martes, 17 de febrero de 2009

Mundo de piedra

Se asomó a aquellas aguas
de piedra.
Se vio inmovilizado,
hecho piedra. Se vio
rodeado de aquéllos
que fueron carne suya,
que ya eran piedra yerta.
Fue como si las horas,
ya piedra, aún recordaran
un estremecimiento.

La piedra no sonaba.
Nunca más sonaría.
No podía siquiera
recordar los sonidos,
acariciar, guardar,
consolar...

Se asomó al borde mudo
de aquel mundo de piedra.
Movió sus manos y gritó su espanto,
y aquel sueño de piedra
no palpitó. La voz
no resonó en aquel
relámpago de piedra.

Fue imposible acercarse
a la espuma de piedra,
a los cuerpos de piedra
helada. Fue imposible
darles calor y amor.

Reflejado en la piedra
rozó con sus pestañas
aquellos otros cuerpos.
Con sus pestañas, lo único
vivo entre tanta muerte,
rozó el mundo de piedra.
El prodigio debía
realizarse. La vida
estallaría ahora,
libertaría seres,
aguas, nubes, de piedra.

Esperó, como un árbol
su primavera, como
un corazón su amor.

Allí sigue esperando.

José Hierro. Libro de las alucinaciones (1964).

2 comentarios:

eloy dijo...

Gracias a un comentario tuyo en mi blog, descubro este Verso sobre verso, y a partir de hoy cuenta conmigo como un asiduo visitante de este rincón de poesía, en tiempos como éstos tan malos para la lírica. La poesía es un arma cargada de futuro.

Que tengas un buen día.

Castedo Merinero dijo...

Aquí tienes esta pequeña ventana para cuando quieras asomarte a ella.
Gracias Eloy.
Un abrazo.