sábado, 11 de diciembre de 2010

Te vi

Te vi,
se rompieron nuestras soledades,
se alborotó el instinto,
se llenaron de luz las lámparas fundidas.
Se murieron del susto, nuestros primeros padres,

y tu pena y mi pena,
se suicidaron juntas
la tarde
de nuestro encuentro.

Gloria Fuertes. Cómo atar los bigotes del tigre (1969).

domingo, 28 de noviembre de 2010

Lección del páramo

Veo cruzar el pájaro pausado
por el aire, que apenas dividido
se suelda sin estela de sonido
en su cristal ardiente y deslumbrado,

y un arroyo, que mudo e ignorado
en el valle perdido
minimiza el caudal de su latido
y lo conduce al arenal quemado.

Ave y arroyo son mi compañía,
y su vuelo y fluir faltos de historia,
nunca pensado ni jamás oído,

escriben que es bastante melodía
el cofre sin abrir de la memoria
y el laberinto ciego del sentido.

Guillermo Carnero. Divisibilidad indefinida (1990).

martes, 23 de noviembre de 2010

Presentación de La brújula ciega de Juan Ramón Barat

Se anunciaba la presencia de un poeta acompañado de un editor, una presentadora literaria y un pianista. El recital prometía.

Juan Ramón Barat (Borbotó, Valencia, 1959) acudió a la Librería Primado para presentar La brújula ciega (2010) su octavo poemario para adultos publicado, tiene varios para niños además de algún otro premiado que no ha salido a la luz, y los compañeros del taller Polimnia 222 acudimos en nuestro día de clase.

Una breve introducción del editor, se elevó con la voz de Pilar Verdú, poeta también, que indagó en esta última obra relacionándola meticulosamente con las anteriores hasta la misma sorpresa del autor. Pocas veces se es tan certera en palabras y en emoción.

Luego llegó lo mejor. A dos voces, entre velas, Juan Ramón y su mujer, fueron sucediéndose casi todos los poemas de La brújula ciega, puntuados por un piano que se convirtió en casi imprescindible sin llamar la atención. Una puesta en escena prometedora que cuajó gracias a los emotivos poemas con que pudimos disfrutar.

Divagación barroca

¿De qué extraña materia combustible
están hechos los sueños?
¿De qué substancia oscura o transparente?`
¿En qué fábrica astral,
con qué elementos químicos,
qué incógnito artesano confecciona
su música callada?
Aquellos que jamás alcanzarán
a cruzar el umbral de la utopía,
aquellos travestidos de metáfora
o anclados en el mar de la quimera.
Los sueños que no existen.
Los que pueblan la noche
igual que escarabajos azulados.
Los que tejen la red arácnida del mito,
la fantasmagoría
de la alucinación y la locura.
Aquellos que levantan,
sombra a sombra,
el edificio de la realidad.
Y los hombres que sueñan esos sueños,
¿de qué insólito fango,
de qué greda afligida y desahuciada?

jueves, 11 de noviembre de 2010

Los amantes

Como estatuas de lluvia con los nervios azules
Secretos en sus leyes de llaves que abren túneles
Sucios de fuego y de cansancio reyes
Han guardado sus gritos ya no más

Cada uno en el otro engacelados
De noches tiernas en atroz gimnasio
Viven actos de baile horizontal
No caminan de noche ya no más

Se rigen de deseo y no se hablan
Y no se escriben cartas nada dicen
Juntos se alejan y huyen juntos juntos
Ojos y pies dos cuerpos negros llagan
Fosforescentes olas animales
Se ponen a dormir y ya no más

Carlos Edmundo de Ory. (1970).

Afortunadamente no hizo caso de su aerolito/aforismo "Si te gusta ser llamado poeta desde joven, cuida de vivir poco. Toda una larga vida con un pequeño mote es ridículo" y ha estado con nosotros hasta hoy en que ha fallecido con 87 años.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Encuentro con Rafael Espejo

El poeta Rafael Espejo (Palma del Río, Córdoba, 1975) nos recitó ayer algunos de sus poemas en el Taller de poesía Polimnia 222.

Con la excusa de presentarnos Nos han dejado solos (Pre-textos, 2009), su tercer poemario, X Premio de Poesía Emilio Prados, Rafael Espejo fue deshojando su lírica desde sus primeros poemas publicados en 1996, algo imperfectos en sus palabras, hasta esta última obra bajo la atenta mirada de todos nosotros y de los poetas Andrés Navarro, que llevó a cabo la presentación, y de Antonio Cabrera.

Su voz afectada por un resfriado no impidió que paladeáramos muchos de estos poemas editados después de ocho años de silencio. De los primeros sonetos de El círculo vicioso (Universidad de Granada, 1996) al amor carnal de El vino de los amantes (Hiperión, 2001) pasando por la fábula de terraza con jardín que reproduzco abajo, Rafael, nos regaló una especie de autobiografía poética centrada en el tema fundamental de su discurso, el amor, pero sin olvidar el análisis del yo, presente en sus tres libros -autorretrato, en el último-, ni dejar de lado sus versos más alucinados.

La ocasión fue espléndida para aprehender mejor la obra de este joven poeta con la ayuda sus comentarios previos a cada lectura, generalmente ingeniosos, que han conseguido matizar muchos interrogantes de su emotiva y aparentemente sencilla, por depurada y madura, poesía.

fábula de terraza con jardín

Después de decidir qué parte era su espalda
lo situé de espaldas a la calle,
mirando hacia la menta y el aloe.

Mi perra se acercó a reconocerlo.
Lo olfateaba y me miraba a mí
(como un niño, imagino,
que no comprende el mar y se vuelve a la arena
porque no tiene prisa).

Noté entonces, mientras la acariciaba
con acentillo lobo,
un dolor pequeñísimo y punzante
que me insistía.

En él me concentré.

Todo el rigor del mundo palpitando en mis manos:

unas espinas, cuando están clavadas,
son tanta realidad.

Yo en mi dolor a solas,
comprendiendo...

El niño desde dentro de mi perra,
me interrumpió:

"¿Le dolerá también crecer al cactus?".

"No, Mara, no es la mano
lo que me tiene ahora".
Era otra mano,
la mano que sentí como la mía.

domingo, 7 de noviembre de 2010

En mi ciudad algún día

Yo viviré algún día
el rojo vino; el aire
de tu recuperada
libertad y saldré
por tus calles cantando
cantando hasta quedarme
sin voz -porque serás
de nuevo y para siempre-
albergue de extranjeros
hospital de los pobres
patria de los valientes
tú, Laye, mi ciudad.

José Agustín Goytisolo. Claridad (1961-1998).

sábado, 30 de octubre de 2010

[Arder en viva llama, helarme luego]

Arder en viva llama, helarme luego,
mezclar fúnebre queja y dulce canto,
equivocar la risa con el llanto,
no saber distinguir nieve ni fuego.

Confianza y temor, ansia y sosiego,
aliento del espíritu y quebranto,
efecto natural, fuerza de encanto,
ver que estoy viendo y contemplarme ciego;

la razón libre, preso el albedrío,
querer y no querer a cualquier hora,
poquísimo valor y mucho brío;

contrariedad que el alma sabe e ignora,
es, Marisa soberana, el amor mío.
¿Preguntáis quién lo causa? Vos, Señora.

Eugenio Gerardo Lobo.

jueves, 28 de octubre de 2010

Si me quieres, quiéreme entera

Si me quieres, quiéreme entera,
no por zonas de luz o sombra...
Si me quieres, quiéreme negra
y blanca. Y gris, verde, y rubia,
y morena...
Quiéreme día,
quiéreme noche...
¡Y madrugada en la ventana abierta!...

Si me quieres, no me recortes:
¡Quiéreme toda... O no me quieras!

Dulce María Loynaz.

martes, 26 de octubre de 2010

Taller de poesía Polimnia 222

Hoy he asistido a la primera clase del Taller de poesía Polimnia 222, bueno, realmente medio asistido porque he llegado casi dos horas tarde y son tres horas todos los martes.

Está organizado por la Universidad Politécnica de Valencia y va por la octava edición. Lo imparte la poeta Elena Escribano y dura hasta el próximo junio. Me enteré el año pasado pero al final no pude ir.

De momento promete por el entusiasmo general que he podido percibir, porque va a centrarse en el lírica del siglo pasado, porque vamos a conocer a poetas, porque me desconectará de otras historias, porque volveré a la infancia haciendo deberes (que me gustarán, espero)... aunque no todo va a ser positivo, hay que leer -o recitar- en clase, menudo marroncillo.

En un par de semanas, Rafael Espejo vendrá a presentarnos su último libro.

domingo, 24 de octubre de 2010

[Anduve por el dorso de tu mano, confiada]

Anduve por el dorso de tu mano, confiada,
como quien anda en las colinas
seguro de que el viento existe,
de que la tierra es firme,
de la repetición eterna de las cosas.
Mas de repente tembló el universo:
llevaste la mano a tus labios
y bostezando abriste la noche
como una gruta cálida.

Llevabas diez mil siglos despertando
y el fuego ardía impaciente en tu boca.

Chantal Maillard. Hainuwele (1990).

jueves, 21 de octubre de 2010

El divino amor

Te ando buscando, amor que nunca llegas,
te ando buscando, amor que te mezquinas,
me aguzo por saber si me adivinas,
me doblo por saber si te me entregas.

Las tempestades mías, andariegas,
se han aquietado sobre un haz de espinas;
sangran mis carnes gotas purpurinas
porque a salvarme, oh niño, te me niegas.

Mira que estoy de pie sobre los leños,
que a veces bastan unos pocos sueños
para encender la llama que me pierde.

Sálvame, amor, y con tus manos puras
trueca este fuego en límpidas dulzuras
y haz de mis leños una rama verde.

Alfonsina Storni. Irremediablemente (1919).

domingo, 17 de octubre de 2010

Anónimo urbano

He perdido las letras de su nombre
entre todos los ojos y los escaparates
que anunciaban las últimas rebajas.
Me ha rozado la espalda en un vagón de metro.
(Afuera lloviznaba).
He pisado su sombra en un semáforo.
(Otoño se vestía en las acacias).
Para llegar al cine,
he bajado tres calles paseando
mientras alguien bailaba pasodobles
y una pareja de titiriteros
interpretaba un aria de Rossini,
(dos nubes se besaban en un charco)
y al escoger butaca,
bastante atrás como acostumbro,
se ha sentado a mi lado oscuramente.

Berta Serra Manzanares. Frente al mar de Citerea (1993).

jueves, 14 de octubre de 2010

Las aguas reiteradas

A veces sorprendía
flotando tu cabeza por mi cuerpo.
Era en agua cercada,
oscura en que dejaba de seguirte,
pero a toda la orilla,
desde el profundo centro estremecido
se impartía una onda
de corazón despierto, sin sosiego.
Estabas sobre el pecho
nocturno de inundadas soledades,
aquí comparecida, sin deseo,
sólo furtivamente abandonada,
como si una tormenta que olvidamos
hubiese desistido y no quedase
de ti más que esa dulce
provocación de párpados y labios.
Luego eras luz y transparencia tenue
y volvían las sombras a tenderse
sobre este mar de piel acantilada.

Carlos Barral. Las aguas reiteradas (1952).

miércoles, 13 de octubre de 2010

Ya no

Ya no será
ya no
no viviremos juntos
no criaré a tu hijo
no coseré tu ropa
no te tendré de noche
no te besaré al irme
nunca sabrás quién fui
por qué me amaron otros.
No llegaré a saber
por qué ni cómo nunca
ni si era de verdad
lo que dijiste que era
ni quién fuiste
ni qué fui para ti
ni cómo hubiera sido
vivir juntos
querernos
esperarnos
estar.
Ya no soy más que yo
para siempre y tú
ya
no serás para mí
más que tú. Ya no estás
en un día futuro
no sabré dónde vives
con quiénni si te acuerdas.
No me abrazarás nunca
como esa noche
nunca.
No volverá a tocarte.
No te veré morir.

Idea Vilariño. Poemas de amor (1957).

martes, 12 de octubre de 2010

Tú, has vuelto

Dame la mano, ángel
sin heridas.
Piedra, dame tu esquivo corazón sin arrugas.
Nube, dame tu rostro de repentina fruta.

Hermanos, sostenedme
la alegría.
Temo que la ceniza me invada de repente.
Voy a caer sin sangre, voy a volar mis sienes.

Pasa una larga rosa
por mis hombros.
Un mar adolescente me riza los cabellos.
Mis pies tocan apenas las cúpulas del viento.
Hermanos, rodeadme
porque temo
que mis ojos se alejen como trompos de niebla
o que sobre mi pecho se derrame la tierra.

Ángel sin duelo, dame
tu sonrisa.
Corroboradme hermanos para que yo no encuentre
sino andando a través de sus ojos la muerte.

Sara de Ibáñez. Canto (1938).

domingo, 10 de octubre de 2010

Nunca

Nunca me cansará mi oficio de hombre.
Hombre he sido y seré mientras exista.
Hombre no más: proyecto entre proyectos,
boca sedienta al cántaro adherida,
pies inseguros sobre el polvo ardiente,
espíritu y materia vulnerables
a todos los oprobios y las dichas...

Nunca me sentiré rey destronado
ni ángel abolido mientras viva,
sino aprendiz de hombre eternamente:
hombre con los que van por las colinas
hacia el jardín que siempre los repudia,
hombre con los que buscan entre escombros
la verdad necesaria y prohibida,
hombre entre los que labran con sus manos
lo que jamás hereda un alma digna,
¡porque de todo cuanto el hombre ha hecho
la sola herencia digna de los hombres
es el derecho de inventar la vida!

Jaime Torres Bodet. Sin tregua (1957).

miércoles, 6 de octubre de 2010

[Oración de un desocupado]

Padre,
desde los cielos bájate, he olvidado
las oraciones que me enseñó la abuela,
pobrecita, ella reposa ahora,
no tiene que lavar, limpiar, no tiene
que preocuparse andando el día por la ropa,
no tiene que velar la noche, pena y pena,
rezar, pedirte cosas, rezongarte dulcemente.

Desde los cielos bájate, si estás, bájate entonces,
que me muero de hambre en esta esquina,
que no sé de qué sirve haber nacido,
que me miro las manos rechazadas,
que no hay trabajo, no hay,
bájate un poco, contempla
esto que soy, este zapato roto,
esta angustia, este estómago vacío,
esta ciudad sin pan para mis dientes, la fiebre
cavándome la carne,
este dormir así,
bajo la lluvia, castigado por el frío, perseguido
te digo que no entiendo, Padre, bájate,
tócame el alma, mírame
el corazón,
yo no robé, no asesiné, fui niño
y en cambio me golpean y golpean,
te digo que no entiendo, Padre, bájate,
si estás, que busco
resignación en mí y no tengo y voy
a agarrarme la rabia y a afilarla
para pegar y voy
a gritar a sangre en cuello
por que no puedo más, tengo riñones
y soy un hombre,
bájate, qué han hecho
de tu criatura, Padre?
un animal furioso
que mastica la piedra en la calle?

Juan Gelman. Violín y otras cuestiones (1956).

martes, 5 de octubre de 2010

[El espejo]

Me instalo frente a ti, miro tus ojos
y vigilo el espacio donde tu voz me busca.
Me estremece el dolor del encuentro imprevisto,
la sed con que te acercas al borde de mi sombra,
el hueco que descubres en la luz de mi espejo.
La soledad me arropa. Sólo en la noche existo.
Y nunca me detengo sobre el mismo minuto
en el que tú te apoyas para seguir llamándome.
Suéñame de otro modo. Sacude el saco triste
del idioma heredado. Cuéntale a las palabras
las historias oscuras que sólo tú conoces;
diles cómo te asusta mi presencia y mi odio,
cuánta muerte te cuesta acariciar mi huida.
A veces, en el centro mismo de tu pregunta,
me reconozco y corro hacia otra oscuridad:
es amargo encontrar al final de un abrazo
mi propio grito erguido y mi propio deseo.
Por eso me divido, me desdoblo y me hundo
en heridas distintas: me da miedo encontrarte.
Tu sonido es el mío. Tu tristeza, tus ropas
saben a mí, y me escuece el recuerdo adherido
al tiempo conciliado, al tiempo único
en que la conjunción habitó en nuestras sangres.

Eloy Sánchez Rosillo. Maneras de estar solo (1978).

domingo, 3 de octubre de 2010

Presento cartas credenciales

(De una reina humana para Artemís)
Soneto-balada

¿Es mi última misión? Ay, muy reacio
estoy en escalar a la tribuna.
Y subo los peldaños muy despacio.
Mañana tengo audiencia con la luna.

Mis credenciales en aquel palacio
dejaré, con, Señora, mi fortuna:
poemas de turquesa y de topacio;
mañana tengo audiencia con la luna.

Me verá, porque somos otra gente.
Poetas, astronautas de la mente.
Del niño y del amante la comuna.

¿Cartas? ¡Suspiros de la raza humana!
No sé si volveré, mi soberana.
Mañana tengo audiencia con la luna.

Aurelio Valls. Retorno a la poesía (1985).

sábado, 28 de agosto de 2010

[Hoy fui todo y uno a la vez]

Hoy fui todo y uno a la vez
en el mayor instante de vida
olvidado por los diarios y los televisores.
Fui aire luz y mar
fui mies y polen sobre la brisa.
Algo más que un corpúsculo
corpóreo e inconstante,
un desliz fui,
impalpable por el verbo.
La espuma en la cresta del silencio,
la tartamudez de la tarde,
una mirada, apenas, una mirada.

Alejandro Fernández-Osorio. La exactitud del instante (2008).

sábado, 31 de julio de 2010

Esta infinita y patética belleza

El comienzo del verano y la noche
yace como un cuerpo herido
que la aurora no consigue desvelar.
Recorro la ciudad
taconeando
en las aceras agrietadas
con mis viejas botas
de Valverde,
tan cansadas como yo
del incesante embate
de cascos rotos y batallas.
Un contenedor
arde solitario en una esquina
ante los ojos embotados
de un borracho
que ya no sabe que lo está.
No hay policía.
Y es extraño.
Dos mecánicos amantes
se palpan las partes
con gestos agotados
que ni siquiera el último
tiro de nieve emponzoñada
es capaz de revivir.
Parpadean los semáforos
tintineando en huérfana advertencia.
Y no hay sencillamente estrellas
que me valgan.

Roger Wolfe. Arde Babilonia (1994).

sábado, 3 de julio de 2010

[Tú eras columna de Babilonia o casi]

Tú eras columna de Babilonia o casi,
capítulo del beso de Babel cuando eras mano labios dedos torres,
historia alta de ti,
el libro de la voz deshojándose con paso de danza,
y la colonia que se despierta y escribe estrofas verdes,
y el viento era escabel para tus pies
en la luna bermeja del salón.
O cuando fuiste dioses, dioses para la adolescencia que se vende,
o antes, sí, antes de esperar casas
del lenguaje arquitecto,
templos para bisoledad y rastro lejano de ti,
mirando el ligero Mediterráneo,
aguardando una iluminación del nervioso mar,
un haz de días,
una camada lírica.

Blanca Andreu. De una chica de provincias que se vino a vivir en un Chagall (1981).

miércoles, 16 de junio de 2010

[Qué alegría, vivir]

Qué alegría, vivir
sintiéndose vivido.
Rendirse
a la gran certidumbre, oscuramente,
de que otro ser, fuera de mí, muy lejos,
me está viviendo.
Que cuando los espejos, los espías,
-azogues, almas cortas-, aseguran
que estoy aquí, yo, inmóvil,
con los ojos cerrados y los labios,
negándome al amor
de la luz, de la flor y de los nombres,
la verdad trasvisible es que camino
sin mis pasos, con otros,
allá lejos, y allí
estoy besando flores, luces, hablo.
Que hay otro ser por el que miro el mundo
porque me está queriendo con sus ojos.
Que hay otra voz con la que digo cosas
no sospechadas por mi gran silencio;
y es que también me quiere con su voz.
La vida —¡qué transporte ya!—, ignorancia
de lo que son mis actos, que ella hace,
en que ella vive, doble, suya y mía.
Y cuando ella me hable
de un cielo oscuro, de un paisaje blanco,
recordaré
estrellas que no vi, que ella miraba,
y nieve que nevaba allá en su cielo.
Con la extraña delicia de acordarse
de haber tocado lo que no toqué
sino con esas manos que no alcanzo
a coger con las mías, tan distantes.
Y todo enajenado podrá el cuerpo
descansar quieto, muerto ya. Morirse
en la alta confianza
de que este vivir mío no era sólo
mi vivir: era el nuestro. Y que me vive
otro ser por detrás de la no muerte.

Pedro Salinas. La voz a ti debida (1933).

martes, 25 de mayo de 2010

[XXIII]

(VENTANA)

La ventana
con vistas al desnudo
donde aún sobrenada un seno solitario,
se prolonga imposible la tristísima
longitud de una media abandonada,
y los gatos erráticos,
lás pálidas botellas,
la lámpara encendida, moribunda señora,
en rigor para quién.

José Ángel Valente. Treinta y siete fragmentos (1972).

viernes, 7 de mayo de 2010

A mano armada

A mano armada,
cuando la noche impone su costumbre de insomnio
y convierte
cada minuto en el aniversario
de todos los sucesos de una vida;

allí,
en la esquina más negra del desamparo, donde
el nunca y el ayer trazan su cruz de sombras,

los recuerdos me asaltan.

Unos empuñan tu mirada,
otros
apoyan en mi espalda,
el alma blanca de un lejano sueño,
y con voz inaudible,
con implacables labios silenciosos,
¡el olvido o la vida!,
me reclaman.

Reconozco los rostros.
No hurto el cuerpo.

Cierro los ojos para ver más hondo
y siento
que me apuñalan fría,
justamente,
con ese hierro viejo:
la memoria.

Ángel González. Breves acotaciones para una biografía (1971).

martes, 4 de mayo de 2010

[Si después de llorar has de vivir]

Si después de llorar has de vivir
y tus lágrimas fueron de morir
y no mueres, por ser flexible acero
la astucia oculta tu amor entero,

y si escondido llamas desleal
a memoria que mata, y no es cabal
tu olvido, y te combaten sin figura
recuerdos que no quieren sepultura,

y si te salen sombras al camino
reclamando lugar en tu destino,
y recelo que de ti se esconde
a angustiada pregunta no responde,

y si sabes de voces sin palabras
que te piden albergue, y que no abras
dice el miedo a espantar la certidumbre
que anida en peñas de insegura cumbre,

no estás vivo ni muerto, sino en trance
de morir y nacer, y no hay avance
posible si no mueres por completo
una vez en tu vida, sin secreto

para nadie que viva en tu interior
con el diáfano rostro de amor,
y si muriendo así no lloran ellos
en silencio, no lágrimas, destellos

que iluminen tu gracia moribunda
y con su luz eviten que se hunda
en rencoroso lago de no ser
tu esperada figura y el quehacer

que te cumple. Y yo te enviaría
mis águilas después de tu agonía.

Rafael Dieste. Rojo farol amante (1936).

viernes, 30 de abril de 2010

Gorrión

No olvida. No se aleja
este granuja astuto
de nuestra vida. Siempre
de prestado, sin rumbo,
como cualquiera, aquí anda,
se lava aquí, tozudo,
entre nuestros zapatos.
¿Qué busca en nuestro oscuro
vivir? ¿Qué amor encuentra
en nuestro pan tan duro?
Ya dio al aire a los muertos
este gorrión que pudo
volar pero aquí sigue,
aquí abajo, seguro,
metiendo en su pechuga
todo el polvo del mundo.

Claudio Rodríguez. Alianza y condena (1965).

jueves, 29 de abril de 2010

Epitafio sin amor

Mientras vivió, permaneció en lo alto. Hoy quedan
retratos pisoteados, libros y panegíricos,
y algo como un horror en la conciencia
colectiva. Su nombre, por fortuna,
ha pasado a la historia para ser
ira, desprecio, escándalo
de las generaciones,
y aún dura en las cloacas de aquel tiempo sombrío.

Pero la maquinaria que creó
no dura. Pieza a pieza, el engranaje
fue sustituido sin piedad.
Un viento popular barrió las vigas
carcomidas, el moho, las distancias,
y en el silencio que quedara en pie
fue posible por fin la primavera.

Carlos Sahagún. Estar contigo (1973).

miércoles, 28 de abril de 2010

A un desahuciado

Poco valoras, menos te entusiasma;
a todo indiferente, más que sabio
pareces sordomudo. Pues hastías,
nadie te quiere ver; tu exigua talla
molesta en salas, playas, urinarios.
Fuera fácil la enmienda, pues conmigo
los ojos te chispean, ríes, gritas,
y a un eremita santo le diviertes
si le hablas de tus vicios. Tan secretos
no son como tú crees, y así ayuntas
murmuración y tedio. Comunica
alegría, no ajada, a sus oídos,
y que todos te envidien la inocencia.
En brevedad ancianará tu cuerpo,
y pues vives por él, aunque precario,
cultiva el vicio, y nunca lo abandones.

Francisco Brines. Aún no (1971). De "Composición de lugar".

Hoy ha sido galardonado con el Premio Reina Sofía de Poesía.

miércoles, 31 de marzo de 2010

Velero de sueños

¡Ay!, si ya no estuvieras,
si no te viera más,
si tocara ahora mismo con mis dedos
el evidente hueco de tu ausencia
y sintiera la sed de tu distancia,
se me llenaría el alma,
como un huerto,
de naranjas amargas y tardías.
¿Pero cómo sería ese sabor?
A fuerza de añorarlo ansiosamente,
me embarco en el velero de mis sueños
huyendo de tu olor y tu contacto.
¡Ay! si ya no estuvieras,
con qué hondura y qué fuerza de marea salobre te querría.

Carmen Martín Gaite.

lunes, 29 de marzo de 2010

Tendidos

Llueve, y amo.
Jadean, en extendida sombra,
dos sombras vivas, hozan la nada,
y en ella se alimentan.
Son jirones de luz,
y a su luz se ven ojos, muslos, cabellos,
mientras la sombra se extingue hacia más sombra,
y el reposo de las sábanas
de las furias del cuerpo
es el agrandamiento de quien ha de morir,
y sin pedir la vida, la vida le desborda
hasta negar la muerte miserable,
la herrumbre de los cuerpos aún vivos
y las sombras ya huecas de los muertos.

Francisco Brines. Aún no (1971).

martes, 23 de marzo de 2010

El niño

Advierto que he olvidado al niño que yo fui,
y acaso ese niño ya haya muerto.

En vano miro unas fotografías,
que amarillean sin provocar recuerdos.
Pantalón corto,
blanca y sin corbata la camisa.
De la mano,
de la que fue mi madre.
En una plaza innominada y fría
junto a una fuente seca, serio el rostro,
encogido, ante ese ojo ciego
del artista del cliché callejero.
Y al lado de unos árboles, sin hojas ni color,
abrigo de botones, largo como el invierno,
y botas de cordones y calcetines gruesos.
Una vez y otra lo intento, me concentro,
y no alcanzo el encuentro.
Lo perdí, me he perdido.
Cortadas mis raíces, borrada la memoria,
soy sólo un hombre engastado al vacío,
sin derecho al mañana,
con el ayer huido.

Pedro Crespo. País de naipes y relojes (1984).

domingo, 21 de marzo de 2010

La alcoba y el tiempo

Se diría que el tiempo
no sale de esta alcoba,
que es más bien el espacio
quien se mueva y transforma.

Cuatro paredes. Unos
zapatos en la alfombra
vacíos. Un espejo.
Una bombilla rota...

Se diría que el tiempo
no pasa cuando gozan
los dioses. Se diría
que es eterna la rosa.

Cuántos niños suplican
nombre y ser en la alcoba,
hijos del viento impuro
y la ceniza honda.

Se diría que el tiempo
no se da ni se toma,
que el tiempo es como el vino
recogido en la copa,
desgraciado en el suelo
y feliz en la boca.

Joaquín Caro Romero. El tiempo en el espejo (1966).

jueves, 11 de marzo de 2010

El tiempo difícil (V)

Cantamos.
Cantamos por las calles -avenidas a medias-
con nuestro amor -¿amor aquello?- sobre
la espalda recién cicatrizada aún.
Y tardes enteras
en las vespertinas sesiones de cines humildes
cogidos de la mano -¿amor aquello?- inútilmente
horas y más horas. Hasta casi las nueve de la
noche.

Y luego el reverendo padre
en el púlpito barroco y torturado
acusándonos a todos -¿amor aquello?-
por unos besos nunca omitidos.

Y a pesar de todo
cantamos hasta abordar tus labios
con mis labios desesperadamente hartos
del silencio no vida tantas horas paradas
ante el escaparate iluminado.

¿Amor aquello?

Sí amor aquello
unido abrazo pleno hasta saciar la sed
del dedo la palabra el llanto
la agonía de los besos furtivos
en un baile aséptico domingo por la tarde
En la ciudad.

José Antonio Labordeta.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Deterioro amoroso

Construimos una casa con erizos, flores de hule y ventanas de papel maché.
Y no queríamos ser mayores, queríamos quedarnos dentro del recinto
que tus dedos y mi cuello delinearon en la degenerada retina del tiempo.

Luego, rompimos todas las referencias, todo lo útil, todo lo que fuera racionalidad,
para dejar paso a un destino premeditadamente bohemio.
Y no queríamos crecer, queríamos vivir entre los enanos y las brujas de Buenos Aires y Madrid.

Pero la ambición hizo que ampliáramos el horizonte: creamos un jardín demasiado barroco,
un patio donde las hadas se hacían criadas gratuitas y bien dispuestas.
Y nos planteamos el envejecer un poquito, no mucho, lo suficiente para ya no retornar a la sencillez nunca más,
creyendo que de tanto exprimir nuestra imaginación
le haríamos abortar una idea perfecta,
aquella que nos faltaba para escupir al cielo.

Entonces vinieron las inundaciones, las ciénagas, el barro pisoteando a nuestros dioses.
Y quisimos volver a empezar,
quisimos destruirlo todo, pero no pudimos porque una obra divina nunca sería igualada
por unos pobres tendones mortales.

Almudena Guzmán.

domingo, 7 de marzo de 2010

No perdona el recuerdo

¿Qué región del olvido vuelve ahora?
Ráfagas de niñez, aire punzante
de un rincón o de un mueble o de un instante,
muertos, traen su evidencia ahogadora.

¿Qué me quieres, oh luz de aquella hora?
¿No te sufrí y gocé y soñé bastante?
¿Por qué me asaltas, dura, interrogante?
¿Es que voy a morir? Al fin, reaflora

todo lo que fingí, como al descuido
perder en un asiento el tranvía.
Tal vez, en mi ansia, a medias lo he vivido

y algo añora, y se queja, y desvaría.
No me libertaré con el olvido
de mi eterno infeliz de cada día.

José María Valverde. Versos del domingo (1954).

miércoles, 3 de marzo de 2010

Poema

Uno se va gastando, cada día, en la vida.
Todo lo deseó, a todo se fue acercando.
Vino desde el misterio sin saber qué traía,
y todo, aunque lo amó, lo ha ido abandonando.

Larga carrera ardiente, espeso vivir de fiebres.
Nadie perdona nunca el quedarse en la sombra.
Y una tiene que ir, como van las corrientes
por la tierra feraz, volviéndola más honda.

Se vive con lealtad, cada sangre recibe
un aluvión de impulsos, un grito de aventura.
Aquellos que se van, al amarnos exigen
que sea inextinguible la luz que irradia una.

¡Oh, pero el que vive por tantos que no viven
no puede persistir en un amor cerrado!
Está la inagotable pradera irresistible
del mundo del ensueño, eterno y renovado!

Carmen Conde. En un mundo de fugitivos (1960).

sábado, 27 de febrero de 2010

Contratiempo

Dicen que pasan los días y cambian las cosas,
pero eso -que es así- no es como era
y más que ver crecer ves lo crecido.
Los minutos, si es que fluyen,
lo hacen más bien desde fuera,
dejando en la tierra, paradas,
instantáneas de su vuelo.
Vivir no es ir viviendo, sino ser vivido,
estar desvelado y sabiendo
que el tiempo siempre es tiempo transcurrido.

Leopoldo Alas. Los palcos (1988).

viernes, 26 de febrero de 2010

El aire libre

Diariamente me levanto y miro
mi juventud en el espejo; palpo
mis ropas; pongo oído atento
a la circulación de la poesía
por las venas.
Ese soy yo. Los libros
abren sus mundos. Por la calle
pasa la vida. En el balcón de enfrente
un albañil ajusta una baldosa.
Abre un comercio; frena un automóvil;
se oye un pregón, y un río
lleno de barcos me atraviesa el pecho
y se remansa en mi garganta.
Vivo estoy, por supuesto. ¿Cuánto tiempo
correrá este caballo por la orilla?
¿Cuándo se quebrará este cántaro
que tanto va a la fuente?
Las preguntas aumentan con los meses.
Hay que irse acostumbrando -dicen-
a separarse de las cosas. Pero ahora
es uno libre, y libres son los pájaros,
libres las arboledas y los libros;
por las verjas abiertas
circula libremente la alegría.
La juventud está por encima del tiempo.
Diariamente me levanto y abro
de par en par ventanas y balcones.
Recuerdo coplas; entra en mí de pronto
la asombra alegría de estar vivo.
- Respira a pecho abierto mientras puedas.
Los periódicos dicen que en España
el aire sigue en libertad.

Aquilino Duque. El campo de la verdad (1958).

viernes, 19 de febrero de 2010

Oración

Habítame, penétrame.
Sea tu sangre una con mi sangre.
Tu boca entre mi boca.
Tu corazón agrande el mío hasta estallar.
Desgárrame.
Caigas entera en mis entrañas.
Anden tus manos en mis manos.
Tus pies caminen en mis pies, tus pies.
Árdeme, árdeme.
Cólmeme tu dulzura.
Báñeme tu saliva el paladar.
Estés en mí como está la madera en el palito.
Que ya no puedo así, con esta sed,
quemándome.

Con esta sed quemándome.

La soledad, sus cuervos, sus perros, sus pedazos.

Juan Gelman. Violín y otras cuestiones (1956).

miércoles, 17 de febrero de 2010

No, amor, no

El amor estaba inmóvil.
La madrugada anunciaba miles de flautas blancas
y en el cielo, la luna
era una friísima campana.
Un miedo de amor nos envolvía
en los mares sin límites del alma.
No, amor, no.
Había largos gritos con ramajes.
La madrugada temblando, en las terrazas
se peinaba blanquísima y cansada.
No, amor, no.
Cerramos los ojos. Una cortina moviéndose
dijo algo que no comprendimos.
Los pájaros huían en grandes bandadas.
En el cielo no había más que estrellas
y unos pequeños copos de violetas que flotaban.
No, amor, no.
La luna ya no era una campana.
La madrugada, lejísimos,
no sé qué nos decía con un pañuelo blanco.
¡Amor, amor!
No. No.

Amparo Gastón.

lunes, 15 de febrero de 2010

[Existían tus manos]

Existían tus manos.
Un día el mundo se quedó en silencio;
los árboles, arriba, eran hondos y majestuosos,
y nosotros sentíamos bajo nuestra piel
el movimiento de la tierra.
Tus manos fueron suaves en las mías
y sentí al tiempo la gravedad y la luz
y que vivías en mi corazón.
Todo era verdad bajo los árboles,
todo era verdad. Yo comprendía
todas las cosas como se comprende
un fruto con la boca, una luz con los ojos.

Antonio Gamoneda. Sublevación inmóvil (1960).

viernes, 12 de febrero de 2010

En mitad de un verso

Murió en mitad de un verso,
cantándole, floreciéndole,
y quedó el verso abierto, disponible
para la eternidad,
mecido por la brisa,
la brisa que jamás concluye,
verso sin terminar, poeta eterno.

Quién se muriera así
al aire de una sílaba.

Y al conocer esa muerte de poeta,
recordé otra de mis oraciones.
"Quiero vivir, morir, siempre cantando
y no quiero saber por qué ni cuándo."
Si, en el seno del verso,
que le concluya y me concluya Dios.

Gerardo Diego. Cementerio civil (1972).

lunes, 8 de febrero de 2010

El destino es ahora dar voces solitarias

En cuanto a mí, no he de fingir
una serenidad que no merezco,
que no tengo, que no ambiciono

Vivo con brasas. No las temo,
no las oculto, no las apago. Que ardan,
que calcinen, que templen
Ahora soy puro fuego amoral


En cuanto a ti, que ciertos muros
se desmoronen estupefactos,
que cierto mar caritativamente
en lugar de bramar te mire silencioso,
y que los más benignos dioses
te perdonen tapándose la cara
...si logras simular olvido

Enférmate o muerde tus labios:


De igual modo que yo vocearás en la noche

Félix Grande. Las rubáiyátas de Horacio Martín (1978).

domingo, 7 de febrero de 2010

Ese gesto de muerte

¿Ese gesto de muerte
tendrás siempre, alegría?

¡Ay, si los tallos dóciles
al peso de la brisa,
si la flores moradas,
si las aguas dormidas,
si tantas hermosuras
que en ti, sin ti, suspiran,
por tu flecha de fuego
se sintiesen heridas!

Te lleva el que te ignora.
Te pierde el que te mira.
Fueras siempre en nosotros
caudal de maravilla,
luna que nos traspasa
con su luz, sin nos mira,
materia que se esconde
en nuestra carne viva.

Y no país lejano
que niega a nuestra noche
su eterno mediodía.

José Hierro. Alegría (1947).

sábado, 6 de febrero de 2010

Escombrada

Es la cornisa rota y el mundo que se cae.

Igual que el sueño, vuelve
la tarde a ser carne apagada
cáncer en las paredes de la luz.

Oscuridad que tiembla en un alambre.

Ana Gorría. Araña (2005).

jueves, 4 de febrero de 2010

[Cerré mi puerta al mundo]

Cerré mi puerta al mundo;
se me perdió la carne por el sueño...
Me quedé interno, mágico, invisible,
desnudo como un ciego.

Lleno hasta el mismo borde de mis ojos
me iluminé por dentro.

Trémulo, transparente,
me quedé sobre el viento,
igual que un vaso limpio
de agua pura,
como un ángel de vidrio
en un espejo.

Emilio Prados. Cuerpo perseguido (1927-1928).

miércoles, 3 de febrero de 2010

El hombre

El hombre hacia el Oeste es una hoguera
que el viento -el tiempo en crines extendidas-
arrastra a galopar lejos, sin bridas,
como un caballo oscuro, a la carrera.

Como una oculta nave timonera
repta sus aguas. No sabe qué heridas
le duelen más, qué muertes ni qué vidas,
sólo como una piedra de cantera.

Lleva un trozo de amor deshilachado
en los bolsillos, sueña el ciego anhelo
de encomendar a un hijo esta aventura.

A veces es un perro apaleado
que arrastra su dolor, pegado al suelo,
oliendo ya su propia sepultura.

Eladio Cabañero. Recordatorio (1961).

martes, 2 de febrero de 2010

El hombre cualquiera

El hombre cualquiera tiene una chaqueta de viejos cuadros grises para los domingos y enredaderas negras en el corazón.

El hombre cualquiera se quedó anclado un día en el andén del tiempo y se cubrió de polvo como una radio vieja.

Y le pesa la vida cuando atardece lento alrededor de él.

Él no lo dice, pero tuvo sonrisa una vez y pantalones cortos para mirar al cielo.

Él no lo dice, porque le pesa tanto ya recordar como vivir.

Hace mucho tiempo una niña mujer le llenó la mirada de sol y de niebla.

Luego, vio crecer a sus hijos y, después, alejarse uno a uno mientras su madre tendía la ropa en la cuerda.

La ropa blanca de los años idos.

El hombre cualquiera se hace viejo un otoño y, otra tarde cualquiera, se aleja en silencio, sin que a nadie le importe, ni siquiera a sus hijos.

Julio Llamazares. Los inicios (1973-1978). Versos y ortígas (Poesía 1973-2008).

domingo, 31 de enero de 2010

[Con frecuencia, el que mira]

Con frecuencia, el que mira
un río suele limitar su curso
entre dos curvas: una y otra vez sigue
su mirada el sentido de las aguas
o lo remonta. Con frecuencia, surge
por la curva de arriba algún objeto,
una rama que flota
cabeceando sus hojas brillantes,
con flores que dispersan poco a poco
los pétalos; después desaparece
en la curva de abajo.
Entonces: bruscamente, como sobria
negación, sin anuncio,
llega el conocimiento.
Pero el que mira el río
¿qué ha conocido? Ha visto que la rama
hacía siempre el mismo gesto y que era
siempre la misma rama; igual también
la superficie al conducirla. Estar
y no estar. No hay ningún cambio. Tal vez
lo que se observa cada día tenga
con la realidad
extraños vínculos, del mismo modo
que la apariencia de las cosas corre
diferente del tiempo.

Miguel Casado. Inventario (1987).