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miércoles, 30 de enero de 2013

Candelabro

Surge y se yerge, sólo,
Sin romper el silencio de lo oscuro,
Un sonido con forma: "candelabro".
Apenas me ilumina vaga plata
Como la nebulosa en una noche
De inmensidad visible.

Pronuncio: "candelabro",
Y se esboza, se afirma hacia su estable
Pesadumbre. Columbro: candelabro.

¿Adónde voy? Me esfuerzo,
Desde esta orilla torpe de un insomnio
Reducido y en tiniebla,
En convivir, en dialogar ahora
Con algo que a su modo acompañándome
Ya está fuera de mí.

"Te necesito, mundo."

La palabra y su puente
Me llevan de verdad a la otra orilla.
A través de los oscuro
Ayúdame, mi amigo, candelabro.

Jorgue Guillén. Homenaje (1967).

sábado, 1 de noviembre de 2008

Arte poética

Más que decir palabras, quisiera dar la mano
a un niño, hundir el pecho contra la espuma viva,
y estar callado, llena la frente de océano,
bajo un pino silente, palpitando hacia arriba.

Más que decir palabras, navegar en un llano
de espigas empujadas, ondeadas, donde liba
la inmensidad su jugo de noche de verano;
y en vez de soñar nombres que el viento los escriba.

Más que juntar canciones cogidas en la infancia
quisiera mis mejillas como un nido robado,
y el sabor de mis labios húmedos de ignorancia,

y la primer delicia del que nunca ha besado:
más que decir palabras ser su propia fragancia,
y estar callado, dentro del verso, estar callado...

Leopoldo Panero. Siete poemas (1959).

sábado, 12 de julio de 2008

Una rebelación

Todo lo que has sentido: todo
lo que cantaste con palabras
si son sólo emociones tuyas
-vivencias tuyas- poco importan.
Porque deseos y esperanzas
y mal de amor y sufrimiento
los tienen muchos. Mas si cuentas
algo que pueda despertar
una emoción dormida en otro
-una rebelación entre las líneas-
el poema termina ahí
en el pecho sobresaltado
que lo repite y hace suyo
hasta olvidar quién lo escribiera.
Entre el poema y el autor
la primacía es del poema.

José Agustín Goytisolo. Como los trenes de la noche (1994).

sábado, 5 de julio de 2008

[Sólo se puede escribir con fiebre]

Sólo se puede escribir con fiebre
Ángela,
desde el ojo del huracán y el fuego,

acaso tal vez desde el delirio,
y el vuelo a tumba abierta,

todo lo demás son párpados y párpados,
sobre un disparo de piedra
que al niebla enmudece,

porque sólo una temeraria lucidez,
desde el más extremo de los límites,
puede,

sólo unas córneas heridas
en las que cabe el mundo,
pueden.

Julia Otxoa. Centauro (1989).

miércoles, 30 de abril de 2008

Este ciego lirismo

Este ciego lirismo que se arrastra palpando
que alarga sus antenas doloroso y elástico
este torpe lirismo cuajado cuerpo sólido
onerosa presencia de cristales truncados
este sordo lirismo mudo lirismo idiota
lirismo que se está que permanece impávido
sin saber del azul más de lo que le cuentan
roces de golondrinas y cuencas de rayos
ni del ojo del tigre más que la cifra bruta
de sus emisiones instantáneas
sin comprender apenas que es nivel de altitudes
donde empiezan las nieves perpétuas de la música

Este lirismo en fin inválido y tullido
soportando el terrible secreto de sus ansias
su pólvora de odios su pasión de metales
su choque de remoto terremoto
¿lo llevamos al cuello para hundirnos
en el pozo del vértigo sin límite
o para hacer posible el divino equilibrio
de esas alas de seres que
vuelan cantan traspapelan azotan?

Gerardo Diego. Biografía incompleta (1925-1952) [1953].