jueves, 13 de noviembre de 2008

Introducción a la noche

I

Con la honda mirada
un día contemplaste
tu honda pasión de ser
en vida perdurable.

Hoy contemplas acaso
con mirada más grave
el parpadeo puro
de la noche sin márgenes;

el sollozo inoíble
de un arroyo alejándose
en la sombra; la mole
de la noche indudable.

II

Y sin embargo, eres.
Y sin embargo naces
como las hierbas verdes
y los nudosos árboles.

Compruebas con delicia
que existen matorrales,
y tus manos apresan
piedras de aristas grandes.

Saltas sobre los ríos,
subes desde los valles,
cantas desde las cumbres:
vives, existes, ardes.

Contemplas la llanura
crepuscular; renaces
como los campos vivos
que en la aurora son arces.

cañadas y caminos,
prados, riberas, cauces
de amor, donde quisieras
vivirte y olvidarte.

III

Y aquí estás. Aquí pones
tus dos manos tenaces.
Te agarras a las cosas:
maderas, piedras, carnes.

Te aferras a la vida
como el río a su cauce,
cual la raíz de un hondo
vegetal insaciable.

Carlos Bousoño. Noche del sentido (1957).

2 comentarios:

Mario dijo...

Moría el día,
igual que nació.
Moría cada día,
igual que nacía.
Y por morir cada día el día,
nadie sufría,
porque moría cada día.
Pero el día sufría,
porque moría,
aunque luego nacía,
como cada día.

Castedo Merinero dijo...

Mosquis, me he líado un poco con tu poema. Luego, lo he cogido y me gusta.
Tengo que leer atentamente tu blog para elegir una poesía y robártela.
Saludos.