sábado, 4 de octubre de 2008

El estudio del artista

Anónimo holandés

Al fondo de la estancia tenebrosa
atestada de mapas y anaqueles,
de caballetes, bustos y cinceles
donde la araña teje sigilosa,

una figura pálida y borrosa,
rodeada de libros y papeles,
alza un compás y cruza dos pinceles
contemplando la noche silenciosa.

Una llama de vela mortecina
signa la oscuridad más que ilumina,
y descubre el temor y la torpeza,

la mueca de desprecio y extrañeza
con que asoma la estúpida cabeza
del mono que levanta la cortina.

Guillermo Carnero. Divisibilidad indefinida (1990).

2 comentarios:

Mario dijo...

¿Se estaría describiendo a él mismo?
Suelen ser así los artistas. Suelen ser asi los estudios. Son extraños, excentricos. Pero tienen algo que atrae.

Un abrazo.

Castedo Merinero dijo...

Yo me imagino a uno de los artistas pintados en la intimidad de sus estudios por Vermeer y sus coetáneos allá por el siglo XVII. Estas pequeñas pinturas detallistas que no quieren molestar al protagonista, aunque en este poema sí lo interrumpen.
Un abrazo.