sábado, 2 de agosto de 2008

Esta infinita y patética belleza

El comienzo del verano y la noche
yace como un cuerpo herido
que la aurora no consigue desvelar.
Recorro la ciudad
taconeando
en las aceras agrietadas
con mis viejas botas
de Valverde,
tan cansadas como yo
del incesante embate
de cascos rotos y batallas.
Un contenedor
arde solitario en una esquina
ante los ojos embotados
de un borracho
que no se sabe que lo está.
No hay policía.
Y es extraño.
Dos mecánicos amantes
se palpan las partes
con gestos agotados
que ni siquiera el último
tiro de nieve emponzoñada
es capaz de revivir.
Parpadean los semáforos
tintineando en huérfana advertencia.
Y no hay sencillamente estrellas
que me valgan.

Leopoldo Alas. Arde Babilonia (1994).

Otro gran poeta que desaparece. Leopoldo Alas fue también un todoterreno: poeta, novelista, cuentista, dramaturgo, articulista, ensayista y hasta algún libreto de ópera. Dirigió la revista de poesía Signos (1987-1992) y desde 2004 presentaba un programa radiofónico.
Seguiremos leyéndolo.

2 comentarios:

Raúl dijo...

Sólo se van los buenos, que diría un hombre resignado.

Castedo Merinero dijo...

Se van todos, pero permanecen en nuestra memoria los buenos.