domingo, 5 de octubre de 2008

Algo me dice cómo pasa el tiempo

Le he preparado el equipaje:
botas de nieve y de paseo, dos
sudaderas, t-shirts,
y tres pares de jeans;
todo lo necesario para los cinco días
que durará el viaje con la escuela.
Dejo la bolsa encima de la cama,
por si quiere añadir algún juguete,
y vuelvo a mi trabajo. Hasta mi mesa
llega el aroma vago de un perfume.
Por la puerta entornada
la veo girar sobre su eje, la
blusa que, juraría, vi llevar a su madre,
y una falda de seda, con volantes, los
movimientos que inquieren al espejo
los entresijos de la perfección,
la tenue luz que asiente y la sonrisa
pícara con que observa su disfraz
de la cabeza hasta los pies.
El oso de peluche
yace sobre la alfombra. No responde
a sus preguntas (que tampoco yo
comprendo apenas), la mirada absorta
en sus dos ojos de cristal, y no
le dicen nada el tono ni los nombres
que pronuncia en voz baja
con un temblor que yo no conocía.
Todo lo que sospecho que no soy,
lo que no seré nunca, está con ella.
Cierro la puerta con cuidado
y me alejo de allí, sin hacer ruido.
 
Jenaro Talens. De una obra en marcha (2001).

3 comentarios:

Mario dijo...

Me gustan los poemas que parencen cuentos. Pequeños relatos. Me gusta que no se fuerce la rima.
Me gustó ese osito de peluche.

Un abrazo.

Castedo Merinero dijo...

Este poema es suave y sencillo. Se desliza al leerlo hasta nuestro interior con gran delicadeza.
Un abrazo.

Anónimo dijo...

No es necesario hablar como si estuviesemos en pleno poema. No hay que eclipsar la obra.

Otro abrazo.

Más.