miércoles, 10 de diciembre de 2008

Palabras para una mirada

Miras, con ojos luminosos,
mientras hablo, mis ojos. Los cabellos
son fuego y seda,
y el rosa laberinto del oído
desvaría en la noche,
acepta las razones que doy sobre una vida
que ha perdido la dicha y su mejor edad.
¿Cómo me ven tus ojos? Yo sé, porque estás cerca,
que mis labios sonríen,
y hay en mí delirante juventud.
Inocente me miras, y no quiero saber
si soy el más dichoso hipócrita.
Sería pervertirte decir
que quien ha envejecido es traidor,
pues ha dado la vida
o dado el alma,
no sólo por placer, también por tedio,
o por tranquilidad;
muy pocas veces por amor.

He acercado mis labios a los tuyos,
en su fuego he dejado mi calor,
y emboscado en la noche
iba espiando en ti vejez y desengaño.

Francisco Brines. Aún no (1971).

2 comentarios:

Mario dijo...

Me gusta especialmente, como con un estilo clásico, nos envuelve en lo que es la vida en si y en su desgaste...

Un abrazo.

Castedo Merinero dijo...

Sí, hace amable el deterioro, la vejez.
Un abrazo.