una velocidad de viento repentino.
Los monjes se saludan levantando su muerte embotellada.
Se acercan algunos fieles que les sirven cucharadas del cuerpo de un dios diluido en humeante sopa industrial.


Francisco Javier Irazoki. Los hombres herméticos (2006).

viernes, 22 de julio de 2011

[No me culpes]

No me culpes:
vi luz en tu alma y entré...
Es cierto,
no toqué timbre,
no golpeé.
Supuse que esperabas mi llegada.
Lo siento.
Si prejuzgué,
fue sin mala intención,
debes creerlo.

Como sea, estoy aquí:

                    prepárate.

Raquel Garzón.

miércoles, 20 de julio de 2011

Telegrama a tu ancianidad

Si por temor o por incertidumbre
esta noche no empujas esta puerta
tras la que está desnuda ya y despierta
la prohibida mujer llena de lumbre

te juro que después cuando seas viejo
y un día mires tu cara y tu memoria
brotarán hacia ti desde esta historia
culebras que te espanten el espejo

Félix Grande. Las rubáiyátas de Horacio Martín (1978).

martes, 19 de julio de 2011

[En voz baja decir, amor, tu nombre]

VII

En voz baja decir, amor, tu nombre,
junto a ti, a tus oídos, a tu boca.
Y ser ese animal
feliz que junta sus mitades.
En voz baja o sin ella, muda
la boca revertida a su unidad:
silencio inaugural que a verbo y carne
otorga nueva vida.
Los ojos, ciegos, de regreso al todo:
luz revelando mundos
como fueron o son, como serán.
Vueltos a ser alegría del otro,
uno consigo mismo en compañía.
Una vida otra: la tuya; tan amada.
Volver a ser origen sin tristeza
o dolor, sin miedo, sin nostalgia, o con ellos:
tú y yo, nuestros recuerdos y cenizas.

Pablo Armando Fernández. Suite para Maruja (1978).

viernes, 15 de julio de 2011

[Tiene la tarde un gesto de caballo]

Tiene la tarde un gesto de caballo
sorprendido en carrera. La estación
se descalza y ofrece
tulipanes abiertos
rojas resurrecciones efímeras.

Debe ser esto el tiempo:
el azar o la huida.

Ada Salas. Arte y memoria del inocente (1987).

lunes, 11 de julio de 2011

Nunca terminaré de amarte

Y de lo que me alegro,
es de que esta labor tan empezada,
este trajín humano de quererte,
no lo voy a acabar en esta vida;
nunca terminaré de amarte.
Guardo para el final las dos puntadas,
te-quiero, he de coser cuando me muera,
e iré donde me lleven tan tranquila,
me sentaré a la sombra con tus manos,
y seguiré bordándote lo mismo.
El asombro de Dios seré, su orgullo,
de verme tan constante en mi trabajo.

Gloria Fuertes.

martes, 28 de junio de 2011

[Oh, náyade, nereida, ninfa, sirena, tía]

Oh, náyade, nereida, ninfa, sirena, tía
buena reproducida
todo color tamaño
casi natural muslos
apetitosos anunciando
un producto, pongamos,
anticongelante, verbi gratia
gratia plena de ganas de comerte
poseerte en pleno escaparate

lo malo es que sabemos que nuestro atrevimiento
lo pagaría el seguro
y mucho peor saber que nuestro muerdo
no iba a encontrar una manzana viva
sino más bien sabor de cartonpiedra
y una falsa apariencia de relieve carnal
en la litografía
y acabamos comprando cualquier cosa
en desagravio, buenas tardes,
por nuestros malos pensamientos.

Aníbal Núñez. Fábulas domésticas (1972).

sábado, 18 de junio de 2011

[Una a una desmonté las piezas de tu alma]

Una a una desmonté las piezas de tu alma.
Vi cómo era por dentro:
sus suaves coyunturas,
la resistencia esbelta de tus trazos.
Te aprendí palmo a palmo.
Pero perdí el secreto
de componerte.
Sé de tu alma menos que tú misma,
y el juguete difícil
es ya insoluble enigma.

Gerardo Diego. Soria (1948).

jueves, 16 de junio de 2011

A las ruinas de Nueva York

Estos, Fabio, ¡ay dolor!, etc.

Esta, niños, ciudad que veis ahora
a los vientos errantes ofrecida,
con blanca furia y llama dirigida
de otros tiempos cruel gobernadora,

rindió por fin su lanza retador
y hoy yace en rota piedra convenida,
Nueva York, en el siglo conocida
por puta mucho más que por señora:

Aquí Broadway lució su rica empresa,
la Bolsa dilató su griterío
y la virtud murió golpeada y presa.

Este desierto páramo sombrío
a guardar no alcanzó reliquia ilesa,
sino la sangre, enorme como un río.

Nicolás Guillén. La rueda dentada (1972).

lunes, 13 de junio de 2011

He ahí

No te imagino heroica
Tampoco en vano

Déjame al ir
Velarte
Sin dar tu nombre

Virtud de no estar nunca
Lo suficiente

En cualquier parte

José Miguel Ullán. Razón de nadie (1994).

lunes, 6 de junio de 2011

[Cuando me paro a contemplar mi estado]

Cuando me paro a contemplar mi estado,
y a ver los pasos por donde he venido,
me espanto de que un hombre tan perdido
a conocer su error haya llegado.

Cuando miro los años que he pasado,
la divina razón puesta en olvido,
conozco que piedad del cielo ha sido
no haberme en tanto mal precipitado.

Entré por laberinto más extraño,
fiando al leve hilo de mi vida
el tarde conocido desengaño;

más de tu luz mi escuridad vencida,
el monstruo muerto de mi ciego engaño,
vuelve a la patria, la razón perdida.

Lope de Vega. Rimas sacras (1614).

viernes, 27 de mayo de 2011

Guitarra

Esa cadera y codo en catarata.
Esa pelvis de aire y de madera,
su luna de brocal o de pulsera.
Su femenina indefensión de cata.

Un caracol de dedos le dilata
su jungla lineal de cabellera.
Y el bordón es un pájaro que espera
unos tallos de viento y hojalata.

Rasgada entre los bucles del fandango,
subiendo un chamariz de seguiriya
o muerta de abandono por el tango.

Sajada en espirales de boleros,
nudo rizado, música en anilla
pulsos entusiasmados de jilgueros.

Rafael Duarte. Los viejos mitos del asombro (1982).

jueves, 26 de mayo de 2011

[Una tapia te impide seguir]

Una tapia te impide seguir.
                                         Vas y la saltas.
Le has trepado la cal.
Separas unas tejas.
Ya estás al otro lado de la tierra:
esto es la estepa del amanecer.
Te sabes solo y gozas tu abandono.
Quieres morir aquí también, por qué.
Quieres morir. Pero ahora sin palabras.
Tocar las piedras y morir.
Llevarte en la mirada este despojo.
Hojas de cardo ni siquiera, no.
Caliza de los cerros ni siquiera,
ni estos abetos de este valle, no.
Patria recuperada, sola tierra
callada,
tiéndete aquí a morir,
ya regresado al universo.

Arcadio Pardo. Vienes aquí a morir (1980).

miércoles, 25 de mayo de 2011

La caricia

La tarde taciturna se borraba
En medio de una calma dulce y quieta,
Y entre la sombra azul de la glorieta
El palor de la luna se filtraba.

Tu mano, toda nervios, deshojaba
Las flores de un rosal con una inquieta
Impaciencia, que a veces a la secreta
Impulsión de un deseo apresuraba.

Y al cortar una rosa blanca y suave,
Que era como una palpitante ave
Que el azar en tu mano hubiera preso,

Con paso cauteloso te acercaste,
Por los ojos de la rosa me pasaste
Y yo sentí la sensación de un beso.

Juana de Ibarbourou. Las lenguas de diamante (1919, 1923 y 1927).

martes, 24 de mayo de 2011

[Te siento único tronco, madre mía]

Te siento único tronco, madre mía,
unido a ti en la sed que nos separa,
capaz de engrandecer, de hacer más clara
tu vida en mi incompleta melodía.

Recuerdo vivo siempre es la alegría
serena que mi nieve, entraña clara,
cubriendo tu morada me depara
si logra recrearte como ansía.

Diste a mi ser, confianza permanente,
todo el secreto fértil de tu vida,
cantando en ti la tierra plenamente.

¡Oh causa de mi sangre preferida!
Te encuentro en mi canción eternamente,
sintiéndote raíz enriquecida.

Enrique Azcoaga. El canto cotidiano (1943).

lunes, 23 de mayo de 2011

Niña

                                    A Laura Elena

Nombras el árbol, niña.
Y el árbol crece, lento,
alto descubrimiento,
hasta volvernos verde la mirada.

Nombras el cielo, niña.
Y las nubes pelean con el viento
y el espacio se vuelve
un transparente campo de batalla.

Nombras el agua, niña.
Y el agua brota, no sé dónde,
brilla en las hojas, habla entre las piedras
y en húmedos vapores nos convierte.

No dices nada, niña.
Y la ola amarilla,
la marea de sol,
en su cresta nos alza,
en los cuatro horizontes nos dispersa
y nos devuelve, intactos,
en el centro del día, a ser nosotros.

Octavio Paz. Bajo tu clara sombra (1935-1944).