Empieza el llanto
de la guitarra.
Se rompen las copas
de la madrugada.
Empieza el llanto
de la guitarra.
Es inútil
callarla.
Llora monótona
como llora el agua,
como llora el viento
sobre la nevada.
Es imposible
callarla.
Llora por cosas
lejanas.
Arena del Sur caliente
que pide camelias blancas.
Llora flecha sin blanco,
la tarde sin mañana,
y el primer pájaro muerto
sobre la rama.
¡Oh guitarra!
Corazón malherido
por cinco espadas.
Federico García Lorca. Poema del cante jondo (1921).
domingo, 17 de mayo de 2009
jueves, 14 de mayo de 2009
Remota luz
Si de tierras hermosas retorno,
¿qué traigo? ¡Me cegó su resplandor!
Las manos desnudas, rudas, nada,
no traigo nada: traigo una canción.
Tierra buena, murmullo lánguido,
caricia, tierra casta,
¿cuál tu nombre, tu nombre tierra mía,
tu nombre Herminia, Marta?
Dorado arrullo eras.
Yo te besé tierra del gozo.
Tu noche era honda y grave,
y tu día, a mis ojos, una montaña de oro.
Tierra, tierra dulce y suave,
¿cómo era tu faz, tierra morena?
Aurelio Arturo. Morada al sur (1963).
¿qué traigo? ¡Me cegó su resplandor!
Las manos desnudas, rudas, nada,
no traigo nada: traigo una canción.
Tierra buena, murmullo lánguido,
caricia, tierra casta,
¿cuál tu nombre, tu nombre tierra mía,
tu nombre Herminia, Marta?
Dorado arrullo eras.
Yo te besé tierra del gozo.
Tu noche era honda y grave,
y tu día, a mis ojos, una montaña de oro.
Tierra, tierra dulce y suave,
¿cómo era tu faz, tierra morena?
Aurelio Arturo. Morada al sur (1963).
martes, 12 de mayo de 2009
Lovers go home
Ahora que empecé el día
volviendo a tu mirada
y me encontraste bien
y te encontré más linda
ahora que por fin
está bastante claro
dondes estás y donde
sé por primera vez
que tendré fuerzas
para construir contigo
una amistad tan piola
que del vecino
territorio del amor
ese desesperado
empezarán a mirarnos
con envidia
y acabarán organizando
excursiones
para venir a preguntarnos
cómo hicimos.
Mario Benedetti. El amor, las mujeres y la vida (1995).
volviendo a tu mirada
y me encontraste bien
y te encontré más linda
ahora que por fin
está bastante claro
dondes estás y donde
estoy
sé por primera vez
que tendré fuerzas
para construir contigo
una amistad tan piola
que del vecino
territorio del amor
ese desesperado
empezarán a mirarnos
con envidia
y acabarán organizando
excursiones
para venir a preguntarnos
cómo hicimos.
Mario Benedetti. El amor, las mujeres y la vida (1995).
lunes, 11 de mayo de 2009
American Poem
Viendo perderse el coche,
autolavado adentro,
mientras el agua bate esta gran cristalera,
no sé si por cansancio, por mal humor
y por falta de sueño,
imagino la vida perfecta, renovada
a cambio nada más de unas monedas.
Imagino un cartel vacilante
en medio del desierto:
Abrillantado de las ilusiones.
Cepillado del alma.
Lavado a fondo de cualquier infortunio.
Secado cuidadoso de la memoria harta.
Y pagar y marcharse.
Dinero fácil, fáciles esperanzas,
vida fácil.
Viendo perderse el coche,
tren de lavado adentro,
me asalta una nostalgia indefinida
y perpetro absurdas teorías sobre los paraísos.
Carlos Marzal. Los países nocturnos (1996).
autolavado adentro,
mientras el agua bate esta gran cristalera,
no sé si por cansancio, por mal humor
y por falta de sueño,
imagino la vida perfecta, renovada
a cambio nada más de unas monedas.
Imagino un cartel vacilante
en medio del desierto:
Abrillantado de las ilusiones.
Cepillado del alma.
Lavado a fondo de cualquier infortunio.
Secado cuidadoso de la memoria harta.
Y pagar y marcharse.
Dinero fácil, fáciles esperanzas,
vida fácil.
Viendo perderse el coche,
tren de lavado adentro,
me asalta una nostalgia indefinida
y perpetro absurdas teorías sobre los paraísos.
Carlos Marzal. Los países nocturnos (1996).
domingo, 10 de mayo de 2009
Tiempo
Hoy es domingo y por eso
decía César Vallejo por eso
escucho a Bob Dylan me hundo en el fondo del subconsciente buceo
a ojos cerrados y todo aparece diáfano como la armónica de Bob tantos años abatidos
furia del ángel fieramente humano contra las alas rotas
yo dije España está perdida dentro de su nombre
llamé a la paz con los labios desgarrados
pero hoy es domingo y por eso
me serené como una verónica de Gitanillo de Triana
seccioné mi angustia la guillotiné en despiadados versos
pero hoy es domingo y por eso
a lo lejos ya vuelve la galerna
la espero a pecho descubierto
pecho como la guitarra de Bob Dylan
porque hoy es domingo y por eso
Blas de Otero. Hojas de Madrid con La galerna (1968- 1979).
decía César Vallejo por eso
escucho a Bob Dylan me hundo en el fondo del subconsciente buceo
a ojos cerrados y todo aparece diáfano como la armónica de Bob tantos años abatidos
furia del ángel fieramente humano contra las alas rotas
yo dije España está perdida dentro de su nombre
llamé a la paz con los labios desgarrados
pero hoy es domingo y por eso
me serené como una verónica de Gitanillo de Triana
seccioné mi angustia la guillotiné en despiadados versos
pero hoy es domingo y por eso
a lo lejos ya vuelve la galerna
la espero a pecho descubierto
pecho como la guitarra de Bob Dylan
porque hoy es domingo y por eso
Blas de Otero. Hojas de Madrid con La galerna (1968- 1979).
sábado, 9 de mayo de 2009
(La rueda de la finanza)
... der Geschlechtsteil des Gelds...
RILKE
un huevo por un pan, diez panes por un cántaro.
Luego se coronó una cosa entre todas:
el oro, con su esposa lunar, la plata triste.
Y el giro se hizo largo y potente: de lejos
llegaban caravanas hasta algún hombrecito
mágico, que en sus cuevas lo trasmutaba todo.
Pero con la alegría se azuzó más el baile:
palabras, juramentos, cartas, declaraciones
como de amor, valieron por los lejanos bienes:
sin ver, se recibían, se cambiaban los campos.
Creyó el hombre en el hombre, y reinó la confianza;
se vendió el porvenir, en fe multiplicado.
Al llegar el verano madurando los trigos
ya estaba bien gastado su valor varias veces:
a cuenta de las mieses que vendrían, ya habían
surgido casas; telas adornaban más cuerpos;
cunas mecían nuevos niños para esa harina.
Y al posarse, esa magia, esa embriagada ronda
era verdad: por leves papelitos firmados,
las cosas engendraban más cosas con el hombre:
por la palabra, el mundo se volvía infinito.
José María Valverde. La conquista de este mundo (1960).
viernes, 8 de mayo de 2009
Y pensar que pudimos...
Y pensar que extraviamos
la senda milagrosa
en que se hubiera abierto
nuestra ilusión, como perenne rosa...
Y pensar que pudimos
enlazar nuestras manos
y apurar en un beso
la comunión de fértiles veranos...
Y pensar que pudimos
en una onda secreta
de embriaguez, deslizarnos,
valsando un vals sin fin, por el planeta...
Y pensar que pudimos,
al rendir la jornada,
desde la sosegada
sombra de tu portal y en una suave
conjunción de existencias,
ver las cintilaciones del Zodíaco
sobre la sombra de nuestras conciencias...
Ramón López Velarde. La sangre devota (1916).
la senda milagrosa
en que se hubiera abierto
nuestra ilusión, como perenne rosa...
Y pensar que pudimos
enlazar nuestras manos
y apurar en un beso
la comunión de fértiles veranos...
Y pensar que pudimos
en una onda secreta
de embriaguez, deslizarnos,
valsando un vals sin fin, por el planeta...
Y pensar que pudimos,
al rendir la jornada,
desde la sosegada
sombra de tu portal y en una suave
conjunción de existencias,
ver las cintilaciones del Zodíaco
sobre la sombra de nuestras conciencias...
Ramón López Velarde. La sangre devota (1916).
jueves, 7 de mayo de 2009
La gota
La gota es un modelo de concisión:
todo el universo
encerrado en un punto de agua.
La gota representa el diluvio y la sed.
Es el vasto Amazonas y el gran Océano.
La gota estuvo allí en el principio del mundo.
Es el espejo, el abismo,
la casa de la vida y la fluidez de la muerte.
Para abreviar, la gota está poblada de seres
que se combaten, se exterminan, se acoplan.
No pueden salir de ella,
gritan en vano.
Preguntan como todos:
¿de qué se trata,
hasta cuándo,
qué mal hicimos
para estar prisioneros de nuestra gota?
Y nadie escucha.
Sombra y silencio en torno de la gota,
brizna de luz entre la noche cósmica
en donde no hay respuesta.
José Emilio Pacheco.
Hoy ha sido galardonado con el XVIII Premio de Poesía Reina Sofía.
todo el universo
encerrado en un punto de agua.
La gota representa el diluvio y la sed.
Es el vasto Amazonas y el gran Océano.
La gota estuvo allí en el principio del mundo.
Es el espejo, el abismo,
la casa de la vida y la fluidez de la muerte.
Para abreviar, la gota está poblada de seres
que se combaten, se exterminan, se acoplan.
No pueden salir de ella,
gritan en vano.
Preguntan como todos:
¿de qué se trata,
hasta cuándo,
qué mal hicimos
para estar prisioneros de nuestra gota?
Y nadie escucha.
Sombra y silencio en torno de la gota,
brizna de luz entre la noche cósmica
en donde no hay respuesta.
José Emilio Pacheco.
Hoy ha sido galardonado con el XVIII Premio de Poesía Reina Sofía.
miércoles, 6 de mayo de 2009
Oh, tú a quien a menudo y silenciosamente me aproximo
Oh, tú a quien a menudo y silenciosamente me aproximo para estar contigo,
Cuando camino a tu lado, o estoy sentado junto a ti, o permanezco contigo en la misma habitación,
Poco sabes del sutil fuego eléctrico que por ti vibra dentro de mí.
o en el original
O you whom I often and silenty come
O you whom I often and silenty come where you are that I may be with you
As I walk by your side or sit near, or remain in the same room with you,
Litte you know the subtle electric fire that for your sake is playing withing me.
Walt Whitman. Calamus. Hojas de hierba (1855-1892).
Cuando camino a tu lado, o estoy sentado junto a ti, o permanezco contigo en la misma habitación,
Poco sabes del sutil fuego eléctrico que por ti vibra dentro de mí.
o en el original
O you whom I often and silenty come
O you whom I often and silenty come where you are that I may be with you
As I walk by your side or sit near, or remain in the same room with you,
Litte you know the subtle electric fire that for your sake is playing withing me.
Walt Whitman. Calamus. Hojas de hierba (1855-1892).
lunes, 4 de mayo de 2009
Que su terror no infecte al nuestro, loba
Asómate. Ven a mi lado. Observa.
Se defienden del pánico del ser
con leyes y teorías, propiedades, legajos,
sentencias, admoniciones, amenazas.
Creen ser gregarios. Y están solos.
Por los umbríos solares de su edad
yacen llevando encima la errante presunción
que aún suplanta a su túmulo.
Necios, enfermos, soberbios, concluidos,
jamás rugieron en la jaula,
siempre evitaron resollar el placer.
Loba: nuestro terror está lleno de manos.
El suyo, de muñones.
Félix Grande. Las rubáiyátas de Horacio Martín (1978).
Se defienden del pánico del ser
con leyes y teorías, propiedades, legajos,
sentencias, admoniciones, amenazas.
Creen ser gregarios. Y están solos.
Por los umbríos solares de su edad
yacen llevando encima la errante presunción
que aún suplanta a su túmulo.
Necios, enfermos, soberbios, concluidos,
jamás rugieron en la jaula,
siempre evitaron resollar el placer.
Loba: nuestro terror está lleno de manos.
El suyo, de muñones.
Félix Grande. Las rubáiyátas de Horacio Martín (1978).
domingo, 3 de mayo de 2009
Alucinación
Amanece. Descalzo he salido a pisar los caminos,
a sentir en la carne desnuda la escarcha.
Tanta luz, tanta vida, tan verde cantar de la hierba!
Tan feliz creación elevada a la cima más alta!
Siento el tiempo pasar y perderse y tan solo por fuera de mí se detiene.
Y parece que está el universo encantado, tocado de gracia.
¡Tanta luz, tanta vida, tan frágil silencio!
¡Tantas cosas eternas que mellan al tiempo su trágica espada!
¡Tanta luz, tan abiertos caminos!
¡Tanta luz que evita los siglos y ordena en el día su magia!
Si la flor, si la piedra, si el árbol, si el pájaro;
si su olor, su dureza, su verde jadeo, su vuelo entre el cielo y la rama.
Si todos me deben su vida, si a costa de mí, de mi muerte es posible su vida,
a costa de mí, de mi muerte diaria...
¡Tanta luz, tan remoto latir de la yerba...!
(Descalzo he salido a sentir en la carne desnuda la escarcha). ¡Tanta luz, tan oscura pregunta!
¡Tan oscura y difícil palabra!
a sentir en la carne desnuda la escarcha.
Tanta luz, tanta vida, tan verde cantar de la hierba!
Tan feliz creación elevada a la cima más alta!
Siento el tiempo pasar y perderse y tan solo por fuera de mí se detiene.
Y parece que está el universo encantado, tocado de gracia.
¡Tanta luz, tanta vida, tan frágil silencio!
¡Tantas cosas eternas que mellan al tiempo su trágica espada!
¡Tanta luz, tan abiertos caminos!
¡Tanta luz que evita los siglos y ordena en el día su magia!
Si la flor, si la piedra, si el árbol, si el pájaro;
si su olor, su dureza, su verde jadeo, su vuelo entre el cielo y la rama.
Si todos me deben su vida, si a costa de mí, de mi muerte es posible su vida,
a costa de mí, de mi muerte diaria...
¡Tanta luz, tan remoto latir de la yerba...!
(Descalzo he salido a sentir en la carne desnuda la escarcha). ¡Tanta luz, tan oscura pregunta!
¡Tan oscura y difícil palabra!
¡Tan confuso y difícil buscar, pretender y comprender y aceptar,
y parar lo que nunca se para!
José Hierro. Alegría (1947).
domingo, 26 de abril de 2009
[Perdóname por ir así buscándote]
Perdóname por ir así buscándote
tan torpemente, dentro
de ti.
Perdóname el dolor alguna vez.
Es que quiero sacar de ti tu mejor tú.
Ese que no te viste y que yo veo,
nadador por tu fondo, preciosísimo.
Y cogerlo
y tenerlo yo en lo alto como tiene
el árbol la luz última
que le ha encontrado al sol.
Y entonces tú
en su busca vendrías, a lo alto.
Para llegar a él
subida sobre ti, como te quiero,
tocando ya tan sólo a tu pasado
con las puntas rosadas de tus pies,
en tensión todo el cuerpo, ya ascendiendo
de ti a ti misma.
Y que a mi amor entonces le conteste
la nueva criatura que tú eres.
Pedro Salinas. La voz a ti debida (1933).
tan torpemente, dentro
de ti.
Perdóname el dolor alguna vez.
Es que quiero sacar de ti tu mejor tú.
Ese que no te viste y que yo veo,
nadador por tu fondo, preciosísimo.
Y cogerlo
y tenerlo yo en lo alto como tiene
el árbol la luz última
que le ha encontrado al sol.
Y entonces tú
en su busca vendrías, a lo alto.
Para llegar a él
subida sobre ti, como te quiero,
tocando ya tan sólo a tu pasado
con las puntas rosadas de tus pies,
en tensión todo el cuerpo, ya ascendiendo
de ti a ti misma.
Y que a mi amor entonces le conteste
la nueva criatura que tú eres.
Pedro Salinas. La voz a ti debida (1933).
sábado, 25 de abril de 2009
Nevermore
Ala de sombra, un cuervo -que crascita
Nunca- repite su áspero graznido
a través de mi día mal vivido
y de mi noche a solas, infinita.
En su agorera convicción imita
mi doble desaliento persuadido
de que nunca la tierra que he tenido
podrá tenerme en pie, que está proscrita.
Nunca... Pico de grajo, el pensamiento
-corvo, corvino- escarba... Lo que siento
sólo puede decirse en ese nunca
-cuervo de negra luz, empobrecida
pitanza, interminable despedida-
que tiene el nombre de mi nombre: Nunca.
Juan José Domenchina.
Nunca- repite su áspero graznido
a través de mi día mal vivido
y de mi noche a solas, infinita.
En su agorera convicción imita
mi doble desaliento persuadido
de que nunca la tierra que he tenido
podrá tenerme en pie, que está proscrita.
Nunca... Pico de grajo, el pensamiento
-corvo, corvino- escarba... Lo que siento
sólo puede decirse en ese nunca
-cuervo de negra luz, empobrecida
pitanza, interminable despedida-
que tiene el nombre de mi nombre: Nunca.
Juan José Domenchina.
jueves, 23 de abril de 2009
Vieja ciudad
Tal vez aquí llegué
a través de mi noche, vadeando
ríos de afanes muertos.
O tal vez soy mi sombra y aun cantan
en la noche del tren
las irrompibles cuerdas, relámpagos atados,
de mis violines ebrios.
La sombra de esa vieja ciudad no me saluda.
Mas no he de preguntarle...
Sobre desnuda sombra he de morir naciendo
y he de ser aventura
y riesgo e no ser quien soy,
fuera de mí cambiando de figura
para ser, bajo estrellas coléricas, la rígida
sentencia de estas fuentes
heladas, y en silencio
de plaza en que se cruzan evasivas,
verme de pronto inesperado y sin sentido
para la plaza y para el plan
de un supuesto destino,
y ver mis altas nieves,
entre redondos cantos de un callejón siniestro,
puestas en breve y sorda y acabada cifra,
sin otros horizontes
que los del muro ciego.
Es duro sí, tal vez mortal, buscar de nuevo
melódica razón
o capricho frenético
desde cada ciudad al universo.
Rafael Dieste. Rojo farol amante (1936).
a través de mi noche, vadeando
ríos de afanes muertos.
O tal vez soy mi sombra y aun cantan
en la noche del tren
las irrompibles cuerdas, relámpagos atados,
de mis violines ebrios.
La sombra de esa vieja ciudad no me saluda.
Mas no he de preguntarle...
Sobre desnuda sombra he de morir naciendo
y he de ser aventura
y riesgo e no ser quien soy,
fuera de mí cambiando de figura
para ser, bajo estrellas coléricas, la rígida
sentencia de estas fuentes
heladas, y en silencio
de plaza en que se cruzan evasivas,
verme de pronto inesperado y sin sentido
para la plaza y para el plan
de un supuesto destino,
y ver mis altas nieves,
entre redondos cantos de un callejón siniestro,
puestas en breve y sorda y acabada cifra,
sin otros horizontes
que los del muro ciego.
Es duro sí, tal vez mortal, buscar de nuevo
melódica razón
o capricho frenético
desde cada ciudad al universo.
Rafael Dieste. Rojo farol amante (1936).
miércoles, 22 de abril de 2009
Ahí mismo
Te he conocido por la luz de ahora,
tan silenciosa y limpia,
al entrar en tu cuerpo, en su secreto,
en la caverna que es altar y arcilla,
y erosión.
Me modela la niebla redentora, el humo ciego
ahí, donde nada oscurece.
Qué transparencia ahí dentro,
luz de abril,
en este cáliz que es cal y granito,
mármol, sílice y agua. Ahí, en el sexo,
donde la arena niña, tan desnuda,
donde las grietas, donde los estratos,
el relieve calcáreo,
los labios crudos, tan arrasadores
como el cierzo, que antes era brisa,
ahí, en el pulso seco, en la celda del sueño,
en la hoja trémula
iluminada y traspasada a fondo
por la pureza de la amanecida.
Donde se besa a oscuras,
a ciegas, como besan los niños,
bajo la honda ternura de esta bóveda,
de esta caverna del resplandor
donde te doy mi vida.
Ahí mismo: en la oscura
inocencia.
Claudio Rodríguez. El vuelo de la celebración (1976).
tan silenciosa y limpia,
al entrar en tu cuerpo, en su secreto,
en la caverna que es altar y arcilla,
y erosión.
Me modela la niebla redentora, el humo ciego
ahí, donde nada oscurece.
Qué transparencia ahí dentro,
luz de abril,
en este cáliz que es cal y granito,
mármol, sílice y agua. Ahí, en el sexo,
donde la arena niña, tan desnuda,
donde las grietas, donde los estratos,
el relieve calcáreo,
los labios crudos, tan arrasadores
como el cierzo, que antes era brisa,
ahí, en el pulso seco, en la celda del sueño,
en la hoja trémula
iluminada y traspasada a fondo
por la pureza de la amanecida.
Donde se besa a oscuras,
a ciegas, como besan los niños,
bajo la honda ternura de esta bóveda,
de esta caverna del resplandor
donde te doy mi vida.
Ahí mismo: en la oscura
inocencia.
Claudio Rodríguez. El vuelo de la celebración (1976).
martes, 21 de abril de 2009
[Esta tarde de luz te he buscado]
Esta tarde de luz te he buscado
por las sendas del parque. Ya los árboles
tenían impaciencia de su verde,
y el aire de este año, que no conoce aún el dolor de las flores,
presentía el milagro de la rosa y el nardo.
Por caminos de luz te busqué sin hallarte,
confundiendo tus pasos con mujeres o sombras,
sin saber si eras tú caminando entre árboles,
o tu recuerdo andando las sendas de mi alma.
¡Sé tampoco de ti! Apenas si tu rostro,
el sonar de tu voz, el dulzor de tu nombre.
Sé que huele tu carne a tierra removida
y que como una lluvia de luz es tu mirada.
Mas nada sé del mundo que empieza en tus pupilas,
ni el ritmo de tus venas, ni el color de tus sueños,
ni el temblor de tus labios en el beso y el llanto,
toda tú en el amor, desconocida y mía.
Solamente mis ojos pueden llegar a ti.
¡Oh que dulce tortura quererte e ignorarte!
Mi silencio se llena de tu voz, y tu ausencia
hace mi soledad más, entrañable y honda.
Y te llamo y te busco en la luz de la tarde
por las sendas del parque y dentro de mí mismo,
en el temblor y el grito del sollozo y del verso,
en esta dulce angustia de ser ya Primavera.
Ildefonso-Manuel Gil. El corazón en los labios (1947).
por las sendas del parque. Ya los árboles
tenían impaciencia de su verde,
y el aire de este año, que no conoce aún el dolor de las flores,
presentía el milagro de la rosa y el nardo.
Por caminos de luz te busqué sin hallarte,
confundiendo tus pasos con mujeres o sombras,
sin saber si eras tú caminando entre árboles,
o tu recuerdo andando las sendas de mi alma.
¡Sé tampoco de ti! Apenas si tu rostro,
el sonar de tu voz, el dulzor de tu nombre.
Sé que huele tu carne a tierra removida
y que como una lluvia de luz es tu mirada.
Mas nada sé del mundo que empieza en tus pupilas,
ni el ritmo de tus venas, ni el color de tus sueños,
ni el temblor de tus labios en el beso y el llanto,
toda tú en el amor, desconocida y mía.
Solamente mis ojos pueden llegar a ti.
¡Oh que dulce tortura quererte e ignorarte!
Mi silencio se llena de tu voz, y tu ausencia
hace mi soledad más, entrañable y honda.
Y te llamo y te busco en la luz de la tarde
por las sendas del parque y dentro de mí mismo,
en el temblor y el grito del sollozo y del verso,
en esta dulce angustia de ser ya Primavera.
Ildefonso-Manuel Gil. El corazón en los labios (1947).
lunes, 20 de abril de 2009
Ven...
Cuando el sol se ponga en occidente
Vaguemos juntos por la selva umbría;
Posada en mi hombro tu adorada frente,
Soñemos nuestro amor, amada mía.
Ven. Cuando vierta su misterio el mundo
El mando de la noche tenebroso
Pensando sólo en nuestro amor profundo,
Busquemos el silencio y el reposo.
Ven. Y conmigo sube a mi barquilla;
Boguemos a buscar la soledad,
Mira qué lindo el mar, la luna brilla,
Y el cielo no presagia tempestad.
Ven, niña de mi amor, mi dulce ensueño,
Ven conmigo, no tiembles, al altar:
Allí realizaremos nuestro sueño,
Y nadie nos podrá separar.
Vicente Huidobro. Ecos del alma (1911).
Vaguemos juntos por la selva umbría;
Posada en mi hombro tu adorada frente,
Soñemos nuestro amor, amada mía.
Ven. Cuando vierta su misterio el mundo
El mando de la noche tenebroso
Pensando sólo en nuestro amor profundo,
Busquemos el silencio y el reposo.
Ven. Y conmigo sube a mi barquilla;
Boguemos a buscar la soledad,
Mira qué lindo el mar, la luna brilla,
Y el cielo no presagia tempestad.
Ven, niña de mi amor, mi dulce ensueño,
Ven conmigo, no tiembles, al altar:
Allí realizaremos nuestro sueño,
Y nadie nos podrá separar.
Vicente Huidobro. Ecos del alma (1911).
domingo, 19 de abril de 2009
Mirándose en el humo
Así que el hombre ha hundido su barbilla en la mano,
y ha cerrado los ojos para ver
el humo de su vida,
tan sólo ha visto sucesión de gestos, cansados pasos,
sombras
y sombras:
allá, en un punto de su vida, algún terror,
y, más terrible aún, las alegrías ahora vanas.
Y a unas sombras que pugnan por formar de nuevo
el bulto
(son las que fueron para él más vivas
que aquella misma vida suya),
en la memoria las derriba el tiempo.
Abre los ojos, en torno a su cuarto,
y es noche oscura.
De nuevo deja la barbilla humosa
caer en el estrago de la mano.
De toda aquella vana polvareda
sólo un dolor pervive,
que rompe las cadenas, en su pecho, de una bestia de
fuego.
La vida muerde aún,
mientras la sombra de la tarde viene
para apagarle su dolor,
su vida toda.
Y un aire llega que deshace el humo.
Francisco Brines. Palabras a la oscuridad (1966).
y ha cerrado los ojos para ver
el humo de su vida,
tan sólo ha visto sucesión de gestos, cansados pasos,
sombras
y sombras:
allá, en un punto de su vida, algún terror,
y, más terrible aún, las alegrías ahora vanas.
Y a unas sombras que pugnan por formar de nuevo
el bulto
(son las que fueron para él más vivas
que aquella misma vida suya),
en la memoria las derriba el tiempo.
Abre los ojos, en torno a su cuarto,
y es noche oscura.
De nuevo deja la barbilla humosa
caer en el estrago de la mano.
De toda aquella vana polvareda
sólo un dolor pervive,
que rompe las cadenas, en su pecho, de una bestia de
fuego.
La vida muerde aún,
mientras la sombra de la tarde viene
para apagarle su dolor,
su vida toda.
Y un aire llega que deshace el humo.
Francisco Brines. Palabras a la oscuridad (1966).
sábado, 18 de abril de 2009
Tema II
A fuerza de quererte
me he convertido, Amor, en alma en pena.
¿Por qué, Fuensanta mía,
si mi pasión de ayer está ya muerta
y en tu rostro se anuncian los estragos
de la vejez temida que se acerca,
tu boca es una invitación al beso
como lo fue en lejanas primaveras?
Es que mi desencanto nada puede
contra mi condición de ánima en pena
si a pesar de tus párpados exangües
y las blancuras de tu faz anémica,
aún se tiñen tus labios
con el color sangriento de las fresas.
A fuerza de quererte
me he convertido, Amor, en alma en pena,
y en el candor angélico de tu alma
seré una sombra eterna...
Ramón López Velarde.
me he convertido, Amor, en alma en pena.
¿Por qué, Fuensanta mía,
si mi pasión de ayer está ya muerta
y en tu rostro se anuncian los estragos
de la vejez temida que se acerca,
tu boca es una invitación al beso
como lo fue en lejanas primaveras?
Es que mi desencanto nada puede
contra mi condición de ánima en pena
si a pesar de tus párpados exangües
y las blancuras de tu faz anémica,
aún se tiñen tus labios
con el color sangriento de las fresas.
A fuerza de quererte
me he convertido, Amor, en alma en pena,
y en el candor angélico de tu alma
seré una sombra eterna...
Ramón López Velarde.
viernes, 17 de abril de 2009
jueves, 16 de abril de 2009
Cuadrados y ángulos
Casas enfiladas, casas enfiladas,
Casas enfiladas.
Cuadrados, cuadrados, cuadrados.
Casas enfiladas.
Las gentes ya tienen el alma cuadrada,
Ideas en fila
Y ángulo en la espalda.
Yo misma he vertido ayer una lágrima,
Dios mío, cuadrada.
Alfonsina Storni. El dulce daño (1918).
Casas enfiladas.
Cuadrados, cuadrados, cuadrados.
Casas enfiladas.
Las gentes ya tienen el alma cuadrada,
Ideas en fila
Y ángulo en la espalda.
Yo misma he vertido ayer una lágrima,
Dios mío, cuadrada.
Alfonsina Storni. El dulce daño (1918).
miércoles, 15 de abril de 2009
[En medio]
En medio
de la estación del sufrimiento
poseído por una sonrisa
das respuesta
a aquellos
que en la sombra preguntan
con la boca llena de palabras desfiguradas de Dios
martilleadas
desde el tiempo pasado de los dolores.
El amor ya no tiene puesta ninguna mortaja
rehilado el espacio
en el hilo de tu anhelo.
Los astros rebotan
desde tus ojos
a esta
materia solar suavemente carbonizada
pero sobre tu cabeza
la estrella de mar de la certidumbre
con las flechas de la resurección
reluce color rubí.
o en el original
Inmitten
der Leidensstation
besessen von einem Lächeln
gibst du Antwort
denen
die im Schatten fragen
mit dem Mund voll gottverzogener Worte
aufgehämmert
aus der Vorzeit der Schnsucht.
Die Liebe hat kein Sterbehemd mehr an
versponnen der Raum
im Faden deiner Sehnsucht.
Gestirne prallen rückwärts ab
von deinen Augen
diesem
leise verkohlenden Sonnestoff
aber über deinem Haupte
der Meeresstern der Gewibheit
mit den Pfeilen der Auferstehung
leuchtet rubinrot.
Nelly Sachs. Fuga y transfiguración / Flucht und Verwandlung (1959).
de la estación del sufrimiento
poseído por una sonrisa
das respuesta
a aquellos
que en la sombra preguntan
con la boca llena de palabras desfiguradas de Dios
martilleadas
desde el tiempo pasado de los dolores.
El amor ya no tiene puesta ninguna mortaja
rehilado el espacio
en el hilo de tu anhelo.
Los astros rebotan
desde tus ojos
a esta
materia solar suavemente carbonizada
pero sobre tu cabeza
la estrella de mar de la certidumbre
con las flechas de la resurección
reluce color rubí.
o en el original
Inmitten
der Leidensstation
besessen von einem Lächeln
gibst du Antwort
denen
die im Schatten fragen
mit dem Mund voll gottverzogener Worte
aufgehämmert
aus der Vorzeit der Schnsucht.
Die Liebe hat kein Sterbehemd mehr an
versponnen der Raum
im Faden deiner Sehnsucht.
Gestirne prallen rückwärts ab
von deinen Augen
diesem
leise verkohlenden Sonnestoff
aber über deinem Haupte
der Meeresstern der Gewibheit
mit den Pfeilen der Auferstehung
leuchtet rubinrot.
Nelly Sachs. Fuga y transfiguración / Flucht und Verwandlung (1959).
martes, 14 de abril de 2009
Fin de semana en el campo
A los treinta y cinco años de mi vida,
tan largos, tan cargados, y a fin de cuentas vanos,
considero el empuje que llevo ya gastado,
la nada de mi vida, el asco de mí mismo
que me lleva a volcarme suciamente hacia fuera,
negociar, cotizar mi trabajo y mi rabia,
ser cosa entre las cosas que choca dura y hiere.
Considero mis años,
considero este mar que aquí brilla tranquilo,
los árboles que aquí dulcemente se mecen,
el aire que aquí tiembla, las flores que aquí huelen,
este "aquí" que es real, y a la vez, remoto,
este "aquí" y "ahora mismo" que me dice inflexible
que yo soy un error y el mundo es siempre hermoso,
hermoso, sólo hermoso, tranquilo y bueno, hermoso.
Gabriel Celaya. Tranquilamente hablando (1947).
tan largos, tan cargados, y a fin de cuentas vanos,
considero el empuje que llevo ya gastado,
la nada de mi vida, el asco de mí mismo
que me lleva a volcarme suciamente hacia fuera,
negociar, cotizar mi trabajo y mi rabia,
ser cosa entre las cosas que choca dura y hiere.
Considero mis años,
considero este mar que aquí brilla tranquilo,
los árboles que aquí dulcemente se mecen,
el aire que aquí tiembla, las flores que aquí huelen,
este "aquí" que es real, y a la vez, remoto,
este "aquí" y "ahora mismo" que me dice inflexible
que yo soy un error y el mundo es siempre hermoso,
hermoso, sólo hermoso, tranquilo y bueno, hermoso.
Gabriel Celaya. Tranquilamente hablando (1947).
domingo, 5 de abril de 2009
El árbol
Entro en un árbol por su sombre abierta,
alegre y sin llamar, tranquilamente;
voy hacia el centro, subo o bajo, no lo sé,
y allí están todas las raíces, todos
los frutos esperándome, visibles y perfectos,
y el crecimiento de las ramas
es sólo una cuestión de pálpito y de luz,
que yo ahora puedo ver y oír... Hay nidos
abandonados, sucios, malolientes,
y extrañas criaturas de la noche. La luna
también está en el árbol y no es blanca.
Y hasta el viento circula muy oscuro,
se le puede tocar y no hace daño. Subo
o bajo, no lo sé: sé que camino.
Que pertenezco al árbol, lentamente. Me pierdo
en él, muy dentro, y soy el árbol, fértil
y fuerte, el que quería para mí. Y ahora crezco
sin descansar, en la quietud ardiente
del mediodía, cuando los pájaros me buscan,
entran en mí, reposan en su árbol.
Vicente Valero. Vigilia en Cabo Sur (1999).
alegre y sin llamar, tranquilamente;
voy hacia el centro, subo o bajo, no lo sé,
y allí están todas las raíces, todos
los frutos esperándome, visibles y perfectos,
y el crecimiento de las ramas
es sólo una cuestión de pálpito y de luz,
que yo ahora puedo ver y oír... Hay nidos
abandonados, sucios, malolientes,
y extrañas criaturas de la noche. La luna
también está en el árbol y no es blanca.
Y hasta el viento circula muy oscuro,
se le puede tocar y no hace daño. Subo
o bajo, no lo sé: sé que camino.
Que pertenezco al árbol, lentamente. Me pierdo
en él, muy dentro, y soy el árbol, fértil
y fuerte, el que quería para mí. Y ahora crezco
sin descansar, en la quietud ardiente
del mediodía, cuando los pájaros me buscan,
entran en mí, reposan en su árbol.
Vicente Valero. Vigilia en Cabo Sur (1999).
sábado, 4 de abril de 2009
Elegía de mi niñez
Aquí está mi infantil fotografía
clavándome mis ojos, más profundos que nunca,
con una vaga cosa
posada entre las manos, distraídas y leves.
Es el banco de piedra
-los pies lejos del suelo todavía-
del parque de mis sueños infantiles
donde el sol era amigo
y la arena tomaba
tacto de conocida madre vieja.
... Guardo la imagen turbia
de un niño que, de pronto, se distrae
en medio de los juegos
y al ocaso se queda pensativo
escuchando el rumor lejano de las calles...
El mundo iba naciendo poco a poco
para mí solamente.
La tierra era una alegre manzana de merienda,
un balón de colores no esperado.
Los pájaros cantaban porque yo estaba oyéndoles,
los árboles nacían cuando abría los ojos.
Y los miedos, después...
Todo podía ser en el oscuro cuarto.
Al fondo del pasillo
latía todo el negro de este mundo,
todas las vagas fuerzas enemigas,
todas las negociaciones...
¡Ay alma de mi infancia!
Sólo vivo del todo cuando vuelvo a ser niño.
¿Qué otra revelación mayor que aquélla
del mundo y de la vida entre las manos?
(... cuando todas las cosas eran como palabras...)
¿Qué ensueño como aquél
de presentir desde el umbral del alma
los días esperándome?
¡Oh, Señor, aquel niño que yo era
quiere pedirte, muerto,
que le dejes vivir en mi presente un poco!
Que siga en mí, Dios mío -como tú nos decías-,
y viviré del todo,
y sentiré la vida plenamente,
y tú serás mi asombro virgen cada mañana...
José María Valverde. Hombre de Dios (1945).
clavándome mis ojos, más profundos que nunca,
con una vaga cosa
posada entre las manos, distraídas y leves.
Es el banco de piedra
-los pies lejos del suelo todavía-
del parque de mis sueños infantiles
donde el sol era amigo
y la arena tomaba
tacto de conocida madre vieja.
... Guardo la imagen turbia
de un niño que, de pronto, se distrae
en medio de los juegos
y al ocaso se queda pensativo
escuchando el rumor lejano de las calles...
El mundo iba naciendo poco a poco
para mí solamente.
La tierra era una alegre manzana de merienda,
un balón de colores no esperado.
Los pájaros cantaban porque yo estaba oyéndoles,
los árboles nacían cuando abría los ojos.
Y los miedos, después...
Todo podía ser en el oscuro cuarto.
Al fondo del pasillo
latía todo el negro de este mundo,
todas las vagas fuerzas enemigas,
todas las negociaciones...
¡Ay alma de mi infancia!
Sólo vivo del todo cuando vuelvo a ser niño.
¿Qué otra revelación mayor que aquélla
del mundo y de la vida entre las manos?
(... cuando todas las cosas eran como palabras...)
¿Qué ensueño como aquél
de presentir desde el umbral del alma
los días esperándome?
¡Oh, Señor, aquel niño que yo era
quiere pedirte, muerto,
que le dejes vivir en mi presente un poco!
Que siga en mí, Dios mío -como tú nos decías-,
y viviré del todo,
y sentiré la vida plenamente,
y tú serás mi asombro virgen cada mañana...
José María Valverde. Hombre de Dios (1945).
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