domingo, 31 de enero de 2010

[Con frecuencia, el que mira]

Con frecuencia, el que mira
un río suele limitar su curso
entre dos curvas: una y otra vez sigue
su mirada el sentido de las aguas
o lo remonta. Con frecuencia, surge
por la curva de arriba algún objeto,
una rama que flota
cabeceando sus hojas brillantes,
con flores que dispersan poco a poco
los pétalos; después desaparece
en la curva de abajo.
Entonces: bruscamente, como sobria
negación, sin anuncio,
llega el conocimiento.
Pero el que mira el río
¿qué ha conocido? Ha visto que la rama
hacía siempre el mismo gesto y que era
siempre la misma rama; igual también
la superficie al conducirla. Estar
y no estar. No hay ningún cambio. Tal vez
lo que se observa cada día tenga
con la realidad
extraños vínculos, del mismo modo
que la apariencia de las cosas corre
diferente del tiempo.

Miguel Casado. Inventario (1987).

domingo, 13 de diciembre de 2009

[No es ciego Amor, mas yo lo soy, que guío]

No es ciego Amor, mas yo lo soy, que guío
mi voluntad camino del tormento;
no es niño Amor, mas yo que en un momento
espero y tengo miedo, lloro y río.

Nombrar llamas de Amor es desvarío,
su fuego es el ardiente y vivo intento,
sus alas son mi altivo pensamiento,
y la esperanza vana en que me fío.

No tiene Amor cadenas ni saetas
para aprender y herir libres y sanos,
que en él no ha más poder del que le damos.

Porque es Amor mentira de poetas,
sueño de locos, ídolo de vanos:
mirad qué negro Dios el que adoramos.

Gaspar Gil Polo.

domingo, 6 de diciembre de 2009

A la poesía

Me siento vagabunda de las Letras.
Quiero comer mi pan con el mendigo.
Beber el vino de todos.
Tomar el sol,
tendida
sobre la hierba húmeda.
Tener una guitarra
con cuerdas de latidos. Entregados.
Tocarla por los pueblos.
Que los hombres -de colores distintos-
bailen al son de ella
con sus modales
toscos
y su verdad sencilla
a flor de labio.

María Elvira Lacaci. Al este de la ciudad (1963).

jueves, 3 de diciembre de 2009

Algo más épico sin duda

Las 00.30 y heme aquí
fumando hasta matarme
delante de una pantalla negra
con manchas de verde
embadurnándola.

Ahí fuera, en alguna
parte, en todas,
ensayos de cadáver
se arrastran hacia la mañana
en la estela de otra
noche vacía.

Me pregunto
qué hubiera dicho
Homero.

Roger Wolfe. Mensajes en botellas rotas (1996).

martes, 24 de noviembre de 2009

Las horas sucesivas

Llueve torrencialmente.
¡Qué ganas de beber! No quiero vino.
Dame un jugo de fruta.
¡Cómo tiemblan, se tuercen bajo el agua
Con viento los ramajes!

Es muy temprano. Ven.
El sueño matutino es delicioso:
Apenas ver la luz mientras se duerme,
Casi se duerme, retrasando el día.

¿No duermes? Bien así. Más te acaricio,
Más me abandono yo, más te abandonas,
Muy felices o como si lo fuéramos,
¿Y no lo somos ya si lo creemos?

Cuando cese la lluvia,
La tierra del jardín olerá a tierra.
No habrá mejor fragancia.
Y después vendrá el día con sus horas
Fugaces, nunca sueltas,
Nunca sin sus raíces,
A pasado y futuro encadenadas.
¿Cómo aislar en el aire los momentos?

Jorge Guillén. Homenaje. Al margen de Horacio (1967).

domingo, 22 de noviembre de 2009

La bella del bosque durmiente

- Decidme, noble anciana, por vuestra vida:
¿yace aquí la princesa que está dormida,
esperando ha dos siglos un caballero?

- La princesa de que hablan en tu conseja,
¡soy yo!... pero, ¿no miras? Estoy muy vieja,
¡ya ninguno me busca y a nadie espero!

- Y yo que la procela de un mar de llanto
surqué... ¡Yo que he salvado montes y ríos
por vos! - ¡Ay! caballero ¡qué desencanto!
... Mas, no en balde por verme sufriste tanto:
tus cabellos son blancos, ¡como los míos!

Asómate al espejo de esta fontana,
¡oh pobre caballero!... ¡Tarde viniste!
Mas, aún puedo amarte como una hermana,
posar en mi regazo tu frente cana
y entonar viejas coplas cuando estés triste...

Amado Nervo. La amada inmóvil (1922).

sábado, 21 de noviembre de 2009

¿Quién?

¿Quién era yo? ¿Quién me sabía
desde el extremo reverso mudo
-cuerpo de nadie-, consumiéndose
en ajeno cuerpo mío?

¿Quién se sabía extrañamente
de mi extraño ignorar, dueño?

Hundido en soledad doble, no era yo,
sino mi sí y mi no...

Cuanto más me acercaba a mí mismo
crecía distinto y lejano:
enamorado de mi ausencia...

Mariano Brull. Nada más que... (1954).

lunes, 16 de noviembre de 2009

Aquellos maravillosos años

Que la vida dolía
yo lo aprendí muy pronto.
Quizá por eso anduve tantos años
huyendo de la vida, como loco;

ciego, para no ver lo que sabía
que iba a ver nada más abrir los ojos;
borracho, para no mirar de frente
su impenetrable rostro.

Para poder vivir en paz, sin miedo,
para animarme, me lo bebí todo.
-Sólo así conseguí, en algún momento,

ser feliz y gozar la vida a fondo-.
Pero el sueño de la razón es sueño
y engendra monstruos.

Javier Salvago. Septiembre, 1997 (Doce poemas).

lunes, 9 de noviembre de 2009

Nostalgia de la nieve

¡Cae la noche sobre la nieve!

Todos hemos pensado alguna vez
o alguien -yo mismo- lo piensa ahora
por quienes no sabe que un día lo pensaron ya,
que las sombras que forman la noche de todos los días
caen silenciosas, furtivas, escondiéndose
detrás de sí mismas, del cielo:
copos de sombra.
Porque la sombra es la nieve oscura,
la impensable callada nieve negra.

¡Cae la nieve sobre la noche!

¡Qué luz de atardecer increíble,
hecha del polvo más fino
llena de misteriosa tibieza,
anuncia la aparición de la nieve!
Luego, por hilos invisibles
y sueltos en el aire como una cabellera,
descienden
copos de pluma, copos de espuma.

Y algo de dulce sueño,
de sueño sin angustia,
infantil, tierno, leve
goce no recordado
tiene la milagrosa
forma en que por la noche
caen las silenciosas
sombras blancas de nieve.

Xavier Villaurrutia.

domingo, 8 de noviembre de 2009

Balance

La vida agota. Juegos son primero
sus trampas y espejismo la cordura.
El alcohol, las mujeres, el casero
tarde o temprano pasan su factura.
Amor más poderoso que el dinero,
si no acabara siempre en amargura.
Amor que va de vuelo y dice muero
por ti mientras nos presta sepultura.
La vida cansa, cuenta la estadística.
El jefe, los amigos, los atascos
mandan al otro barrio corazones.
Pero antes que enrolarme en otra mística,
apuesto por la vida y no hago ascos
a su locura. Tengo mis razones.

José Antonio Mesa Toré. El amigo imaginario (1991).

sábado, 7 de noviembre de 2009

Géiser

Moviéndose la luz, en este cuarto
Que insiste en su corriente extraordinaria.

Constante catarata que disuelve
Su esbozo entre los ojos para abrirlos
a las calles mojadas por la lluvia.

Ana Gorría. Araña (2005).

viernes, 6 de noviembre de 2009

La canción de Aquiles

No tengo los secretos
para cambiar la vida.
Sólo quiero belleza.
Presiento más que digo.

El peso del dolor
intimo del mundo
cae sobre mí y me aplasta,
y me siento morir.

Perplejo, no sé los
secretos de la vida.
No domino la vida
y no temo a la muerte.

Carmen Jodra. Rincones sucios (2004).

jueves, 5 de noviembre de 2009

[Soneto XXXII]

Estoy continuo en lágrimas bañado,
rompiendo el aire siempre con suspiros;
y más me duele nunca osar deciros
que he llegado por vos a tal estado,

que viéndome do estoy y lo que he andado
por el camino estrecho de seguiros,
si me quiero tornar para huiros,
desmayo viendo atrás lo que he dejado;

si a subir pruebo en la difícil cumbre,
a cada paso espántame en la vida
ejemplos tristes de los que han caído.

Y sobre todo, fáltame la lumbre
de la esperanza con que andar solía
por la oscura región de vuestro olvido.

Garcilaso de la Vega (1501?-1536). Publicado en 1543.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Todas las casas son ojos

Todas las casas son ojos
que resplandecen y acechan.

Todas las casas son bocas
que escupen, muerden y besan.

Todas las casas son brazos
que se empujan y se estrechan.

De todas las casas salen
soplos de sombra y de selva.

En todas hay un clamor
de sangre insatisfechas.

Y a un grito todas las casas
se asaltan y se despueblan.

Y a un grito todas se aplacan,
y se fecundan, y se esperan.

Miguel Hernández. Cancionero y romancero de ausencias (1938-41).

martes, 3 de noviembre de 2009

Romance del amor más poderoso que la muerte

Conde Niño por amores
es niño y pasó a la mar;
a dar agua a su caballo
la mañana de San Juan.
Mientras el caballo bebe
él canta dulce cantar;
todas las aves del cielo
se paraban a escuchar,
caminante que camina
olvida su caminar,
navegante que navega
la nave vuelve hacia allá.
La reina estaba labrando,
su hija durmiendo está:
-Levantáos, Albaniña,
de vuestro dulce folgar,
sentiréis cantar hermoso
la sirenita del mar.
-No es la sirenita, madre,
la de tan bello cantar,
sino es el Conde Niño
que por mí quiere finar.
¡Quién le pudiese valer
en su tan triste penar!
-Si por tus amores pena,
¡oh, malhaya su cantar!
y porque nunca los goce
yo le mandaré matar.
-Si le manda matar, madre,
juntos nos han de enterrar.
Él murió a la medianoche,
ella a los gallos cantar;
a ella como hija de reyes
la entierran en el altar,
a él como hijo de condes
unos pasos más atrás.
De ella nació un rosal blanco,
de él nació un espino albar;
crece el uno, crece el otro
los dos se van a juntar;
las ramitas que se alcanzan
fuertes abrazos se dan,
y las que no se alcanzaban
no dejan de suspirar.
La reina, llena de envidia,
ambos los mandó cortar;
el galán que los cortaba
no cesaba de llorar.
De ella nació una garza,
de él un fuerte gavilán,
juntos vuelan por el cielo,
juntos vuelan par a par.

Anónimo. Versión de Menéndez Pidal.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Soneto triste para mi última chaqueta

Esta tibia chaqueta rumorosa
que mi cuerpo recoge entre su lana,
se quedará colgada una mañana,
se quedará vacía y silenciosa.

Su delicada tela perezosa
cobijará una sombra fría y vana,
cobijará una ausencia, una lejana
memoria de la vida presurosa.

Conmigo no vendrá, que habré partido,
y entre su mansa lana entretejida
tan sólo dejaré mi propio olvido.

Donde alentara la gozosa vida,
no alentará ni el más pequeño ruido,
sólo una helada sombra dolorida.

Rafael Morales. Canción sobre el asfalto (1958).

domingo, 1 de noviembre de 2009

[Muy triste será mi vida]

Muy triste será mi vida
Los días que non vos viere;
Y mi persona vencida
Del dolor de la partida,
Morirá cuando muriere.
Vevirán los pensamientos
Que con vos siempre he tenido;
No morirán los tormentos
Dados sin merecimientos
Que de vos he recebido.
Y así será conoscido
Mi vida cuanto vos quiere;
Y mi persona vencida
Del dolor de la partida
Morirá cuando muriere.

Juan Rodríguez del Padrón.

sábado, 31 de octubre de 2009

Galope

Lejos la extraña luz
que atraviesa la noche, y más extraña
la luz de los poemas, este espacio
tan breve que ilumina
hacia adentro y nos punza.
Como si la distancia
que apenas calculamos,
se desbocara sola
arrastrándonos fuera,
lejos de todo. Lejos.

Se parece al deseo
de ser nosotros, sí, nosotros mismos
ahora, mas no hay nada,
no hay almas.
Hay relojes
antiguos con delgadas manecillas
locas, y lentos medallones de oro
prendidos en tu pecho.
Como una inmensidad que nos rodea
sin sentido, a nada nos reduce
y abandona lo suyo.

La soledad es ciega y es salvaje.
Sujétate a sus crines despeinadas
y agárrate bien fuerte.

Juan Carlos Abril. El laberinto azul (2001).

miércoles, 28 de octubre de 2009

El ángel bueno

Vino el que yo quería,
el que yo llamaba.

No aquel que barre cielos sin defensas,
luceros sin cabañas
lunas sin patria,
nieves.
Nieves de esas caídas de una mano,
un nombre,
un sueño,
una frente.

No aquel que a sus cabellos
ató la muerte.

El que yo quería.

Sin arañar los aires,
sin herir hojas ni mover cristales.

Aquel que a sus cabellos
ató el silencio.

Para, sin lastimarme,
cavar una ribera de luz dulce en mi pecho
y hacerme el alma navegable.

Rafael Alberti. Sobre los ángeles (1928).

Hoy hace una década que nos dejó el maestro.

martes, 27 de octubre de 2009

Como si fuera una tormenta

Cuando el agua bajo la ducha
la sacó de su aturdimiento
a ojos cerrados creyó ver
miles de gotas presurosas
salpicando toda su infancia
como si fuera una tormenta
de algún lejano veraneo.
En la estancia que les conduce
por los caminos de la noche
pide que seque sus cabellos
como le hacían cuando niña.
Luego corre hasta la ventana
y se encara al cielo asombrado:
estas horas pasarán pronto
llegará el día y el adiós
y quedará sólo la ausencia.
El frío roza su piel húmeda.

José Agustín Goytisolo. La noche le es propicia (1992).

lunes, 26 de octubre de 2009

Tenía que encontrarle en un poema

Salió de no sé dónde. Iba descalzo,
con la cara tiznada como entonces,
el aire de un pirata diminuto,
la sonrisa torcida y en los ojos
intacta la malicia.
Pudo reconocerme
a pesar de las grietas en mi cara,
a pesar de mi aspecto improcedente,
de mi disfraz de adulto, de mi voz grave.
"¿Dónde estabas -me dijo-. Este verano
te echábamos de menos. Junto al río
he encontrado los restos de un naufragio.
Ven a cavar conmigo. En la otra orilla
nos vigilan jinetes emboscados."
Tuve que convencerle de que no,
que sólo estaba allí por un azar.
-¿Cómo iba a irme con él con esta facha,
con este cuerpo enorme y perezoso?-.
Allí nos despedimos, no sin antes
enviarle recuerdos para todos.
Lo dejé en su verano inagotable.

Eduardo García. No se trata de un juego (1998).

sábado, 24 de octubre de 2009

Negra

Conmigo duermen mis penas
por la noche, fatigadas
de la lucha que en el día
sostuvieron con mi alma.
Mas ¡ay! que con el reposo
igual que yo, ellas descansan,
y con nueva y mayor furia,
al despuntar la alborada,
a mi alma triste despiertan
para ofrecerle batalla...

Juan Ramón Jiménez. Almas de violeta (1900).

martes, 20 de octubre de 2009

Todos los siglos de la lluvia

Sentían espanto por la prensa del sol
Se alimentaban de animales horrendos
Padecían las nevadas, la lava, las tormentas
Tenían únicamente cuevas y brujos y tiranos

Hoy escucho la lluvia que suena en la ventana
susurrando las sílabas siderales de la horda
como interrogaciones resurrectas

Emocionado, me arrebujo con tu respiración
paso la lengua por tu piel dormida
y mientras oigo lentamente la llovizna del mundo
saludo con misericordia a aquellos ancestrales hermanos

Félix Grande. Las rubáiyátas de Horacio Martín (1978).

lunes, 19 de octubre de 2009

Hombre que mira un rostro en un álbum

Hacía mucho que no encontraba a esta mujer
de la que conozco detalladamente el cuerpo
y creía conocer aproximadamente el alma

pasado no es presente
eso está claro
pero de cualquier manera hay conmemoraciones
que es bueno revivir

donde hubo fuego
caricias quedan

de pronto ella emerge del susurro evocante
y en voz alta sostiene
que los obreros entienden muy poco
que el pueblo en el fondo es más bien cobarde
que los jóvenes no van a cambiar el mundo
que la violencia bah
que la violencia ufa
que el confort lo alcanza quien lo busca

sólo entonces lo advierto
no me importa que hable en voz alta
mejor dicho no quiero que regrese al susurro

es apenas un rostro en un álbum
y ahora es fácil
dar vuelta la hoja.

Mario Benedetti. El amor, las mujeres y la vida (1995).

miércoles, 14 de octubre de 2009

La justicia de los ángeles

Era un señor tan importante
que se murió con cuatro médicos
(no le sirvió la aureomicina),
dos enfermeras diplomadas
y al terminar cura y notario.
Tan condecoradísimo,
que no cupieron en su pecho
todas sus cruces y medallas.
Ver el entierro daba gloria,
iban ministros, generales,
y hasta un obispo consagrado.
Se detuvieron los tranvías
(bien es verdad que los viajeros
se consolaron del retraso
viendo pasar tantas coronas).

El mismo día fue enterrada
una mujer llamada Petra.
Se la comieron nueve hijos
todos espurios, pues la pobre
nunca pasó por la parroquia.
Vivió veinte años en pecado,
en hambre, en sed, en alpargatas.
Pero una tarde en primavera
cerró los ojos dulcemente
y presentó la dimisión
alegando tuberculosis.
Era una muerta tan barata
que sólo el viento y los cipreses
le murmuraron responso.

Pero en aquella misma noche
tuvo lugar un gran portento,
que cosa igual no recordaban
ni los difuntos más antiguos.
Un coro de ángeles menudos
de alas traviesas se posaron
sobre la tumba del ilustre.
Hubo un revuelo alborotado,
una aromada trayectoria
de rosas, nardos y claveles,
y el sucio barro que pesaba
sobre los huesos de Petra
amaneció lleno de flores.

Ángela Figuera. Belleza cruel (1958).