LII
Olas gigantes que os rompéis bramando
en las playas desiertas y remotas,
envuelto entre la sábana de espumas,
¡llevadme con vosotras!
Ráfagas de huracán que arrebatáis
del alto bosque las marchitas hojas,
arrastrado en el ciego torbellino,
¡llevadme con vosotras!
Nubes de tempestad que rompe el rayo
y en fuego ornáis las sangrientas orlas,
arrebatado entre la niebla oscura,
¡llevadme con vosotras!.
Llevadme, por piedad, a donde el vértigo
con la razón me arranque la memoria.
¡Por piedad! ¡Tengo miedo de quedarme
con mi dolor a solas!
Gustavo Adolfo Bécquer. Rimas (1859-1870).
lunes, 10 de enero de 2011
sábado, 11 de diciembre de 2010
Te vi
Te vi,
se rompieron nuestras soledades,
se alborotó el instinto,
se llenaron de luz las lámparas fundidas.
Se murieron del susto, nuestros primeros padres,
y tu pena y mi pena,
se suicidaron juntas
la tarde
de nuestro encuentro.
Gloria Fuertes. Cómo atar los bigotes del tigre (1969).
se rompieron nuestras soledades,
se alborotó el instinto,
se llenaron de luz las lámparas fundidas.
Se murieron del susto, nuestros primeros padres,
y tu pena y mi pena,
se suicidaron juntas
la tarde
de nuestro encuentro.
Gloria Fuertes. Cómo atar los bigotes del tigre (1969).
domingo, 28 de noviembre de 2010
Lección del páramo
Veo cruzar el pájaro pausado
por el aire, que apenas dividido
se suelda sin estela de sonido
en su cristal ardiente y deslumbrado,
y un arroyo, que mudo e ignorado
en el valle perdido
minimiza el caudal de su latido
y lo conduce al arenal quemado.
Ave y arroyo son mi compañía,
y su vuelo y fluir faltos de historia,
nunca pensado ni jamás oído,
escriben que es bastante melodía
el cofre sin abrir de la memoria
y el laberinto ciego del sentido.
Guillermo Carnero. Divisibilidad indefinida (1990).
por el aire, que apenas dividido
se suelda sin estela de sonido
en su cristal ardiente y deslumbrado,
y un arroyo, que mudo e ignorado
en el valle perdido
minimiza el caudal de su latido
y lo conduce al arenal quemado.
Ave y arroyo son mi compañía,
y su vuelo y fluir faltos de historia,
nunca pensado ni jamás oído,
escriben que es bastante melodía
el cofre sin abrir de la memoria
y el laberinto ciego del sentido.
Guillermo Carnero. Divisibilidad indefinida (1990).
martes, 23 de noviembre de 2010
Presentación de La brújula ciega de Juan Ramón Barat
Se anunciaba la presencia de un poeta acompañado de un editor, una presentadora literaria y un pianista. El recital prometía.Juan Ramón Barat (Borbotó, Valencia, 1959) acudió a la Librería Primado para presentar La brújula ciega (2010) su octavo poemario para adultos publicado, tiene varios para niños además de algún otro premiado que no ha salido a la luz, y los compañeros del taller Polimnia 222 acudimos en nuestro día de clase.
Una breve introducción del editor, se elevó con la voz de Pilar Verdú, poeta también, que indagó en esta última obra relacionándola meticulosamente con las anteriores hasta la misma sorpresa del autor. Pocas veces se es tan certera en palabras y en emoción.
Luego llegó lo mejor. A dos voces, entre velas, Juan Ramón y su mujer, fueron sucediéndose casi todos los poemas de La brújula ciega, puntuados por un piano que se convirtió en casi imprescindible sin llamar la atención. Una puesta en escena prometedora que cuajó gracias a los emotivos poemas con que pudimos disfrutar.
Divagación barroca
¿De qué extraña materia combustible
están hechos los sueños?
¿De qué substancia oscura o transparente?`
¿En qué fábrica astral,
con qué elementos químicos,
qué incógnito artesano confecciona
su música callada?
Aquellos que jamás alcanzarán
a cruzar el umbral de la utopía,
aquellos travestidos de metáfora
o anclados en el mar de la quimera.
Los sueños que no existen.
Los que pueblan la noche
igual que escarabajos azulados.
Los que tejen la red arácnida del mito,
la fantasmagoría
de la alucinación y la locura.
Aquellos que levantan,
sombra a sombra,
el edificio de la realidad.
Y los hombres que sueñan esos sueños,
¿de qué insólito fango,
de qué greda afligida y desahuciada?
jueves, 11 de noviembre de 2010
Los amantes
Como estatuas de lluvia con los nervios azules
Secretos en sus leyes de llaves que abren túneles
Sucios de fuego y de cansancio reyes
Han guardado sus gritos ya no más
Cada uno en el otro engacelados
De noches tiernas en atroz gimnasio
Viven actos de baile horizontal
No caminan de noche ya no más
Se rigen de deseo y no se hablan
Y no se escriben cartas nada dicen
Juntos se alejan y huyen juntos juntos
Ojos y pies dos cuerpos negros llagan
Fosforescentes olas animales
Se ponen a dormir y ya no más
Carlos Edmundo de Ory. (1970).
Afortunadamente no hizo caso de su aerolito/aforismo "Si te gusta ser llamado poeta desde joven, cuida de vivir poco. Toda una larga vida con un pequeño mote es ridículo" y ha estado con nosotros hasta hoy en que ha fallecido con 87 años.
Secretos en sus leyes de llaves que abren túneles
Sucios de fuego y de cansancio reyes
Han guardado sus gritos ya no más
Cada uno en el otro engacelados
De noches tiernas en atroz gimnasio
Viven actos de baile horizontal
No caminan de noche ya no más
Se rigen de deseo y no se hablan
Y no se escriben cartas nada dicen
Juntos se alejan y huyen juntos juntos
Ojos y pies dos cuerpos negros llagan
Fosforescentes olas animales
Se ponen a dormir y ya no más
Carlos Edmundo de Ory. (1970).
Afortunadamente no hizo caso de su aerolito/aforismo "Si te gusta ser llamado poeta desde joven, cuida de vivir poco. Toda una larga vida con un pequeño mote es ridículo" y ha estado con nosotros hasta hoy en que ha fallecido con 87 años.
miércoles, 10 de noviembre de 2010
Encuentro con Rafael Espejo
El poeta Rafael Espejo (Palma del Río, Córdoba, 1975) nos recitó ayer algunos de sus poemas en el Taller de poesía Polimnia 222.
Con la excusa de presentarnos Nos han dejado solos (Pre-textos, 2009), su tercer poemario, X Premio de Poesía Emilio Prados, Rafael Espejo fue deshojando su lírica desde sus primeros poemas publicados en 1996, algo imperfectos en sus palabras, hasta esta última obra bajo la atenta mirada de todos nosotros y de los poetas Andrés Navarro, que llevó a cabo la presentación, y de Antonio Cabrera.
Su voz afectada por un resfriado no impidió que paladeáramos muchos de estos poemas editados después de ocho años de silencio. De los primeros sonetos de El círculo vicioso (Universidad de Granada, 1996) al amor carnal de El vino de los amantes (Hiperión, 2001) pasando por la fábula de terraza con jardín que reproduzco abajo, Rafael, nos regaló una especie de autobiografía poética centrada en el tema fundamental de su discurso, el amor, pero sin olvidar el análisis del yo, presente en sus tres libros -autorretrato, en el último-, ni dejar de lado sus versos más alucinados.
La ocasión fue espléndida para aprehender mejor la obra de este joven poeta con la ayuda sus comentarios previos a cada lectura, generalmente ingeniosos, que han conseguido matizar muchos interrogantes de su emotiva y aparentemente sencilla, por depurada y madura, poesía.
fábula de terraza con jardín
Después de decidir qué parte era su espalda
lo situé de espaldas a la calle,
mirando hacia la menta y el aloe.
Mi perra se acercó a reconocerlo.
Lo olfateaba y me miraba a mí(como un niño, imagino,
que no comprende el mar y se vuelve a la arena
porque no tiene prisa).
Noté entonces, mientras la acariciaba
con acentillo lobo,
un dolor pequeñísimo y punzante
que me insistía.
En él me concentré.
Todo el rigor del mundo palpitando en mis manos:
unas espinas, cuando están clavadas,
son tanta realidad.
Yo en mi dolor a solas,
comprendiendo...
El niño desde dentro de mi perra,
me interrumpió:
"¿Le dolerá también crecer al cactus?".
"No, Mara, no es la mano
lo que me tiene ahora".
Era otra mano,
la mano que sentí como la mía.
domingo, 7 de noviembre de 2010
En mi ciudad algún día
Yo viviré algún día
el rojo vino; el aire
de tu recuperada
libertad y saldré
por tus calles cantando
cantando hasta quedarme
sin voz -porque serás
de nuevo y para siempre-
albergue de extranjeros
hospital de los pobres
patria de los valientes
tú, Laye, mi ciudad.
José Agustín Goytisolo. Claridad (1961-1998).
el rojo vino; el aire
de tu recuperada
libertad y saldré
por tus calles cantando
cantando hasta quedarme
sin voz -porque serás
de nuevo y para siempre-
albergue de extranjeros
hospital de los pobres
patria de los valientes
tú, Laye, mi ciudad.
José Agustín Goytisolo. Claridad (1961-1998).
sábado, 30 de octubre de 2010
[Arder en viva llama, helarme luego]
Arder en viva llama, helarme luego,
mezclar fúnebre queja y dulce canto,
equivocar la risa con el llanto,
no saber distinguir nieve ni fuego.
Confianza y temor, ansia y sosiego,
aliento del espíritu y quebranto,
efecto natural, fuerza de encanto,
ver que estoy viendo y contemplarme ciego;
la razón libre, preso el albedrío,
querer y no querer a cualquier hora,
poquísimo valor y mucho brío;
contrariedad que el alma sabe e ignora,
es, Marisa soberana, el amor mío.
¿Preguntáis quién lo causa? Vos, Señora.
Eugenio Gerardo Lobo.
mezclar fúnebre queja y dulce canto,
equivocar la risa con el llanto,
no saber distinguir nieve ni fuego.
Confianza y temor, ansia y sosiego,
aliento del espíritu y quebranto,
efecto natural, fuerza de encanto,
ver que estoy viendo y contemplarme ciego;
la razón libre, preso el albedrío,
querer y no querer a cualquier hora,
poquísimo valor y mucho brío;
contrariedad que el alma sabe e ignora,
es, Marisa soberana, el amor mío.
¿Preguntáis quién lo causa? Vos, Señora.
Eugenio Gerardo Lobo.
jueves, 28 de octubre de 2010
Si me quieres, quiéreme entera
Si me quieres, quiéreme entera,
no por zonas de luz o sombra...
Si me quieres, quiéreme negra
y blanca. Y gris, verde, y rubia,
y morena...
Quiéreme día,
quiéreme noche...
¡Y madrugada en la ventana abierta!...
Si me quieres, no me recortes:
¡Quiéreme toda... O no me quieras!
Dulce María Loynaz.
no por zonas de luz o sombra...
Si me quieres, quiéreme negra
y blanca. Y gris, verde, y rubia,
y morena...
Quiéreme día,
quiéreme noche...
¡Y madrugada en la ventana abierta!...
Si me quieres, no me recortes:
¡Quiéreme toda... O no me quieras!
Dulce María Loynaz.
martes, 26 de octubre de 2010
Taller de poesía Polimnia 222
Hoy he asistido a la primera clase del Taller de poesía Polimnia 222, bueno, realmente medio asistido porque he llegado casi dos horas tarde y son tres horas todos los martes.
Está organizado por la Universidad Politécnica de Valencia y va por la octava edición. Lo imparte la poeta Elena Escribano y dura hasta el próximo junio. Me enteré el año pasado pero al final no pude ir.
De momento promete por el entusiasmo general que he podido percibir, porque va a centrarse en el lírica del siglo pasado, porque vamos a conocer a poetas, porque me desconectará de otras historias, porque volveré a la infancia haciendo deberes (que me gustarán, espero)... aunque no todo va a ser positivo, hay que leer -o recitar- en clase, menudo marroncillo.
En un par de semanas, Rafael Espejo vendrá a presentarnos su último libro.
Está organizado por la Universidad Politécnica de Valencia y va por la octava edición. Lo imparte la poeta Elena Escribano y dura hasta el próximo junio. Me enteré el año pasado pero al final no pude ir.
De momento promete por el entusiasmo general que he podido percibir, porque va a centrarse en el lírica del siglo pasado, porque vamos a conocer a poetas, porque me desconectará de otras historias, porque volveré a la infancia haciendo deberes (que me gustarán, espero)... aunque no todo va a ser positivo, hay que leer -o recitar- en clase, menudo marroncillo.
En un par de semanas, Rafael Espejo vendrá a presentarnos su último libro.
domingo, 24 de octubre de 2010
[Anduve por el dorso de tu mano, confiada]
Anduve por el dorso de tu mano, confiada,
como quien anda en las colinas
seguro de que el viento existe,
de que la tierra es firme,
de la repetición eterna de las cosas.
Mas de repente tembló el universo:
llevaste la mano a tus labios
y bostezando abriste la noche
como una gruta cálida.
Llevabas diez mil siglos despertando
y el fuego ardía impaciente en tu boca.
Chantal Maillard. Hainuwele (1990).
como quien anda en las colinas
seguro de que el viento existe,
de que la tierra es firme,
de la repetición eterna de las cosas.
Mas de repente tembló el universo:
llevaste la mano a tus labios
y bostezando abriste la noche
como una gruta cálida.
Llevabas diez mil siglos despertando
y el fuego ardía impaciente en tu boca.
Chantal Maillard. Hainuwele (1990).
jueves, 21 de octubre de 2010
El divino amor
Te ando buscando, amor que nunca llegas,
te ando buscando, amor que te mezquinas,
me aguzo por saber si me adivinas,
me doblo por saber si te me entregas.
Las tempestades mías, andariegas,
se han aquietado sobre un haz de espinas;
sangran mis carnes gotas purpurinas
porque a salvarme, oh niño, te me niegas.
Mira que estoy de pie sobre los leños,
que a veces bastan unos pocos sueños
para encender la llama que me pierde.
Sálvame, amor, y con tus manos puras
trueca este fuego en límpidas dulzuras
y haz de mis leños una rama verde.
Alfonsina Storni. Irremediablemente (1919).
te ando buscando, amor que te mezquinas,
me aguzo por saber si me adivinas,
me doblo por saber si te me entregas.
Las tempestades mías, andariegas,
se han aquietado sobre un haz de espinas;
sangran mis carnes gotas purpurinas
porque a salvarme, oh niño, te me niegas.
Mira que estoy de pie sobre los leños,
que a veces bastan unos pocos sueños
para encender la llama que me pierde.
Sálvame, amor, y con tus manos puras
trueca este fuego en límpidas dulzuras
y haz de mis leños una rama verde.
Alfonsina Storni. Irremediablemente (1919).
domingo, 17 de octubre de 2010
Anónimo urbano
He perdido las letras de su nombre
entre todos los ojos y los escaparates
que anunciaban las últimas rebajas.
Me ha rozado la espalda en un vagón de metro.
(Afuera lloviznaba).
He pisado su sombra en un semáforo.
(Otoño se vestía en las acacias).
Para llegar al cine,
he bajado tres calles paseando
mientras alguien bailaba pasodobles
y una pareja de titiriteros
interpretaba un aria de Rossini,
(dos nubes se besaban en un charco)
y al escoger butaca,
bastante atrás como acostumbro,
se ha sentado a mi lado oscuramente.
Berta Serra Manzanares. Frente al mar de Citerea (1993).
entre todos los ojos y los escaparates
que anunciaban las últimas rebajas.
Me ha rozado la espalda en un vagón de metro.
(Afuera lloviznaba).
He pisado su sombra en un semáforo.
(Otoño se vestía en las acacias).
Para llegar al cine,
he bajado tres calles paseando
mientras alguien bailaba pasodobles
y una pareja de titiriteros
interpretaba un aria de Rossini,
(dos nubes se besaban en un charco)
y al escoger butaca,
bastante atrás como acostumbro,
se ha sentado a mi lado oscuramente.
Berta Serra Manzanares. Frente al mar de Citerea (1993).
jueves, 14 de octubre de 2010
Las aguas reiteradas
A veces sorprendía
flotando tu cabeza por mi cuerpo.
Era en agua cercada,
oscura en que dejaba de seguirte,
pero a toda la orilla,
desde el profundo centro estremecido
se impartía una onda
de corazón despierto, sin sosiego.
Estabas sobre el pecho
nocturno de inundadas soledades,
aquí comparecida, sin deseo,
sólo furtivamente abandonada,
como si una tormenta que olvidamos
hubiese desistido y no quedase
de ti más que esa dulce
provocación de párpados y labios.
Luego eras luz y transparencia tenue
y volvían las sombras a tenderse
sobre este mar de piel acantilada.
Carlos Barral. Las aguas reiteradas (1952).
flotando tu cabeza por mi cuerpo.
Era en agua cercada,
oscura en que dejaba de seguirte,
pero a toda la orilla,
desde el profundo centro estremecido
se impartía una onda
de corazón despierto, sin sosiego.
Estabas sobre el pecho
nocturno de inundadas soledades,
aquí comparecida, sin deseo,
sólo furtivamente abandonada,
como si una tormenta que olvidamos
hubiese desistido y no quedase
de ti más que esa dulce
provocación de párpados y labios.
Luego eras luz y transparencia tenue
y volvían las sombras a tenderse
sobre este mar de piel acantilada.
Carlos Barral. Las aguas reiteradas (1952).
miércoles, 13 de octubre de 2010
Ya no
Ya no será
ya no
no viviremos juntos
no criaré a tu hijo
no coseré tu ropa
no te tendré de noche
no te besaré al irme
nunca sabrás quién fui
por qué me amaron otros.
No llegaré a saber
por qué ni cómo nunca
ni si era de verdad
lo que dijiste que era
ni quién fuiste
ni qué fui para ti
ni cómo hubiera sido
vivir juntos
querernos
esperarnos
estar.
Ya no soy más que yo
para siempre y tú
ya
no serás para mí
más que tú. Ya no estás
en un día futuro
no sabré dónde vives
con quiénni si te acuerdas.
No me abrazarás nunca
como esa noche
nunca.
No volverá a tocarte.
No te veré morir.
Idea Vilariño. Poemas de amor (1957).
ya no
no viviremos juntos
no criaré a tu hijo
no coseré tu ropa
no te tendré de noche
no te besaré al irme
nunca sabrás quién fui
por qué me amaron otros.
No llegaré a saber
por qué ni cómo nunca
ni si era de verdad
lo que dijiste que era
ni quién fuiste
ni qué fui para ti
ni cómo hubiera sido
vivir juntos
querernos
esperarnos
estar.
Ya no soy más que yo
para siempre y tú
ya
no serás para mí
más que tú. Ya no estás
en un día futuro
no sabré dónde vives
con quiénni si te acuerdas.
No me abrazarás nunca
como esa noche
nunca.
No volverá a tocarte.
No te veré morir.
Idea Vilariño. Poemas de amor (1957).
martes, 12 de octubre de 2010
Tú, has vuelto
Dame la mano, ángel
sin heridas.
Piedra, dame tu esquivo corazón sin arrugas.
Nube, dame tu rostro de repentina fruta.
Hermanos, sostenedme
la alegría.
Temo que la ceniza me invada de repente.
Voy a caer sin sangre, voy a volar mis sienes.
Pasa una larga rosa
por mis hombros.
Un mar adolescente me riza los cabellos.
Mis pies tocan apenas las cúpulas del viento.
Hermanos, rodeadme
porque temo
que mis ojos se alejen como trompos de niebla
o que sobre mi pecho se derrame la tierra.
Ángel sin duelo, dame
tu sonrisa.
Corroboradme hermanos para que yo no encuentre
sino andando a través de sus ojos la muerte.
Sara de Ibáñez. Canto (1938).
sin heridas.
Piedra, dame tu esquivo corazón sin arrugas.
Nube, dame tu rostro de repentina fruta.
Hermanos, sostenedme
la alegría.
Temo que la ceniza me invada de repente.
Voy a caer sin sangre, voy a volar mis sienes.
Pasa una larga rosa
por mis hombros.
Un mar adolescente me riza los cabellos.
Mis pies tocan apenas las cúpulas del viento.
Hermanos, rodeadme
porque temo
que mis ojos se alejen como trompos de niebla
o que sobre mi pecho se derrame la tierra.
Ángel sin duelo, dame
tu sonrisa.
Corroboradme hermanos para que yo no encuentre
sino andando a través de sus ojos la muerte.
Sara de Ibáñez. Canto (1938).
domingo, 10 de octubre de 2010
Nunca
Nunca me cansará mi oficio de hombre.
Hombre he sido y seré mientras exista.
Hombre no más: proyecto entre proyectos,
boca sedienta al cántaro adherida,
pies inseguros sobre el polvo ardiente,
espíritu y materia vulnerables
a todos los oprobios y las dichas...
Nunca me sentiré rey destronado
ni ángel abolido mientras viva,
sino aprendiz de hombre eternamente:
hombre con los que van por las colinas
hacia el jardín que siempre los repudia,
hombre con los que buscan entre escombros
la verdad necesaria y prohibida,
hombre entre los que labran con sus manos
lo que jamás hereda un alma digna,
¡porque de todo cuanto el hombre ha hecho
la sola herencia digna de los hombres
es el derecho de inventar la vida!
Jaime Torres Bodet. Sin tregua (1957).
Hombre he sido y seré mientras exista.
Hombre no más: proyecto entre proyectos,
boca sedienta al cántaro adherida,
pies inseguros sobre el polvo ardiente,
espíritu y materia vulnerables
a todos los oprobios y las dichas...
Nunca me sentiré rey destronado
ni ángel abolido mientras viva,
sino aprendiz de hombre eternamente:
hombre con los que van por las colinas
hacia el jardín que siempre los repudia,
hombre con los que buscan entre escombros
la verdad necesaria y prohibida,
hombre entre los que labran con sus manos
lo que jamás hereda un alma digna,
¡porque de todo cuanto el hombre ha hecho
la sola herencia digna de los hombres
es el derecho de inventar la vida!
Jaime Torres Bodet. Sin tregua (1957).
miércoles, 6 de octubre de 2010
[Oración de un desocupado]
Padre,
desde los cielos bájate, he olvidado
las oraciones que me enseñó la abuela,
pobrecita, ella reposa ahora,
no tiene que lavar, limpiar, no tiene
que preocuparse andando el día por la ropa,
no tiene que velar la noche, pena y pena,
rezar, pedirte cosas, rezongarte dulcemente.
Desde los cielos bájate, si estás, bájate entonces,
que me muero de hambre en esta esquina,
que no sé de qué sirve haber nacido,
que me miro las manos rechazadas,
que no hay trabajo, no hay,
bájate un poco, contempla
esto que soy, este zapato roto,
esta angustia, este estómago vacío,
esta ciudad sin pan para mis dientes, la fiebre
cavándome la carne,
este dormir así,
bajo la lluvia, castigado por el frío, perseguido
te digo que no entiendo, Padre, bájate,
tócame el alma, mírame
el corazón,
yo no robé, no asesiné, fui niño
y en cambio me golpean y golpean,
te digo que no entiendo, Padre, bájate,
si estás, que busco
resignación en mí y no tengo y voy
a agarrarme la rabia y a afilarla
para pegar y voy
a gritar a sangre en cuello
por que no puedo más, tengo riñones
y soy un hombre,
bájate, qué han hecho
de tu criatura, Padre?
un animal furioso
que mastica la piedra en la calle?
Juan Gelman. Violín y otras cuestiones (1956).
desde los cielos bájate, he olvidado
las oraciones que me enseñó la abuela,
pobrecita, ella reposa ahora,
no tiene que lavar, limpiar, no tiene
que preocuparse andando el día por la ropa,
no tiene que velar la noche, pena y pena,
rezar, pedirte cosas, rezongarte dulcemente.
Desde los cielos bájate, si estás, bájate entonces,
que me muero de hambre en esta esquina,
que no sé de qué sirve haber nacido,
que me miro las manos rechazadas,
que no hay trabajo, no hay,
bájate un poco, contempla
esto que soy, este zapato roto,
esta angustia, este estómago vacío,
esta ciudad sin pan para mis dientes, la fiebre
cavándome la carne,
este dormir así,
bajo la lluvia, castigado por el frío, perseguido
te digo que no entiendo, Padre, bájate,
tócame el alma, mírame
el corazón,
yo no robé, no asesiné, fui niño
y en cambio me golpean y golpean,
te digo que no entiendo, Padre, bájate,
si estás, que busco
resignación en mí y no tengo y voy
a agarrarme la rabia y a afilarla
para pegar y voy
a gritar a sangre en cuello
por que no puedo más, tengo riñones
y soy un hombre,
bájate, qué han hecho
de tu criatura, Padre?
un animal furioso
que mastica la piedra en la calle?
Juan Gelman. Violín y otras cuestiones (1956).
martes, 5 de octubre de 2010
[El espejo]
Me instalo frente a ti, miro tus ojos
y vigilo el espacio donde tu voz me busca.
Me estremece el dolor del encuentro imprevisto,
la sed con que te acercas al borde de mi sombra,
el hueco que descubres en la luz de mi espejo.
La soledad me arropa. Sólo en la noche existo.
Y nunca me detengo sobre el mismo minuto
en el que tú te apoyas para seguir llamándome.
Suéñame de otro modo. Sacude el saco triste
del idioma heredado. Cuéntale a las palabras
las historias oscuras que sólo tú conoces;
diles cómo te asusta mi presencia y mi odio,
cuánta muerte te cuesta acariciar mi huida.
A veces, en el centro mismo de tu pregunta,
me reconozco y corro hacia otra oscuridad:
es amargo encontrar al final de un abrazo
mi propio grito erguido y mi propio deseo.
Por eso me divido, me desdoblo y me hundo
en heridas distintas: me da miedo encontrarte.
Tu sonido es el mío. Tu tristeza, tus ropas
saben a mí, y me escuece el recuerdo adherido
al tiempo conciliado, al tiempo único
en que la conjunción habitó en nuestras sangres.
Eloy Sánchez Rosillo. Maneras de estar solo (1978).
y vigilo el espacio donde tu voz me busca.
Me estremece el dolor del encuentro imprevisto,
la sed con que te acercas al borde de mi sombra,
el hueco que descubres en la luz de mi espejo.
La soledad me arropa. Sólo en la noche existo.
Y nunca me detengo sobre el mismo minuto
en el que tú te apoyas para seguir llamándome.
Suéñame de otro modo. Sacude el saco triste
del idioma heredado. Cuéntale a las palabras
las historias oscuras que sólo tú conoces;
diles cómo te asusta mi presencia y mi odio,
cuánta muerte te cuesta acariciar mi huida.
A veces, en el centro mismo de tu pregunta,
me reconozco y corro hacia otra oscuridad:
es amargo encontrar al final de un abrazo
mi propio grito erguido y mi propio deseo.
Por eso me divido, me desdoblo y me hundo
en heridas distintas: me da miedo encontrarte.
Tu sonido es el mío. Tu tristeza, tus ropas
saben a mí, y me escuece el recuerdo adherido
al tiempo conciliado, al tiempo único
en que la conjunción habitó en nuestras sangres.
Eloy Sánchez Rosillo. Maneras de estar solo (1978).
domingo, 3 de octubre de 2010
Presento cartas credenciales
(De una reina humana para Artemís)
Soneto-balada
¿Es mi última misión? Ay, muy reacio
estoy en escalar a la tribuna.
Y subo los peldaños muy despacio.
Mañana tengo audiencia con la luna.
Mis credenciales en aquel palacio
dejaré, con, Señora, mi fortuna:
poemas de turquesa y de topacio;
mañana tengo audiencia con la luna.
Me verá, porque somos otra gente.
Poetas, astronautas de la mente.
Del niño y del amante la comuna.
¿Cartas? ¡Suspiros de la raza humana!
No sé si volveré, mi soberana.
Mañana tengo audiencia con la luna.
Aurelio Valls. Retorno a la poesía (1985).
sábado, 28 de agosto de 2010
[Hoy fui todo y uno a la vez]
Hoy fui todo y uno a la vez
en el mayor instante de vida
olvidado por los diarios y los televisores.
Fui aire luz y mar
fui mies y polen sobre la brisa.
Algo más que un corpúsculo
corpóreo e inconstante,
una mirada, apenas, una mirada.
Alejandro Fernández-Osorio. La exactitud del instante (2008).
en el mayor instante de vida
olvidado por los diarios y los televisores.
Fui aire luz y mar
fui mies y polen sobre la brisa.
Algo más que un corpúsculo
corpóreo e inconstante,
un desliz fui,
impalpable por el verbo.
La espuma en la cresta del silencio,
la tartamudez de la tarde,una mirada, apenas, una mirada.
Alejandro Fernández-Osorio. La exactitud del instante (2008).
sábado, 31 de julio de 2010
Esta infinita y patética belleza
El comienzo del verano y la noche
yace como un cuerpo herido
que la aurora no consigue desvelar.
Recorro la ciudad
taconeando
en las aceras agrietadas
con mis viejas botas
de Valverde,
tan cansadas como yo
del incesante embate
de cascos rotos y batallas.
Un contenedor
arde solitario en una esquina
ante los ojos embotados
de un borracho
que ya no sabe que lo está.
No hay policía.
Y es extraño.
Dos mecánicos amantes
se palpan las partes
con gestos agotados
que ni siquiera el último
tiro de nieve emponzoñada
es capaz de revivir.
Parpadean los semáforos
tintineando en huérfana advertencia.
Y no hay sencillamente estrellas
que me valgan.
Roger Wolfe. Arde Babilonia (1994).
yace como un cuerpo herido
que la aurora no consigue desvelar.
Recorro la ciudad
taconeando
en las aceras agrietadas
con mis viejas botas
de Valverde,
tan cansadas como yo
del incesante embate
de cascos rotos y batallas.
Un contenedor
arde solitario en una esquina
ante los ojos embotados
de un borracho
que ya no sabe que lo está.
No hay policía.
Y es extraño.
Dos mecánicos amantes
se palpan las partes
con gestos agotados
que ni siquiera el último
tiro de nieve emponzoñada
es capaz de revivir.
Parpadean los semáforos
tintineando en huérfana advertencia.
Y no hay sencillamente estrellas
que me valgan.
Roger Wolfe. Arde Babilonia (1994).
sábado, 3 de julio de 2010
[Tú eras columna de Babilonia o casi]
Tú eras columna de Babilonia o casi,
capítulo del beso de Babel cuando eras mano labios dedos torres,
historia alta de ti,
el libro de la voz deshojándose con paso de danza,
y la colonia que se despierta y escribe estrofas verdes,
y el viento era escabel para tus pies
en la luna bermeja del salón.
O cuando fuiste dioses, dioses para la adolescencia que se vende,
o antes, sí, antes de esperar casas
del lenguaje arquitecto,
templos para bisoledad y rastro lejano de ti,
mirando el ligero Mediterráneo,
aguardando una iluminación del nervioso mar,
un haz de días,
una camada lírica.
Blanca Andreu. De una chica de provincias que se vino a vivir en un Chagall (1981).
capítulo del beso de Babel cuando eras mano labios dedos torres,
historia alta de ti,
el libro de la voz deshojándose con paso de danza,
y la colonia que se despierta y escribe estrofas verdes,
y el viento era escabel para tus pies
en la luna bermeja del salón.
O cuando fuiste dioses, dioses para la adolescencia que se vende,
o antes, sí, antes de esperar casas
del lenguaje arquitecto,
templos para bisoledad y rastro lejano de ti,
mirando el ligero Mediterráneo,
aguardando una iluminación del nervioso mar,
un haz de días,
una camada lírica.
Blanca Andreu. De una chica de provincias que se vino a vivir en un Chagall (1981).
miércoles, 16 de junio de 2010
[Qué alegría, vivir]
Qué alegría, vivir
sintiéndose vivido.
Rendirse
a la gran certidumbre, oscuramente,
de que otro ser, fuera de mí, muy lejos,
me está viviendo.
Que cuando los espejos, los espías,
-azogues, almas cortas-, aseguran
que estoy aquí, yo, inmóvil,
con los ojos cerrados y los labios,
negándome al amor
de la luz, de la flor y de los nombres,
la verdad trasvisible es que camino
sin mis pasos, con otros,
allá lejos, y allí
estoy besando flores, luces, hablo.
Que hay otro ser por el que miro el mundo
porque me está queriendo con sus ojos.
Que hay otra voz con la que digo cosas
no sospechadas por mi gran silencio;
y es que también me quiere con su voz.
La vida —¡qué transporte ya!—, ignorancia
de lo que son mis actos, que ella hace,
en que ella vive, doble, suya y mía.
Y cuando ella me hable
de un cielo oscuro, de un paisaje blanco,
recordaré
estrellas que no vi, que ella miraba,
y nieve que nevaba allá en su cielo.
Con la extraña delicia de acordarse
de haber tocado lo que no toqué
sino con esas manos que no alcanzo
a coger con las mías, tan distantes.
Y todo enajenado podrá el cuerpo
descansar quieto, muerto ya. Morirse
en la alta confianza
de que este vivir mío no era sólo
mi vivir: era el nuestro. Y que me vive
otro ser por detrás de la no muerte.
Pedro Salinas. La voz a ti debida (1933).
sintiéndose vivido.
Rendirse
a la gran certidumbre, oscuramente,
de que otro ser, fuera de mí, muy lejos,
me está viviendo.
Que cuando los espejos, los espías,
-azogues, almas cortas-, aseguran
que estoy aquí, yo, inmóvil,
con los ojos cerrados y los labios,
negándome al amor
de la luz, de la flor y de los nombres,
la verdad trasvisible es que camino
sin mis pasos, con otros,
allá lejos, y allí
estoy besando flores, luces, hablo.
Que hay otro ser por el que miro el mundo
porque me está queriendo con sus ojos.
Que hay otra voz con la que digo cosas
no sospechadas por mi gran silencio;
y es que también me quiere con su voz.
La vida —¡qué transporte ya!—, ignorancia
de lo que son mis actos, que ella hace,
en que ella vive, doble, suya y mía.
Y cuando ella me hable
de un cielo oscuro, de un paisaje blanco,
recordaré
estrellas que no vi, que ella miraba,
y nieve que nevaba allá en su cielo.
Con la extraña delicia de acordarse
de haber tocado lo que no toqué
sino con esas manos que no alcanzo
a coger con las mías, tan distantes.
Y todo enajenado podrá el cuerpo
descansar quieto, muerto ya. Morirse
en la alta confianza
de que este vivir mío no era sólo
mi vivir: era el nuestro. Y que me vive
otro ser por detrás de la no muerte.
Pedro Salinas. La voz a ti debida (1933).
martes, 25 de mayo de 2010
[XXIII]
(VENTANA)
La ventana
con vistas al desnudo
donde aún sobrenada un seno solitario,
se prolonga imposible la tristísima
longitud de una media abandonada,
y los gatos erráticos,
lás pálidas botellas,
la lámpara encendida, moribunda señora,
en rigor para quién.
José Ángel Valente. Treinta y siete fragmentos (1972).
La ventana
con vistas al desnudo
donde aún sobrenada un seno solitario,
se prolonga imposible la tristísima
longitud de una media abandonada,
y los gatos erráticos,
lás pálidas botellas,
la lámpara encendida, moribunda señora,
en rigor para quién.
José Ángel Valente. Treinta y siete fragmentos (1972).
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