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viernes, 21 de octubre de 2022

Los signos desvelados

    Subí hasta la colina
para mirar el ancho
río, la ciudad rosa,
los montes de cipreses,
mientras caía el sol.

    Era fiesta, los grupos
bajaban de luz
con alegría, voces
altas, felices. Libres,
regresaban al valle.

    Y advertí que un extraño,
con los ojos muy fijos,
miraba el sol. Las torres,
eran pavesas ya
del aire, miradores
de un fuego muy oscuro.
Temblaban los cipreses
en la línea del monte,
mientras yacía el río
ya quemado. Muy lejos
se perdían las voces.

    También era extranjero.
Se acercó a un árbol,
y arrancando unas hojas
de laurel,
avanzó por el parque.
Y desvelé el misterio
de su quieta mirada:
en todos los lugares
de la tierra,
el tiempo le señala
al corazón del joven
los signos de la muerte
y de la soledad.

Francisco Brines. Palabras a la oscuridad (1966).

jueves, 14 de noviembre de 2013

La piel

En el corto universo de holanda compartida
que la noche abandona, usual, al amor,
nada sucede, fuera de un orden, salvo -acaso-
la siempre transitoria confusión de otra piel
que nos reviste el alma y la desuella luego.

María Victoria Atencia. De la llama en que arde (1988).

miércoles, 1 de mayo de 2013

Un viento

Dejad que el viento me traspase el cuerpo
y lo ilumine. Viento sur, salino,
muy soleado y muy recién lavado
de intimidad y redención, y de
impaciencia. Entra, entra en mi lumbre,
ábreme ese camino
nunca sabido: el de la claridad.
Suena con sed de espacio
viendo de junio, tan intenso y libre
que la respiración, que ahora es deseo,
me salve. Ven,
conocimiento mío, a través de
tanta materia deslumbrada por tu honda
gracia.
Cúan a fondo me asaltas y me enseñas
a vivir, a olvidar,
tú, con tu clara música.
Y cómo alzas mi vida
muy silenciosamente,
muy de mañana y amorosamente
con esa puerta luminosa y cierta
que se me abre serena
porque contigo no me importa nunca
que algo me nuble el alma.

Claudio Rodríguez. El vuelo de la celebración (1976).

lunes, 29 de abril de 2013

[Algo ha rozado ahora]

Algo ha rozado ahora
sin querer, una rama.
Algo pasa, dejando
jirones de su cuerpo.
Mi carne, en el espino
brilla opaca la noche.

José Corredor-Matheos. Carta a Li Po (1975).

martes, 23 de abril de 2013

Tengo bastante con vivir

No me hace falta más que un poco
de fe, que una precaria veta
de esperanza, que un resquicio
de caridad para poder
seguir llamándote
como ahora te digo: patria mía,
piel aciaga de amor, vida quemada
en cada sueño, palabras repetidas
contra un muro de azar.
Aquí mi sed
se sacia con mi sed. No necesito
nada: tengo bastante con vivir.

José Manuel Caballero Bonald. El papel del coro (1961).

lunes, 22 de abril de 2013

Otro aniversario

Aquella mujer que día a día
combatió por nosotros
y el ascua del hogar tuvo encendida.
Aquellas manos puras sobre el aire
como ala o techo de la vida.
Era
en la infancia terrible o en el llanto
el pan nutricio o la ventana clara.
Aquella voz, la nuestra, que repite
tu nombre cierto contra tanta muerte.
El regazo infantil, la luz segura
del anegado reino.

Cuanto hay de amor en nuestras manos nace
del amor que nos diste.
Forma es de tu memoria, calcinada ceniza.
El duro diamante sobrevive a la noche.

José Ángel Valente. La memoria y los signos (1966).

sábado, 30 de marzo de 2013

Piedra pura

Desde las más borrosas lejanías, llegaron
a este país de piedra dura y sol.

Llegaron sonrientes, exhalados,
voraz el ojo y adormida el alma,
y comenzaron a pisar paisajes,
viejas iglesias, arcos rotos, puentes,
termas romanas, generosos caldos,
lengua española viva,
sin concederse tregua,
sin dar descanso a su codicia,
hasta que un día, ahítos,
volvieron a sus casas, a su historia:
"Bello es el mundo -comentaron- bello".

El viento del invierno, sabiamente,
fue rayendo sus huellas del camino
y preparó otra vez la primavera.
(Otra vez la verdad, pisoteada.)

Mariano Roldán. Ley del canto (1970).

martes, 12 de marzo de 2013

Cuando amas

Permanece en silencio cuando amas.
Escucha al fondo
la vastedad de la respiración,
la gota de agua y el rumor del viento.
Y ven lejos.
Ven, al amor, de lejos.
Desde la noche,
desde el desierto,
arrimado a los muros,
a perecer en él, como acto único.

César Simón. Extravío (1991).

domingo, 10 de marzo de 2013

[Te beberé el cabello]

Te beberé el cabello
y cerraré los ojos.

Tú seguirás manando
tu cabello
turbio de besos.

Antonio Gamoneda. La tierra y los labios (1947-1953).

viernes, 18 de enero de 2013

[Voz que soledad sonando]

Voz que soledad sonando
por todo el ámbito asola,
de tan triste, de tan sola,
todo lo que va tocando.

Así es mi voz cuando digo
-de tan solo, de tan triste-
mi lamento, que persiste
bajo el cielo y sobre el trigo.

- ¿Qué es eso que va volando?
- Sólo soledad sonando.

Ángel González. Áspero mundo (1956).

miércoles, 20 de julio de 2011

Telegrama a tu ancianidad

Si por temor o por incertidumbre
esta noche no empujas esta puerta
tras la que está desnuda ya y despierta
la prohibida mujer llena de lumbre

te juro que después cuando seas viejo
y un día mires tu cara y tu memoria
brotarán hacia ti desde esta historia
culebras que te espanten el espejo

Félix Grande. Las rubáiyátas de Horacio Martín (1978).

jueves, 26 de mayo de 2011

[Una tapia te impide seguir]

Una tapia te impide seguir.
                                         Vas y la saltas.
Le has trepado la cal.
Separas unas tejas.
Ya estás al otro lado de la tierra:
esto es la estepa del amanecer.
Te sabes solo y gozas tu abandono.
Quieres morir aquí también, por qué.
Quieres morir. Pero ahora sin palabras.
Tocar las piedras y morir.
Llevarte en la mirada este despojo.
Hojas de cardo ni siquiera, no.
Caliza de los cerros ni siquiera,
ni estos abetos de este valle, no.
Patria recuperada, sola tierra
callada,
tiéndete aquí a morir,
ya regresado al universo.

Arcadio Pardo. Vienes aquí a morir (1980).

domingo, 15 de mayo de 2011

[Princesa prisionera de la nada]

Princesa prisionera de la nada,
princesa prisionera de la suerte,
princesa prisionera de la muerte,
princesa prisionera en la mirada.

Princesa de la noche de la espada,
princesa de la noche de lo inerte,
princesa de la noche que se vierte,
princesa sin amor y enamorada.

La luz de tu tristeza de princesa
brilla en la claridad de este lamento,
es luz que no comienza y que no cesa.

La luz de tu belleza de princesa
brilla en la eternidad de este momento;
princesa del horror de ser princesa.

Juan Eduardo Cirlot. 44 sonetos de amor (1971).

domingo, 7 de noviembre de 2010

En mi ciudad algún día

Yo viviré algún día
el rojo vino; el aire
de tu recuperada
libertad y saldré
por tus calles cantando
cantando hasta quedarme
sin voz -porque serás
de nuevo y para siempre-
albergue de extranjeros
hospital de los pobres
patria de los valientes
tú, Laye, mi ciudad.

José Agustín Goytisolo. Claridad (1961-1998).

jueves, 14 de octubre de 2010

Las aguas reiteradas

A veces sorprendía
flotando tu cabeza por mi cuerpo.
Era en agua cercada,
oscura en que dejaba de seguirte,
pero a toda la orilla,
desde el profundo centro estremecido
se impartía una onda
de corazón despierto, sin sosiego.
Estabas sobre el pecho
nocturno de inundadas soledades,
aquí comparecida, sin deseo,
sólo furtivamente abandonada,
como si una tormenta que olvidamos
hubiese desistido y no quedase
de ti más que esa dulce
provocación de párpados y labios.
Luego eras luz y transparencia tenue
y volvían las sombras a tenderse
sobre este mar de piel acantilada.

Carlos Barral. Las aguas reiteradas (1952).

domingo, 3 de octubre de 2010

Presento cartas credenciales

(De una reina humana para Artemís)
Soneto-balada

¿Es mi última misión? Ay, muy reacio
estoy en escalar a la tribuna.
Y subo los peldaños muy despacio.
Mañana tengo audiencia con la luna.

Mis credenciales en aquel palacio
dejaré, con, Señora, mi fortuna:
poemas de turquesa y de topacio;
mañana tengo audiencia con la luna.

Me verá, porque somos otra gente.
Poetas, astronautas de la mente.
Del niño y del amante la comuna.

¿Cartas? ¡Suspiros de la raza humana!
No sé si volveré, mi soberana.
Mañana tengo audiencia con la luna.

Aurelio Valls. Retorno a la poesía (1985).

martes, 25 de mayo de 2010

[XXIII]

(VENTANA)

La ventana
con vistas al desnudo
donde aún sobrenada un seno solitario,
se prolonga imposible la tristísima
longitud de una media abandonada,
y los gatos erráticos,
lás pálidas botellas,
la lámpara encendida, moribunda señora,
en rigor para quién.

José Ángel Valente. Treinta y siete fragmentos (1972).

viernes, 7 de mayo de 2010

A mano armada

A mano armada,
cuando la noche impone su costumbre de insomnio
y convierte
cada minuto en el aniversario
de todos los sucesos de una vida;

allí,
en la esquina más negra del desamparo, donde
el nunca y el ayer trazan su cruz de sombras,

los recuerdos me asaltan.

Unos empuñan tu mirada,
otros
apoyan en mi espalda,
el alma blanca de un lejano sueño,
y con voz inaudible,
con implacables labios silenciosos,
¡el olvido o la vida!,
me reclaman.

Reconozco los rostros.
No hurto el cuerpo.

Cierro los ojos para ver más hondo
y siento
que me apuñalan fría,
justamente,
con ese hierro viejo:
la memoria.

Ángel González. Breves acotaciones para una biografía (1971).

viernes, 30 de abril de 2010

Gorrión

No olvida. No se aleja
este granuja astuto
de nuestra vida. Siempre
de prestado, sin rumbo,
como cualquiera, aquí anda,
se lava aquí, tozudo,
entre nuestros zapatos.
¿Qué busca en nuestro oscuro
vivir? ¿Qué amor encuentra
en nuestro pan tan duro?
Ya dio al aire a los muertos
este gorrión que pudo
volar pero aquí sigue,
aquí abajo, seguro,
metiendo en su pechuga
todo el polvo del mundo.

Claudio Rodríguez. Alianza y condena (1965).

jueves, 29 de abril de 2010

Epitafio sin amor

Mientras vivió, permaneció en lo alto. Hoy quedan
retratos pisoteados, libros y panegíricos,
y algo como un horror en la conciencia
colectiva. Su nombre, por fortuna,
ha pasado a la historia para ser
ira, desprecio, escándalo
de las generaciones,
y aún dura en las cloacas de aquel tiempo sombrío.

Pero la maquinaria que creó
no dura. Pieza a pieza, el engranaje
fue sustituido sin piedad.
Un viento popular barrió las vigas
carcomidas, el moho, las distancias,
y en el silencio que quedara en pie
fue posible por fin la primavera.

Carlos Sahagún. Estar contigo (1973).