A veces sorprendía
flotando tu cabeza por mi cuerpo.
Era en agua cercada,
oscura en que dejaba de seguirte,
pero a toda la orilla,
desde el profundo centro estremecido
se impartía una onda
de corazón despierto, sin sosiego.
Estabas sobre el pecho
nocturno de inundadas soledades,
aquí comparecida, sin deseo,
sólo furtivamente abandonada,
como si una tormenta que olvidamos
hubiese desistido y no quedase
de ti más que esa dulce
provocación de párpados y labios.
Luego eras luz y transparencia tenue
y volvían las sombras a tenderse
sobre este mar de piel acantilada.
Carlos Barral. Las aguas reiteradas (1952).
jueves, 14 de octubre de 2010
miércoles, 13 de octubre de 2010
Ya no
Ya no será
ya no
no viviremos juntos
no criaré a tu hijo
no coseré tu ropa
no te tendré de noche
no te besaré al irme
nunca sabrás quién fui
por qué me amaron otros.
No llegaré a saber
por qué ni cómo nunca
ni si era de verdad
lo que dijiste que era
ni quién fuiste
ni qué fui para ti
ni cómo hubiera sido
vivir juntos
querernos
esperarnos
estar.
Ya no soy más que yo
para siempre y tú
ya
no serás para mí
más que tú. Ya no estás
en un día futuro
no sabré dónde vives
con quiénni si te acuerdas.
No me abrazarás nunca
como esa noche
nunca.
No volverá a tocarte.
No te veré morir.
Idea Vilariño. Poemas de amor (1957).
ya no
no viviremos juntos
no criaré a tu hijo
no coseré tu ropa
no te tendré de noche
no te besaré al irme
nunca sabrás quién fui
por qué me amaron otros.
No llegaré a saber
por qué ni cómo nunca
ni si era de verdad
lo que dijiste que era
ni quién fuiste
ni qué fui para ti
ni cómo hubiera sido
vivir juntos
querernos
esperarnos
estar.
Ya no soy más que yo
para siempre y tú
ya
no serás para mí
más que tú. Ya no estás
en un día futuro
no sabré dónde vives
con quiénni si te acuerdas.
No me abrazarás nunca
como esa noche
nunca.
No volverá a tocarte.
No te veré morir.
Idea Vilariño. Poemas de amor (1957).
martes, 12 de octubre de 2010
Tú, has vuelto
Dame la mano, ángel
sin heridas.
Piedra, dame tu esquivo corazón sin arrugas.
Nube, dame tu rostro de repentina fruta.
Hermanos, sostenedme
la alegría.
Temo que la ceniza me invada de repente.
Voy a caer sin sangre, voy a volar mis sienes.
Pasa una larga rosa
por mis hombros.
Un mar adolescente me riza los cabellos.
Mis pies tocan apenas las cúpulas del viento.
Hermanos, rodeadme
porque temo
que mis ojos se alejen como trompos de niebla
o que sobre mi pecho se derrame la tierra.
Ángel sin duelo, dame
tu sonrisa.
Corroboradme hermanos para que yo no encuentre
sino andando a través de sus ojos la muerte.
Sara de Ibáñez. Canto (1938).
sin heridas.
Piedra, dame tu esquivo corazón sin arrugas.
Nube, dame tu rostro de repentina fruta.
Hermanos, sostenedme
la alegría.
Temo que la ceniza me invada de repente.
Voy a caer sin sangre, voy a volar mis sienes.
Pasa una larga rosa
por mis hombros.
Un mar adolescente me riza los cabellos.
Mis pies tocan apenas las cúpulas del viento.
Hermanos, rodeadme
porque temo
que mis ojos se alejen como trompos de niebla
o que sobre mi pecho se derrame la tierra.
Ángel sin duelo, dame
tu sonrisa.
Corroboradme hermanos para que yo no encuentre
sino andando a través de sus ojos la muerte.
Sara de Ibáñez. Canto (1938).
domingo, 10 de octubre de 2010
Nunca
Nunca me cansará mi oficio de hombre.
Hombre he sido y seré mientras exista.
Hombre no más: proyecto entre proyectos,
boca sedienta al cántaro adherida,
pies inseguros sobre el polvo ardiente,
espíritu y materia vulnerables
a todos los oprobios y las dichas...
Nunca me sentiré rey destronado
ni ángel abolido mientras viva,
sino aprendiz de hombre eternamente:
hombre con los que van por las colinas
hacia el jardín que siempre los repudia,
hombre con los que buscan entre escombros
la verdad necesaria y prohibida,
hombre entre los que labran con sus manos
lo que jamás hereda un alma digna,
¡porque de todo cuanto el hombre ha hecho
la sola herencia digna de los hombres
es el derecho de inventar la vida!
Jaime Torres Bodet. Sin tregua (1957).
Hombre he sido y seré mientras exista.
Hombre no más: proyecto entre proyectos,
boca sedienta al cántaro adherida,
pies inseguros sobre el polvo ardiente,
espíritu y materia vulnerables
a todos los oprobios y las dichas...
Nunca me sentiré rey destronado
ni ángel abolido mientras viva,
sino aprendiz de hombre eternamente:
hombre con los que van por las colinas
hacia el jardín que siempre los repudia,
hombre con los que buscan entre escombros
la verdad necesaria y prohibida,
hombre entre los que labran con sus manos
lo que jamás hereda un alma digna,
¡porque de todo cuanto el hombre ha hecho
la sola herencia digna de los hombres
es el derecho de inventar la vida!
Jaime Torres Bodet. Sin tregua (1957).
miércoles, 6 de octubre de 2010
[Oración de un desocupado]
Padre,
desde los cielos bájate, he olvidado
las oraciones que me enseñó la abuela,
pobrecita, ella reposa ahora,
no tiene que lavar, limpiar, no tiene
que preocuparse andando el día por la ropa,
no tiene que velar la noche, pena y pena,
rezar, pedirte cosas, rezongarte dulcemente.
Desde los cielos bájate, si estás, bájate entonces,
que me muero de hambre en esta esquina,
que no sé de qué sirve haber nacido,
que me miro las manos rechazadas,
que no hay trabajo, no hay,
bájate un poco, contempla
esto que soy, este zapato roto,
esta angustia, este estómago vacío,
esta ciudad sin pan para mis dientes, la fiebre
cavándome la carne,
este dormir así,
bajo la lluvia, castigado por el frío, perseguido
te digo que no entiendo, Padre, bájate,
tócame el alma, mírame
el corazón,
yo no robé, no asesiné, fui niño
y en cambio me golpean y golpean,
te digo que no entiendo, Padre, bájate,
si estás, que busco
resignación en mí y no tengo y voy
a agarrarme la rabia y a afilarla
para pegar y voy
a gritar a sangre en cuello
por que no puedo más, tengo riñones
y soy un hombre,
bájate, qué han hecho
de tu criatura, Padre?
un animal furioso
que mastica la piedra en la calle?
Juan Gelman. Violín y otras cuestiones (1956).
desde los cielos bájate, he olvidado
las oraciones que me enseñó la abuela,
pobrecita, ella reposa ahora,
no tiene que lavar, limpiar, no tiene
que preocuparse andando el día por la ropa,
no tiene que velar la noche, pena y pena,
rezar, pedirte cosas, rezongarte dulcemente.
Desde los cielos bájate, si estás, bájate entonces,
que me muero de hambre en esta esquina,
que no sé de qué sirve haber nacido,
que me miro las manos rechazadas,
que no hay trabajo, no hay,
bájate un poco, contempla
esto que soy, este zapato roto,
esta angustia, este estómago vacío,
esta ciudad sin pan para mis dientes, la fiebre
cavándome la carne,
este dormir así,
bajo la lluvia, castigado por el frío, perseguido
te digo que no entiendo, Padre, bájate,
tócame el alma, mírame
el corazón,
yo no robé, no asesiné, fui niño
y en cambio me golpean y golpean,
te digo que no entiendo, Padre, bájate,
si estás, que busco
resignación en mí y no tengo y voy
a agarrarme la rabia y a afilarla
para pegar y voy
a gritar a sangre en cuello
por que no puedo más, tengo riñones
y soy un hombre,
bájate, qué han hecho
de tu criatura, Padre?
un animal furioso
que mastica la piedra en la calle?
Juan Gelman. Violín y otras cuestiones (1956).
martes, 5 de octubre de 2010
[El espejo]
Me instalo frente a ti, miro tus ojos
y vigilo el espacio donde tu voz me busca.
Me estremece el dolor del encuentro imprevisto,
la sed con que te acercas al borde de mi sombra,
el hueco que descubres en la luz de mi espejo.
La soledad me arropa. Sólo en la noche existo.
Y nunca me detengo sobre el mismo minuto
en el que tú te apoyas para seguir llamándome.
Suéñame de otro modo. Sacude el saco triste
del idioma heredado. Cuéntale a las palabras
las historias oscuras que sólo tú conoces;
diles cómo te asusta mi presencia y mi odio,
cuánta muerte te cuesta acariciar mi huida.
A veces, en el centro mismo de tu pregunta,
me reconozco y corro hacia otra oscuridad:
es amargo encontrar al final de un abrazo
mi propio grito erguido y mi propio deseo.
Por eso me divido, me desdoblo y me hundo
en heridas distintas: me da miedo encontrarte.
Tu sonido es el mío. Tu tristeza, tus ropas
saben a mí, y me escuece el recuerdo adherido
al tiempo conciliado, al tiempo único
en que la conjunción habitó en nuestras sangres.
Eloy Sánchez Rosillo. Maneras de estar solo (1978).
y vigilo el espacio donde tu voz me busca.
Me estremece el dolor del encuentro imprevisto,
la sed con que te acercas al borde de mi sombra,
el hueco que descubres en la luz de mi espejo.
La soledad me arropa. Sólo en la noche existo.
Y nunca me detengo sobre el mismo minuto
en el que tú te apoyas para seguir llamándome.
Suéñame de otro modo. Sacude el saco triste
del idioma heredado. Cuéntale a las palabras
las historias oscuras que sólo tú conoces;
diles cómo te asusta mi presencia y mi odio,
cuánta muerte te cuesta acariciar mi huida.
A veces, en el centro mismo de tu pregunta,
me reconozco y corro hacia otra oscuridad:
es amargo encontrar al final de un abrazo
mi propio grito erguido y mi propio deseo.
Por eso me divido, me desdoblo y me hundo
en heridas distintas: me da miedo encontrarte.
Tu sonido es el mío. Tu tristeza, tus ropas
saben a mí, y me escuece el recuerdo adherido
al tiempo conciliado, al tiempo único
en que la conjunción habitó en nuestras sangres.
Eloy Sánchez Rosillo. Maneras de estar solo (1978).
domingo, 3 de octubre de 2010
Presento cartas credenciales
(De una reina humana para Artemís)
Soneto-balada
¿Es mi última misión? Ay, muy reacio
estoy en escalar a la tribuna.
Y subo los peldaños muy despacio.
Mañana tengo audiencia con la luna.
Mis credenciales en aquel palacio
dejaré, con, Señora, mi fortuna:
poemas de turquesa y de topacio;
mañana tengo audiencia con la luna.
Me verá, porque somos otra gente.
Poetas, astronautas de la mente.
Del niño y del amante la comuna.
¿Cartas? ¡Suspiros de la raza humana!
No sé si volveré, mi soberana.
Mañana tengo audiencia con la luna.
Aurelio Valls. Retorno a la poesía (1985).
sábado, 28 de agosto de 2010
[Hoy fui todo y uno a la vez]
Hoy fui todo y uno a la vez
en el mayor instante de vida
olvidado por los diarios y los televisores.
Fui aire luz y mar
fui mies y polen sobre la brisa.
Algo más que un corpúsculo
corpóreo e inconstante,
una mirada, apenas, una mirada.
Alejandro Fernández-Osorio. La exactitud del instante (2008).
en el mayor instante de vida
olvidado por los diarios y los televisores.
Fui aire luz y mar
fui mies y polen sobre la brisa.
Algo más que un corpúsculo
corpóreo e inconstante,
un desliz fui,
impalpable por el verbo.
La espuma en la cresta del silencio,
la tartamudez de la tarde,una mirada, apenas, una mirada.
Alejandro Fernández-Osorio. La exactitud del instante (2008).
sábado, 31 de julio de 2010
Esta infinita y patética belleza
El comienzo del verano y la noche
yace como un cuerpo herido
que la aurora no consigue desvelar.
Recorro la ciudad
taconeando
en las aceras agrietadas
con mis viejas botas
de Valverde,
tan cansadas como yo
del incesante embate
de cascos rotos y batallas.
Un contenedor
arde solitario en una esquina
ante los ojos embotados
de un borracho
que ya no sabe que lo está.
No hay policía.
Y es extraño.
Dos mecánicos amantes
se palpan las partes
con gestos agotados
que ni siquiera el último
tiro de nieve emponzoñada
es capaz de revivir.
Parpadean los semáforos
tintineando en huérfana advertencia.
Y no hay sencillamente estrellas
que me valgan.
Roger Wolfe. Arde Babilonia (1994).
yace como un cuerpo herido
que la aurora no consigue desvelar.
Recorro la ciudad
taconeando
en las aceras agrietadas
con mis viejas botas
de Valverde,
tan cansadas como yo
del incesante embate
de cascos rotos y batallas.
Un contenedor
arde solitario en una esquina
ante los ojos embotados
de un borracho
que ya no sabe que lo está.
No hay policía.
Y es extraño.
Dos mecánicos amantes
se palpan las partes
con gestos agotados
que ni siquiera el último
tiro de nieve emponzoñada
es capaz de revivir.
Parpadean los semáforos
tintineando en huérfana advertencia.
Y no hay sencillamente estrellas
que me valgan.
Roger Wolfe. Arde Babilonia (1994).
sábado, 3 de julio de 2010
[Tú eras columna de Babilonia o casi]
Tú eras columna de Babilonia o casi,
capítulo del beso de Babel cuando eras mano labios dedos torres,
historia alta de ti,
el libro de la voz deshojándose con paso de danza,
y la colonia que se despierta y escribe estrofas verdes,
y el viento era escabel para tus pies
en la luna bermeja del salón.
O cuando fuiste dioses, dioses para la adolescencia que se vende,
o antes, sí, antes de esperar casas
del lenguaje arquitecto,
templos para bisoledad y rastro lejano de ti,
mirando el ligero Mediterráneo,
aguardando una iluminación del nervioso mar,
un haz de días,
una camada lírica.
Blanca Andreu. De una chica de provincias que se vino a vivir en un Chagall (1981).
capítulo del beso de Babel cuando eras mano labios dedos torres,
historia alta de ti,
el libro de la voz deshojándose con paso de danza,
y la colonia que se despierta y escribe estrofas verdes,
y el viento era escabel para tus pies
en la luna bermeja del salón.
O cuando fuiste dioses, dioses para la adolescencia que se vende,
o antes, sí, antes de esperar casas
del lenguaje arquitecto,
templos para bisoledad y rastro lejano de ti,
mirando el ligero Mediterráneo,
aguardando una iluminación del nervioso mar,
un haz de días,
una camada lírica.
Blanca Andreu. De una chica de provincias que se vino a vivir en un Chagall (1981).
miércoles, 16 de junio de 2010
[Qué alegría, vivir]
Qué alegría, vivir
sintiéndose vivido.
Rendirse
a la gran certidumbre, oscuramente,
de que otro ser, fuera de mí, muy lejos,
me está viviendo.
Que cuando los espejos, los espías,
-azogues, almas cortas-, aseguran
que estoy aquí, yo, inmóvil,
con los ojos cerrados y los labios,
negándome al amor
de la luz, de la flor y de los nombres,
la verdad trasvisible es que camino
sin mis pasos, con otros,
allá lejos, y allí
estoy besando flores, luces, hablo.
Que hay otro ser por el que miro el mundo
porque me está queriendo con sus ojos.
Que hay otra voz con la que digo cosas
no sospechadas por mi gran silencio;
y es que también me quiere con su voz.
La vida —¡qué transporte ya!—, ignorancia
de lo que son mis actos, que ella hace,
en que ella vive, doble, suya y mía.
Y cuando ella me hable
de un cielo oscuro, de un paisaje blanco,
recordaré
estrellas que no vi, que ella miraba,
y nieve que nevaba allá en su cielo.
Con la extraña delicia de acordarse
de haber tocado lo que no toqué
sino con esas manos que no alcanzo
a coger con las mías, tan distantes.
Y todo enajenado podrá el cuerpo
descansar quieto, muerto ya. Morirse
en la alta confianza
de que este vivir mío no era sólo
mi vivir: era el nuestro. Y que me vive
otro ser por detrás de la no muerte.
Pedro Salinas. La voz a ti debida (1933).
sintiéndose vivido.
Rendirse
a la gran certidumbre, oscuramente,
de que otro ser, fuera de mí, muy lejos,
me está viviendo.
Que cuando los espejos, los espías,
-azogues, almas cortas-, aseguran
que estoy aquí, yo, inmóvil,
con los ojos cerrados y los labios,
negándome al amor
de la luz, de la flor y de los nombres,
la verdad trasvisible es que camino
sin mis pasos, con otros,
allá lejos, y allí
estoy besando flores, luces, hablo.
Que hay otro ser por el que miro el mundo
porque me está queriendo con sus ojos.
Que hay otra voz con la que digo cosas
no sospechadas por mi gran silencio;
y es que también me quiere con su voz.
La vida —¡qué transporte ya!—, ignorancia
de lo que son mis actos, que ella hace,
en que ella vive, doble, suya y mía.
Y cuando ella me hable
de un cielo oscuro, de un paisaje blanco,
recordaré
estrellas que no vi, que ella miraba,
y nieve que nevaba allá en su cielo.
Con la extraña delicia de acordarse
de haber tocado lo que no toqué
sino con esas manos que no alcanzo
a coger con las mías, tan distantes.
Y todo enajenado podrá el cuerpo
descansar quieto, muerto ya. Morirse
en la alta confianza
de que este vivir mío no era sólo
mi vivir: era el nuestro. Y que me vive
otro ser por detrás de la no muerte.
Pedro Salinas. La voz a ti debida (1933).
martes, 25 de mayo de 2010
[XXIII]
(VENTANA)
La ventana
con vistas al desnudo
donde aún sobrenada un seno solitario,
se prolonga imposible la tristísima
longitud de una media abandonada,
y los gatos erráticos,
lás pálidas botellas,
la lámpara encendida, moribunda señora,
en rigor para quién.
José Ángel Valente. Treinta y siete fragmentos (1972).
La ventana
con vistas al desnudo
donde aún sobrenada un seno solitario,
se prolonga imposible la tristísima
longitud de una media abandonada,
y los gatos erráticos,
lás pálidas botellas,
la lámpara encendida, moribunda señora,
en rigor para quién.
José Ángel Valente. Treinta y siete fragmentos (1972).
viernes, 7 de mayo de 2010
A mano armada
A mano armada,
cuando la noche impone su costumbre de insomnio
y convierte
cada minuto en el aniversario
de todos los sucesos de una vida;
allí,
en la esquina más negra del desamparo, donde
el nunca y el ayer trazan su cruz de sombras,
los recuerdos me asaltan.
Unos empuñan tu mirada,
el alma blanca de un lejano sueño,
y con voz inaudible,
con implacables labios silenciosos,
¡el olvido o la vida!,
Reconozco los rostros.
Cierro los ojos para ver más hondo
y siento
que me apuñalan fría,
justamente,
con ese hierro viejo:
Ángel González. Breves acotaciones para una biografía (1971).
cuando la noche impone su costumbre de insomnio
y convierte
cada minuto en el aniversario
de todos los sucesos de una vida;
allí,
en la esquina más negra del desamparo, donde
el nunca y el ayer trazan su cruz de sombras,
los recuerdos me asaltan.
Unos empuñan tu mirada,
otros
apoyan en mi espalda,el alma blanca de un lejano sueño,
y con voz inaudible,
con implacables labios silenciosos,
¡el olvido o la vida!,
me reclaman.
Reconozco los rostros.
No hurto el cuerpo.
Cierro los ojos para ver más hondo
y siento
que me apuñalan fría,
justamente,
con ese hierro viejo:
la memoria.
Ángel González. Breves acotaciones para una biografía (1971).
martes, 4 de mayo de 2010
[Si después de llorar has de vivir]
Si después de llorar has de vivir
y tus lágrimas fueron de morir
y no mueres, por ser flexible acero
la astucia oculta tu amor entero,
y si escondido llamas desleal
a memoria que mata, y no es cabal
tu olvido, y te combaten sin figura
recuerdos que no quieren sepultura,
y si te salen sombras al camino
reclamando lugar en tu destino,
y recelo que de ti se esconde
a angustiada pregunta no responde,
y si sabes de voces sin palabras
que te piden albergue, y que no abras
dice el miedo a espantar la certidumbre
que anida en peñas de insegura cumbre,
no estás vivo ni muerto, sino en trance
de morir y nacer, y no hay avance
posible si no mueres por completo
una vez en tu vida, sin secreto
para nadie que viva en tu interior
con el diáfano rostro de amor,
y si muriendo así no lloran ellos
en silencio, no lágrimas, destellos
que iluminen tu gracia moribunda
y con su luz eviten que se hunda
en rencoroso lago de no ser
tu esperada figura y el quehacer
que te cumple. Y yo te enviaría
mis águilas después de tu agonía.
Rafael Dieste. Rojo farol amante (1936).
y tus lágrimas fueron de morir
y no mueres, por ser flexible acero
la astucia oculta tu amor entero,
y si escondido llamas desleal
a memoria que mata, y no es cabal
tu olvido, y te combaten sin figura
recuerdos que no quieren sepultura,
y si te salen sombras al camino
reclamando lugar en tu destino,
y recelo que de ti se esconde
a angustiada pregunta no responde,
y si sabes de voces sin palabras
que te piden albergue, y que no abras
dice el miedo a espantar la certidumbre
que anida en peñas de insegura cumbre,
no estás vivo ni muerto, sino en trance
de morir y nacer, y no hay avance
posible si no mueres por completo
una vez en tu vida, sin secreto
para nadie que viva en tu interior
con el diáfano rostro de amor,
y si muriendo así no lloran ellos
en silencio, no lágrimas, destellos
que iluminen tu gracia moribunda
y con su luz eviten que se hunda
en rencoroso lago de no ser
tu esperada figura y el quehacer
que te cumple. Y yo te enviaría
mis águilas después de tu agonía.
Rafael Dieste. Rojo farol amante (1936).
viernes, 30 de abril de 2010
Gorrión
No olvida. No se aleja
este granuja astuto
de nuestra vida. Siempre
de prestado, sin rumbo,
como cualquiera, aquí anda,
se lava aquí, tozudo,
entre nuestros zapatos.
¿Qué busca en nuestro oscuro
vivir? ¿Qué amor encuentra
en nuestro pan tan duro?
Ya dio al aire a los muertos
este gorrión que pudo
volar pero aquí sigue,
aquí abajo, seguro,
metiendo en su pechuga
todo el polvo del mundo.
Claudio Rodríguez. Alianza y condena (1965).
este granuja astuto
de nuestra vida. Siempre
de prestado, sin rumbo,
como cualquiera, aquí anda,
se lava aquí, tozudo,
entre nuestros zapatos.
¿Qué busca en nuestro oscuro
vivir? ¿Qué amor encuentra
en nuestro pan tan duro?
Ya dio al aire a los muertos
este gorrión que pudo
volar pero aquí sigue,
aquí abajo, seguro,
metiendo en su pechuga
todo el polvo del mundo.
Claudio Rodríguez. Alianza y condena (1965).
jueves, 29 de abril de 2010
Epitafio sin amor
Mientras vivió, permaneció en lo alto. Hoy quedan
retratos pisoteados, libros y panegíricos,
y algo como un horror en la conciencia
colectiva. Su nombre, por fortuna,
ha pasado a la historia para ser
ira, desprecio, escándalo
de las generaciones,
y aún dura en las cloacas de aquel tiempo sombrío.
Pero la maquinaria que creó
no dura. Pieza a pieza, el engranaje
fue sustituido sin piedad.
Un viento popular barrió las vigas
carcomidas, el moho, las distancias,
y en el silencio que quedara en pie
fue posible por fin la primavera.
Carlos Sahagún. Estar contigo (1973).
retratos pisoteados, libros y panegíricos,
y algo como un horror en la conciencia
colectiva. Su nombre, por fortuna,
ha pasado a la historia para ser
ira, desprecio, escándalo
de las generaciones,
y aún dura en las cloacas de aquel tiempo sombrío.
Pero la maquinaria que creó
no dura. Pieza a pieza, el engranaje
fue sustituido sin piedad.
Un viento popular barrió las vigas
carcomidas, el moho, las distancias,
y en el silencio que quedara en pie
fue posible por fin la primavera.
Carlos Sahagún. Estar contigo (1973).
miércoles, 28 de abril de 2010
A un desahuciado
Poco valoras, menos te entusiasma;
a todo indiferente, más que sabio
pareces sordomudo. Pues hastías,
nadie te quiere ver; tu exigua talla
molesta en salas, playas, urinarios.
Fuera fácil la enmienda, pues conmigo
los ojos te chispean, ríes, gritas,
y a un eremita santo le diviertes
si le hablas de tus vicios. Tan secretos
no son como tú crees, y así ayuntas
murmuración y tedio. Comunica
alegría, no ajada, a sus oídos,
y que todos te envidien la inocencia.
En brevedad ancianará tu cuerpo,
y pues vives por él, aunque precario,
cultiva el vicio, y nunca lo abandones.
Francisco Brines. Aún no (1971). De "Composición de lugar".
Hoy ha sido galardonado con el Premio Reina Sofía de Poesía.
a todo indiferente, más que sabio
pareces sordomudo. Pues hastías,
nadie te quiere ver; tu exigua talla
molesta en salas, playas, urinarios.
Fuera fácil la enmienda, pues conmigo
los ojos te chispean, ríes, gritas,
y a un eremita santo le diviertes
si le hablas de tus vicios. Tan secretos
no son como tú crees, y así ayuntas
murmuración y tedio. Comunica
alegría, no ajada, a sus oídos,
y que todos te envidien la inocencia.
En brevedad ancianará tu cuerpo,
y pues vives por él, aunque precario,
cultiva el vicio, y nunca lo abandones.
Francisco Brines. Aún no (1971). De "Composición de lugar".
Hoy ha sido galardonado con el Premio Reina Sofía de Poesía.
miércoles, 31 de marzo de 2010
Velero de sueños
¡Ay!, si ya no estuvieras,
si no te viera más,
si tocara ahora mismo con mis dedos
el evidente hueco de tu ausencia
y sintiera la sed de tu distancia,
se me llenaría el alma,
como un huerto,
de naranjas amargas y tardías.
¿Pero cómo sería ese sabor?
A fuerza de añorarlo ansiosamente,
me embarco en el velero de mis sueños
huyendo de tu olor y tu contacto.
¡Ay! si ya no estuvieras,
con qué hondura y qué fuerza de marea salobre te querría.
Carmen Martín Gaite.
si no te viera más,
si tocara ahora mismo con mis dedos
el evidente hueco de tu ausencia
y sintiera la sed de tu distancia,
se me llenaría el alma,
como un huerto,
de naranjas amargas y tardías.
¿Pero cómo sería ese sabor?
A fuerza de añorarlo ansiosamente,
me embarco en el velero de mis sueños
huyendo de tu olor y tu contacto.
¡Ay! si ya no estuvieras,
con qué hondura y qué fuerza de marea salobre te querría.
Carmen Martín Gaite.
lunes, 29 de marzo de 2010
Tendidos
Llueve, y amo.
Jadean, en extendida sombra,
dos sombras vivas, hozan la nada,
y en ella se alimentan.
mientras la sombra se extingue hacia más sombra,
y el reposo de las sábanas
de las furias del cuerpo
es el agrandamiento de quien ha de morir,
y sin pedir la vida, la vida le desborda
hasta negar la muerte miserable,
la herrumbre de los cuerpos aún vivos
y las sombras ya huecas de los muertos.
Francisco Brines. Aún no (1971).
Jadean, en extendida sombra,
dos sombras vivas, hozan la nada,
y en ella se alimentan.
Son jirones de luz,
y a su luz se ven ojos, muslos, cabellos,mientras la sombra se extingue hacia más sombra,
y el reposo de las sábanas
de las furias del cuerpo
es el agrandamiento de quien ha de morir,
y sin pedir la vida, la vida le desborda
hasta negar la muerte miserable,
la herrumbre de los cuerpos aún vivos
y las sombras ya huecas de los muertos.
Francisco Brines. Aún no (1971).
martes, 23 de marzo de 2010
El niño
Advierto que he olvidado al niño que yo fui,
y acaso ese niño ya haya muerto.
En vano miro unas fotografías,
que amarillean sin provocar recuerdos.
Pantalón corto,
blanca y sin corbata la camisa.
De la mano,
de la que fue mi madre.
En una plaza innominada y fría
junto a una fuente seca, serio el rostro,
encogido, ante ese ojo ciego
del artista del cliché callejero.
Y al lado de unos árboles, sin hojas ni color,
abrigo de botones, largo como el invierno,
y botas de cordones y calcetines gruesos.
Una vez y otra lo intento, me concentro,
y no alcanzo el encuentro.
Lo perdí, me he perdido.
Cortadas mis raíces, borrada la memoria,
soy sólo un hombre engastado al vacío,
sin derecho al mañana,
con el ayer huido.
Pedro Crespo. País de naipes y relojes (1984).
y acaso ese niño ya haya muerto.
En vano miro unas fotografías,
que amarillean sin provocar recuerdos.
Pantalón corto,
blanca y sin corbata la camisa.
De la mano,
de la que fue mi madre.
En una plaza innominada y fría
junto a una fuente seca, serio el rostro,
encogido, ante ese ojo ciego
del artista del cliché callejero.
Y al lado de unos árboles, sin hojas ni color,
abrigo de botones, largo como el invierno,
y botas de cordones y calcetines gruesos.
Una vez y otra lo intento, me concentro,
y no alcanzo el encuentro.
Lo perdí, me he perdido.
Cortadas mis raíces, borrada la memoria,
soy sólo un hombre engastado al vacío,
sin derecho al mañana,
con el ayer huido.
Pedro Crespo. País de naipes y relojes (1984).
domingo, 21 de marzo de 2010
La alcoba y el tiempo
Se diría que el tiempo
no sale de esta alcoba,
que es más bien el espacio
quien se mueva y transforma.
Cuatro paredes. Unos
zapatos en la alfombra
vacíos. Un espejo.
Una bombilla rota...
Se diría que el tiempo
no pasa cuando gozan
los dioses. Se diría
que es eterna la rosa.
Cuántos niños suplican
nombre y ser en la alcoba,
hijos del viento impuro
y la ceniza honda.
Se diría que el tiempo
no se da ni se toma,
que el tiempo es como el vino
recogido en la copa,
desgraciado en el suelo
y feliz en la boca.
Joaquín Caro Romero. El tiempo en el espejo (1966).
no sale de esta alcoba,
que es más bien el espacio
quien se mueva y transforma.
Cuatro paredes. Unos
zapatos en la alfombra
vacíos. Un espejo.
Una bombilla rota...
Se diría que el tiempo
no pasa cuando gozan
los dioses. Se diría
que es eterna la rosa.
Cuántos niños suplican
nombre y ser en la alcoba,
hijos del viento impuro
y la ceniza honda.
Se diría que el tiempo
no se da ni se toma,
que el tiempo es como el vino
recogido en la copa,
desgraciado en el suelo
y feliz en la boca.
Joaquín Caro Romero. El tiempo en el espejo (1966).
jueves, 11 de marzo de 2010
El tiempo difícil (V)
Cantamos.
Cantamos por las calles -avenidas a medias-
con nuestro amor -¿amor aquello?- sobre
la espalda recién cicatrizada aún.
Y tardes enteras
en las vespertinas sesiones de cines humildes
cogidos de la mano -¿amor aquello?- inútilmente
horas y más horas. Hasta casi las nueve de la
noche.
Y luego el reverendo padre
en el púlpito barroco y torturado
acusándonos a todos -¿amor aquello?-
por unos besos nunca omitidos.
Y a pesar de todo
cantamos hasta abordar tus labios
con mis labios desesperadamente hartos
del silencio no vida tantas horas paradas
ante el escaparate iluminado.
¿Amor aquello?
Sí amor aquello
unido abrazo pleno hasta saciar la sed
del dedo la palabra el llanto
la agonía de los besos furtivos
en un baile aséptico domingo por la tarde
En la ciudad.
José Antonio Labordeta.
Cantamos por las calles -avenidas a medias-
con nuestro amor -¿amor aquello?- sobre
la espalda recién cicatrizada aún.
Y tardes enteras
en las vespertinas sesiones de cines humildes
cogidos de la mano -¿amor aquello?- inútilmente
horas y más horas. Hasta casi las nueve de la
noche.
Y luego el reverendo padre
en el púlpito barroco y torturado
acusándonos a todos -¿amor aquello?-
por unos besos nunca omitidos.
Y a pesar de todo
cantamos hasta abordar tus labios
con mis labios desesperadamente hartos
del silencio no vida tantas horas paradas
ante el escaparate iluminado.
¿Amor aquello?
Sí amor aquello
unido abrazo pleno hasta saciar la sed
del dedo la palabra el llanto
la agonía de los besos furtivos
en un baile aséptico domingo por la tarde
En la ciudad.
José Antonio Labordeta.
miércoles, 10 de marzo de 2010
Deterioro amoroso
Construimos una casa con erizos, flores de hule y ventanas de papel maché.
Y no queríamos ser mayores, queríamos quedarnos dentro del recinto
que tus dedos y mi cuello delinearon en la degenerada retina del tiempo.
Luego, rompimos todas las referencias, todo lo útil, todo lo que fuera racionalidad,
para dejar paso a un destino premeditadamente bohemio.
Y no queríamos crecer, queríamos vivir entre los enanos y las brujas de Buenos Aires y Madrid.
Pero la ambición hizo que ampliáramos el horizonte: creamos un jardín demasiado barroco,
un patio donde las hadas se hacían criadas gratuitas y bien dispuestas.
Y nos planteamos el envejecer un poquito, no mucho, lo suficiente para ya no retornar a la sencillez nunca más,
creyendo que de tanto exprimir nuestra imaginación
le haríamos abortar una idea perfecta,
aquella que nos faltaba para escupir al cielo.
Entonces vinieron las inundaciones, las ciénagas, el barro pisoteando a nuestros dioses.
Y quisimos volver a empezar,
quisimos destruirlo todo, pero no pudimos porque una obra divina nunca sería igualada
por unos pobres tendones mortales.
Almudena Guzmán. Poemas de Lida Sal (1981).
Y no queríamos ser mayores, queríamos quedarnos dentro del recinto
que tus dedos y mi cuello delinearon en la degenerada retina del tiempo.
Luego, rompimos todas las referencias, todo lo útil, todo lo que fuera racionalidad,
para dejar paso a un destino premeditadamente bohemio.
Y no queríamos crecer, queríamos vivir entre los enanos y las brujas de Buenos Aires y Madrid.
Pero la ambición hizo que ampliáramos el horizonte: creamos un jardín demasiado barroco,
un patio donde las hadas se hacían criadas gratuitas y bien dispuestas.
Y nos planteamos el envejecer un poquito, no mucho, lo suficiente para ya no retornar a la sencillez nunca más,
creyendo que de tanto exprimir nuestra imaginación
le haríamos abortar una idea perfecta,
aquella que nos faltaba para escupir al cielo.
Entonces vinieron las inundaciones, las ciénagas, el barro pisoteando a nuestros dioses.
Y quisimos volver a empezar,
quisimos destruirlo todo, pero no pudimos porque una obra divina nunca sería igualada
por unos pobres tendones mortales.
Almudena Guzmán. Poemas de Lida Sal (1981).
domingo, 7 de marzo de 2010
No perdona el recuerdo
¿Qué región del olvido vuelve ahora?
Ráfagas de niñez, aire punzante
de un rincón o de un mueble o de un instante,
muertos, traen su evidencia ahogadora.
¿Qué me quieres, oh luz de aquella hora?
¿No te sufrí y gocé y soñé bastante?
¿Por qué me asaltas, dura, interrogante?
¿Es que voy a morir? Al fin, reaflora
todo lo que fingí, como al descuido
perder en un asiento el tranvía.
Tal vez, en mi ansia, a medias lo he vivido
y algo añora, y se queja, y desvaría.
No me libertaré con el olvido
de mi eterno infeliz de cada día.
José María Valverde. Versos del domingo (1954).
Ráfagas de niñez, aire punzante
de un rincón o de un mueble o de un instante,
muertos, traen su evidencia ahogadora.
¿Qué me quieres, oh luz de aquella hora?
¿No te sufrí y gocé y soñé bastante?
¿Por qué me asaltas, dura, interrogante?
¿Es que voy a morir? Al fin, reaflora
todo lo que fingí, como al descuido
perder en un asiento el tranvía.
Tal vez, en mi ansia, a medias lo he vivido
y algo añora, y se queja, y desvaría.
No me libertaré con el olvido
de mi eterno infeliz de cada día.
José María Valverde. Versos del domingo (1954).
miércoles, 3 de marzo de 2010
Poema
Uno se va gastando, cada día, en la vida.
Todo lo deseó, a todo se fue acercando.
Vino desde el misterio sin saber qué traía,
y todo, aunque lo amó, lo ha ido abandonando.
Larga carrera ardiente, espeso vivir de fiebres.
Nadie perdona nunca el quedarse en la sombra.
Y una tiene que ir, como van las corrientes
por la tierra feraz, volviéndola más honda.
Se vive con lealtad, cada sangre recibe
un aluvión de impulsos, un grito de aventura.
Aquellos que se van, al amarnos exigen
que sea inextinguible la luz que irradia una.
¡Oh, pero el que vive por tantos que no viven
no puede persistir en un amor cerrado!
Está la inagotable pradera irresistible
del mundo del ensueño, eterno y renovado!
Carmen Conde. En un mundo de fugitivos (1960).
Todo lo deseó, a todo se fue acercando.
Vino desde el misterio sin saber qué traía,
y todo, aunque lo amó, lo ha ido abandonando.
Larga carrera ardiente, espeso vivir de fiebres.
Nadie perdona nunca el quedarse en la sombra.
Y una tiene que ir, como van las corrientes
por la tierra feraz, volviéndola más honda.
Se vive con lealtad, cada sangre recibe
un aluvión de impulsos, un grito de aventura.
Aquellos que se van, al amarnos exigen
que sea inextinguible la luz que irradia una.
¡Oh, pero el que vive por tantos que no viven
no puede persistir en un amor cerrado!
Está la inagotable pradera irresistible
del mundo del ensueño, eterno y renovado!
Carmen Conde. En un mundo de fugitivos (1960).
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